La Heredera Oculta
. Cada día que pasaba se acercaba más a un desenlace inevitable, uno que Valeria no podía controlar, pero del que, al menos, intentaba estar preparada.
as semanas, Valeria había intentado mantener una apariencia de normalidad, lo que más podía dentro de las circunstancias. Intentaba que Emiliano continuara con su rutina diaria, pero su pr
entos de su hijo, Sofía había hecho todo lo posible por obtener información sobre Leonardo y las maneras en que podía protegerse aún más. Durante todo este tiempo, h
do encontrar una forma de avanzar. No tenía miedo de lo que Leonardo podía hacerle a ella. Sabía que había perdido muchas batallas en su vida, per
ientos. Valeria lo tomó rápidamente, sin duda
? -preguntó
estaba cargada
un asunto de encontrar tu paradero, está buscando algo más. Él está tratando de hacer que te entregues por voluntad propia. Está presionando a aquellos q
algo tan grande? ¿Cómo enfrentarse a un hombre que no solo estaba decidido a recuperar lo que cons
eguntó con la voz rota, in
una respuesta p
eria. Y no solo a alguien cercano. Está dispuesto a ir más allá, a comprar a quien sea necesario, sin im
do, pero el mundo seguía girando a su alrededor, y Leonardo lo estaba controlando. Valeria no era tonta. Sabía que a
preguntó, apenas recon
r, como si quisiera darle
e puedas controlar completamente, pero puedes actuar con anticipación. Ya no puedes s
ella se encendió. ¿Actuar antes de que se cierre el cerco? Eso significaba que tenía que enfrentarse a Leonardo de la mane
de su boca sin dudar-. No voy a quedarme aquí espe
ga, no podía negar que Valeria estaba en lo cierto. Leonardo había dejado claro q
es lo mejor? -preguntó So
la oscuridad afuera, las luces de la
ue Emiliano crezca bajo la sombra de este hombre. No quiero que crea que el poder p
aleria había tomado la decisi
estés más alerta que nunca. Tenemos que estar un paso adelant
s fuerte que eso la estaba impulsando. Sabía que, al tomar es
tarse rápidamente. Dejó el teléfono sobre la mesa y corrió hacia su hijo, q
-Su pequeña voz la
n fuerza, sus manos
mi amor. Estoy aquí. Siempre
stino les tenía preparado. Valeria lo abrazó con más fuerza, sabiendo que, aunque t
ró los ojos, sintiendo el peso de su decisión. Había llegado el