Calor entre mis piernas
quif
eter errores
cocina en una segunda planta? No lo sé, p
cansada. En mi mente me recuerdo sonreÃr una y mil veces cuando solo deseo
lugares. Tenemos 97 comensales y apenas somos dos mozas que nos
puedo decir que como buena niña rica solo quier
de encestarle el plato en la cabeza me brota y me cuesta contenerme mientras procuro seguir el ritmo de la gente, que aun viéndome con las manos ll
ras veo a músicos y trabajadores pasarnos por delante a la mar de relajad
do –. Observo su mano aún sobre la mÃa mientras mis oÃdos escuchan sus palabras y procuro co
espira – ya
respondo marchándome hacia la barra solo cuando ella d
rra me observa con atención a medida que una media sonrisa le de
a risa le brota de los labios y me
me alienta, pero justo aho
ras los músicos continúan metidos en el medio ya con los equipos montados en el escenario. Por lo q
so viendo la bandeja cargada –. Primer dÃa – murmura al pasar por mi lado y asient
olo les preocupa que colapse en cualquier momento. Algo muy probable, no me he visto en un espejo, pero varios flecos ya se me ha
ara pasar entre las mesas, intento no tirar nada mientras me
intiendo la brisa que entra por mi trasero mientras no puedo avanzar gracias
levándola hacia atrás, en donde el tacto de
nalga al aire es lo que pal
mucho escándalo de mi desgracia coloco los tragos a quienes pertenecen y con una
de la bandeja y lo estrecho del espacio no permite siquiera moverme bi
a para que saquen la bandeja del juego y una sudadera negra aparezca abrazándo
nstancias el tartamudeo es lo de menos,
ras mi espalada, y como si todo esto no fuera lo suficientemente raro e incómodo, su brazo aparec
alga está expuesta, tengo las medias rotas, lo único que mantiene mi trasero fuera de la vista de todos es la
n me queda media jornada por delant
iénes son los testigos de mis calamidades, pero sorprendentemente la
ntras coloca ambas mangas de la sudadera entre m
iciente para ver a quién le debo mi dignidad, y la mir
omo para incluso definirlos de tal modo, barba tupida, labios pr
go más, una jodida mirada turbia que me hace respirar mientras me alejo lo suficiente tomando entre
entando mis vergüenzas no regresa
el embrollo que hago pero que cumple ob
por mi lado con una bandeja y un
–. Creo que voy a trabajar –. Otra sonri
ente vida, trág
nte y creo que se está quedando conmigo, sÃ, definit
cesario, y antes de que siga dando más pena, me giro procur
as me he alejado un paso –. Quie
a a quedarme
nada, el chico simplemente desaparece escalera
o sé si agradecerle o enfadarme por ello, lo que sà queda claro es una cosa, esos ojos de c
de tres manos levantadas llamándome, ¿
rar, necesit