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Calor entre mis piernas

Capítulo 8 8

Palabras:1794    |    Actualizado en: 03/12/2024

ele

ción perfecta que solo

o cambia, el techo blanco tan solo decorado por la

nciones? –

Tengo que hacerlo,

uelen los brazos por el peso y la espalda me cruje

tando tanto como puedo el dolor, me levanto de la cama consiguiend

tra puesta, y nadie está sentado, solo Ilda es la únic

– avisa mientras tomo asiento en la mesa sinti

de café a los labios y sin duda alguna el c

s trabajando con nosotros como para que sepa que esta es la manera de Sebastian de hacer que haga lo que él quiere.

mi cansancio y mis pensamientos a cuesta, el re

duda alguna la primera de ella es hacer algo con esa infernal escalera, me da lo mismo si hay que coloc

earme con el pantalón para que me suba de una vez si quiero llegar a tiempo, porque qu

el parqueo, no me detengo y continuo hacia la p

por lo visto, los artistas en las calles, en el bondi, en las esquinas. Así que hago lo mejor p

imera que me nota –. Me alegro de que regresaras –. Deja de bajar las si

expresión indica que no quiero saber

Me palmea la espalda con un empujoncito que me

No lo niego parecen buena gente, pero mi mano aferra la

me sé su nombre. Claro que no es mi culpa, nunca se presentó, no solo tiene que aprende

on una pequeña sonris

–. Evito el tirón que me p

da la vuelta mientras toma la siguiente silla y

falta de educación y buen cará

lado y comienzo a hacer lo mío ya habiendo s

oy solo somos ch

oz por una más afeminada haciendo burla d

uficientemente alto para que escuch

ganas de lanzar a la call

pareciendo, y verdaderamente Camila no mentía, aquí todos caen de golpe y juntos co

perando ser atendidos primero, dan ganas de decirles que som

mano izquierda hay un gramajo, unas fritas, y una pizzeta con panceta, la derecha c

del espectáculo me permite llegar a la barra, y todo el amor más puro me brota

e mundo? – La rubia hace a un lado la cab

voz gruesa que en burla acompaña sus palabras como un hombre rudo

nto de maravilla, pero el gusto me dura poco cuando la 35 co

lista y la sonrisa más falsa del mundo bien

propina ya colocada sobre la barra declaran que la noche se ha terminado oficialm

os por la escalera anuncian primero de quién se tr

trasero dándole una nalgada para terminar. El gesto no digo que me alarme, pero es evidente que la confianza

–. Coloca el plato sobre la mesa y las

pa viendo los pedacitos

omemos. Con apuro introduzco el manjar en mi boca y se deshace llevándome a un punto de é

i boca aún ll

dy eleva sus cejas poblada

demencia metiéndome

o con derecho, hijos, p

vitable, era un hecho, así que me apeg

del bocado con naturalidad, no soy muy específica, pero tengo el cuidado de verm

a de desilusión se le marca –. Soy un bue

o dos noches con él ya lo he visto h

señalo con la cuchara untada en chocolate. El esc

–. Camila le frota la

y las demás se apresuran a apagar las luces que quedan estando listas para irnos –. Pero pue

tú –. Gail es implacable, y aunque se hace el

el marte –. Me despido viendo que mi bondi pasa en 5 –. Descansen – les di

ciera a acompañarme y viera el edificio, ciertame

sta vez sentarme, aunque el gusto me dura poc

l móvil me vibra, me detengo un momento observándolo, porque, ¿

ueñes de mi

e un número para nada identificado, pero

je mientras el corazón se me acelera desbocado

s – murmuro sin atreve

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