La apuesta del CEO
onentes de la ciudad. Desde allí, la vida parecía tan fácil como los negocios que él manejaba: rápidos, eficaces, sin complicaciones. Su empresa, Alarcón Enterprises, era un imperio de i
como quien juega al ajedrez, moviendo las piezas con maestría, sin nunca perder. No era un hombre de relaciones serias
, haciendo girar su bolígrafo entre los dedos mientras reflexionaba sobre la
ia que acaban de contratar", le había dicho Javier con una sonr
r'?", había preguntado Sebastián,
Pero esta vez será diferente. Quiero ver si realmen
apuesta?", había replicado
en el mejor restaurante de la ciudad y te dejo elegir cualquier cos
enos uno como este. No solo por el desafío en sí, sino por la idea de deslumbrar a una
ellar la apuesta. Y así fue como, sin saberlo, había entrado en
na postura decidida, su caminar era firme, casi desafiante. No era la típica mujer que un hombre como Sebastián pudiera conquistar a la primera. Su rostro era hermoso, pero no de una belleza convencional. Tenía una mezc
reto interesante. No sería fácil, y eso solo
pudo evitar fijarse en su forma de vestir: discreta, elegante, pero sin esfuerzo. No era una muj
con voz clara, pero sin el tono sumiso
él, usando su nombre por primer
con los procedimientos", contestó ella, sin tomarse el tiempo de sonreír o hacer
erés y frustración. Ninguna mujer, desde que había comenzado a jugar sus juegos de se
n decírmelo", dijo Sebastián, con un tono más suave que el habitual, pero sin mostrar de
arle una segunda mirada. Sebastián no pudo evitar quedarse con la sensación de que había alg
mirada que, a veces, parecía esconder algo más profundo. No era fácil hacerla sonreír, ni mucho menos conseguir que cediera ante sus bromas o halagos. Lo que la hacía
cían no tener efecto sobre ella. Sin embargo, Sebastián estaba decidido a ganar. La maner
de la oficina para ir a casa, S
ento", dijo con una
ojos, normalmente tan firmes, mostraban un atisbo de sorpresa,
Alarcón?", preguntó, aunque su tono d
eguro de que te tomas todo muy en serio, pero la vida es más que solo tra
mpresionada por su invitación, ni tampoco parecía dispuesta
o es necesario", res
tipo de mujeres solo se dejaban conquistar a través de la paciencia
una cortesía, Emma
dudar, aunque solo fuera un instante. Pero rápidamente lo desechó. No importaba lo que él quisiera. Ella no estaba dispue
menzando. Y ella aún no sabía que, en este juego de