La rosa y el asesino
ido desenfrenado de su corazón ahogaba cualquier otro sonido a su alrededor. Todo había ocurrido de
Y ella... ella habría sido una
francés, y al siguiente, alguien la había derribado al suelo, cubriéndola con su propio
rdenó una voz gr
s y fríos que exploraban la sala con precisión calculada. Él no temía. No es
Gritos y sollozos llenaban la sala, pero antes de que Valeria
que irn
¿Quié
ay ti
ravés del salón devastado. Atravesaron los pasillos del hotel como so
. -murmuró ella, forcejeando para libe
ejor. No era solo un hombre cualquiera. Era alguien acostumbrado a la gue
un sa
ás muerta en minutos
e recorriera la espalda. Quiso negarse,
pujó hacia una puerta lateral que daba a un callej
ub
habría d
e siguen buscándote, y yo soy la
el miedo a lo desconocido era aún más aterrador. Sin otra opción, se subió a la
ba. Pero algo le decía que, al tomar esta dec