Calor entre mis piernas
li
posas en el estómago al
ibiend
ribiendo o esos puntitos que le siguen que e
Y
tos, ni llegada de mensajes. Como idiota deslizo la pantall
s nuevament
ibiend
siquiera termi
quedan mejor qu
sudan en el proceso, el teléfono tiembla entre mis dedos y una ola de calor m
estás v
usto
cerlo, y aunque me preocupa que me vea entrar a un edificio como este que ningú
?, ¿desde cuándo me sigue?, o ¿es solo casualidad? La lista va creciend
upa que te a
da? – Miro nueva
que ju
irtiendo a mi costa, pero aun así continuo bu
davía
actamente qué qui
nto nos
ahora
No
así se muestra q
do congelada, petrificada, sin siquiera pensar en moverme, aun cuando
bien, señora? – es
ue me observa con preocupación, la puerta abierta
ndo parte de mi vocabulario –. Todo bien, gracias – con
a a mi apartamento. El reflejo del pulido metal muestra a una mujer con ojos muy abiertos y desconcertados
a tras mi espalda luciendo preocupado aguarda como si espera
a? – Me mira fijamente viéndome apretar
orque su seño se frunce mientras las puertas se cierran
o esto termine necesi
lugar de apartarme, disfruto del contacto que cal
ces están apagadas, y la sala solo es iluminada por el reflejo que marcan los c
cubren una parte, mientras el vapor lleva la habitación las des
endo lo que ya sentía, la tela húmeda, impregnada en ese f
e recorra, que me calme, (◦Todavía a nada) Como flashazos me inun
te, (◦ Pronto nos veremos) Mis manos buscan la escusa de limpiar para colarse entre mis piernas,
mis nudillos. Mi mano libre se clava en la pared, mi palma se cierra mientras mi codo apoy
mojados, el gemido se me escapa sintiendo que puedo llegar, esta vez puedo conseguirl
las punzadas crecen y la sensación me abruma, sí, todo eso mientras me
liente cayendo oculta el resto de mis res
me devuelve a la realidad con una b
o del sonido del pómulo cuand
asiada ansiedad. Sebastian me conoce, ha sido mi pareja por demasiados años
a humedad que aún queda, bajo ningú
ueña rendija que queda entre el suelo y la madera. Los segundos corren mientras no veo la silueta d
a que acaba de tocarse pensando en otro hombre mientras su
religiosa – me re
ciones que persisten desaparezcan. Solo entonces me coloco la r
ama, su mano derecha sostiene su cabeza mientras
í es mi esposo, la persona a la que le juré lealtad, amar y respetar, y yo hasta ha
picor en los ojos. Mi esposo, sí, porque eso es, eleva la mirada, luce agotad
ión a sentarme a su lado queda marcada por la mano que no se aparta del lugar. Luce tranquilo, y aun así mi corazón late demasiado acelerado
de comer ...? – Niega
das, los labios gruesos, un hombre realmente atractivo, y aun así, hace much
años juntos, tantos recuerdos, el primer beso, nu
n clavándose, porque por un minuto, tan solo por un momento llegué a creer que lo que fuera que di
nas de una aburrida reunión social en donde todos presumen
vuelve más imponente –. Te necesito ahí, es tu lugar como mi esposa, ya suficiente me estás haciendo pasar con esta tontería –. Ambos
ado la camisa sacándose los pantalones quedando únicamente en ropa interi
ia, siquiera una propuesta, pero aun así
uza al notar lo que significa, y aun así lo hago. Apago la luz saliendo de la habitación, dejándolo solo sin ganas de dormir esta noche a su l
oso, no con el que creí que me había casado. Esta vez si no consigo detenerlo, las lágrimas se me resbalan mientras me aprieto el pecho
ida solo para llevarme con ella al fondo. Cierro los ojos mientras las lágrimas se niegan a det