La apuesta del CEO
endo profesional: una blusa blanca impecable, un pantalón de vestir negro y tacones discretos, sin adornos innecesarios. Tenía un compromiso con su carrera, y eso era lo ún
No le importaba su fama ni su reputación. Sabía que, como cualquier multimillonario, él solo veía el mundo como un conjunto de oportunidades y recursos a su d
nterior, cuando Sebastián había hecho aquella invitación a un café. Aquel gesto, aunque parecía amigable, solo le recordó lo
como un cazador que mide a su presa. Emma decidió ignorarlo y se centró en sus tareas, sabiendo que, al final, lo más importan
nversaciones eran breves, solo un par de palabras intercambiadas por los pasillos. Otras veces, se encontraba con él durante las reuniones, don
oz era suave, pero con ese tono característico de quien está acostumbrado a ser el centro de atención. "Puedo
sus expectativas. Pero, al igual que cualquier otro hombre que había conocido antes, Sebastián no la intimidaba. En realidad
oy bien", respondió, con voz fir
Sin embargo, no era de los que se rendían fácilmente. Sonrió de manera casi impercept
se encontró con Sebastián. Al principio, pensó que simplemente sería otro encuentro casual, una coinci
que no dejaba lugar a dudas. "Te invito a un lugar cercano. Solo para hac
común le decía que no debía ceder ante sus avances. Pero había algo en la suavidad de su tono, en su actitud relajada, que la hacía
usa más convincente. Emma apretó el botón del piso con firmeza, y en silencio, observó cómo Sebas
insistir. Pero Emma sabía que esto no quedaría ahí. Sebastián Alarcón era un hom
es no eran tan evidentes como él estaba acostumbrado, la resistencia de ella lo retaba de una manera diferente. No estaba acostumbrado a que alguien lo ignorar
curría con los hombres como él. Sin embargo, a medida que pasaban los días, no podía evitar notar las miradas que él le dirigía. Esas miradas que, aunque parecieran inocentes y
rse más. Sus manos se rozaron por un instante cuando ella le entregó un documento, y la electricidad entre ellos fue inmediata.
sonrisa un tanto más cercana de lo habitual. "Me agrada que
podía dejar que sus halagos la afectaran
do", respondió, manteniendo la voz neutral, pero firme. "
erminación. El reto se había vuelto personal. No era solo una apuesta, era algo que no podía dejar pasa
mitirlo. Y, sin saberlo, la guerra entre el orgullo y la seducción apenas comenzaba. Pero ya estaba claro: las reglas del jueg