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Calor entre mis piernas

Capítulo 4 4

Palabras:1759    |    Actualizado en: 03/12/2024

ma

go a pesar de las adversidades, o de seguir luch

eca en una caja de plástico! – Las ú

es más que un recipiente para deposi

tiene derecho a opinar –. Las

iudad con un impecable vidrio que me separa que muestra mi reflejo mientras l

ltura no creía algo así posible. Su actitud ante la petición de mi padre deja en clara su postura, o más b

s su forma de lidiar cuando algo no le gusta, simplemente finge que n

endía algunas velas y enviaba un mensaje luego de que ignorara mis llamadas pidiéndole que cenáramos, las cosas mejorarían, o al menos haríamos a

te asienta, a él, a lo que quiere, a lo que

mi cintura hasta quedar en la alfombra, el camisón p

ellas, apoyando la cabeza en la almohada, simplemen

años de mi matrimonio, porque siendo sincera conmigo misma, es lo único que he hecho, esperar, siempre esperar por él, porq

s mientras la puerta se abre lentamente cierro los

decisión correcta – habla dejando

continúa a los pies de la cama decidido a con

r que una sonrisa se dibuja partiendo de su

a mientras su mano acaricia mi pierna dejando

e – hablo mientras sus caricia

ienza a calentar su sangre aun procesando mis palabras y la sorpr

dormir a mi lado o irte a otra habitación, porque mañana es mi primer día de trabajo y tengo sueño –. Las manos bajo la tela me tiemblan y solo rezo para que no note los rastros de debilidad en mi voz, el nerviosismo, y el m

onder mis pupilas demasiado dilatadas. La ansiedad me recorre por el cuerpo como bombeos de

pasa mientras la puerta de la recamara es azotada, y siquiera me molesto en comprobar si tan solo se va a otro cuarto o se marcha de la cas

imera vez en un largo tiempo, creo que

_____ â—Š

abitación. El lado de mi cama se siente vacío, me giro contemplando que

relajando mi cuerpo, busco un poco de ropa cómoda y salgo de la habit

ersona se toma el tiempo de respond

es el momento. A pesar del enfado notorio del hombre junto a mí, sirvo café y tomo tres tostadas qu

ar las cosas – murmura con los dientes apre

nge solo permanece callada observando cada parte de la escena que se desata ante su

–. Solo entonces lo miro, como hacía mucho no lo hacía, con determ

esposo que solo parece estar a nada de escupir fuego –. ¡Aceptaste! – reafirma volteando

erne –. Su ira se traslada hacia

i hermana es explosiva, divertida, una joven con ganas de comerse el mundo, con ansias de vivir y sueños de libertad

rmitiendo que quedemos a sola, pero antes de marcharse del todo pasa

. Su rostro dibuja los años, pero aún es ese hombre atractivo y masculino que hizo girar mi mundo por él. Todavía conserva rastro

i –. Desde hace muchos años todo ha sido así, y yo también tengo cu

6 –

cuestiona, esta vez miránd

mano la primera vez, la segunda estuviste aquí, pe

Ro

– le detengo, y aunque le t

dolor hundido en tu trabajo, yo lloraba todas las noches

mplemente no me echaba en un rincón – su tono agrio, las

a hacerlo por mi cuenta. Cuando en las madrugadas silenciaba el llanto contra la almohada para no despertarlo, cuando la ducha sofocaba mis gritos. Noches largas de ansiedad, de ver cómo no

de lágrimas, pero no bajan, permanecen dentro opacándome la mirada –. Ne

Se levanta de la mesa dejan

or para mí –. Le

estra vida –. Sus fosas nasales s

o sí puedo

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