“Todos me decían que era "demasiado", pero el multimillonario Conrado de la Torre parecía amar mi energía caótica. Yo creía que su serena calma era un refugio seguro. Estaba equivocada. Su silencio no era amor; era una jaula que construyó para ocultar su obsesión por su hermana adoptiva, Jimena. Cuando Jimena atropelló a alguien y se dio a la fuga, Conrado no llamó a la policía. Me agarró, con una mirada fría y aterradora, y me exigió que me echara la culpa. -Eres mi esposa -gruñó-. Me lo debes. Cuando me negué a ser su chivo expiatorio, me encerró en una habitación sin ventanas, usando mi severa claustrofobia como arma para quebrar mi mente. Fue entonces cuando descubrí la verdad más retorcida de todas. Jimena no era solo su amante. Era una farsante que había robado el legado artístico de mi hermana muerta, y era la verdadera razón por la que mi hermana fue asesinada. Conrado pensó que podría torturarme hasta el silencio. En lugar de eso, escapé. En la noche de la lujosa fiesta de compromiso de Jimena, hackeé la transmisión global en vivo. Miré a la cámara, sonriendo al esposo que observaba horrorizado. -Te estoy dando exactamente lo que querías, Conrado. Eres libre.”