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Calor entre mis piernas

Capítulo 6 6

Palabras:1437    |    Actualizado en: 03/12/2024

quif

eter errores

cocina en una segunda planta? No lo sé, p

cansada. En mi mente me recuerdo sonreír una y mil veces cuando solo deseo

lugares. Tenemos 97 comensales y apenas somos dos mozas que nos

puedo decir que como buena niña rica solo quier

de encestarle el plato en la cabeza me brota y me cuesta contenerme mientras procuro seguir el ritmo de la gente, que aun viéndome con las manos ll

ras veo a músicos y trabajadores pasarnos por delante a la mar de relajad

do –. Observo su mano aún sobre la mía mientras mis oídos escuchan sus palabras y procuro co

espira – ya

respondo marchándome hacia la barra solo cuando ella d

rra me observa con atención a medida que una media sonrisa le de

a risa le brota de los labios y me

me alienta, pero justo aho

ras los músicos continúan metidos en el medio ya con los equipos montados en el escenario. Por lo q

so viendo la bandeja cargada –. Primer día – murmura al pasar por mi lado y asient

olo les preocupa que colapse en cualquier momento. Algo muy probable, no me he visto en un espejo, pero varios flecos ya se me ha

ara pasar entre las mesas, intento no tirar nada mientras me

intiendo la brisa que entra por mi trasero mientras no puedo avanzar gracias

levándola hacia atrás, en donde el tacto de

nalga al aire es lo que pal

mucho escándalo de mi desgracia coloco los tragos a quienes pertenecen y con una

de la bandeja y lo estrecho del espacio no permite siquiera moverme bi

a para que saquen la bandeja del juego y una sudadera negra aparezca abrazándo

nstancias el tartamudeo es lo de menos,

ras mi espalada, y como si todo esto no fuera lo suficientemente raro e incómodo, su brazo aparec

alga está expuesta, tengo las medias rotas, lo único que mantiene mi trasero fuera de la vista de todos es la

n me queda media jornada por delant

iénes son los testigos de mis calamidades, pero sorprendentemente la

ntras coloca ambas mangas de la sudadera entre m

iciente para ver a quién le debo mi dignidad, y la mir

omo para incluso definirlos de tal modo, barba tupida, labios pr

go más, una jodida mirada turbia que me hace respirar mientras me alejo lo suficiente tomando entre

entando mis vergüenzas no regresa

el embrollo que hago pero que cumple ob

por mi lado con una bandeja y un

–. Creo que voy a trabajar –. Otra sonri

ente vida, trág

nte y creo que se está quedando conmigo, sí, definit

cesario, y antes de que siga dando más pena, me giro procur

as me he alejado un paso –. Quie

a a quedarme

nada, el chico simplemente desaparece escalera

o sé si agradecerle o enfadarme por ello, lo que sí queda claro es una cosa, esos ojos de c

de tres manos levantadas llamándome, ¿

rar, necesit

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