Deseos Perversos
otra ola de risas a su costa se alza y no parece gus
bviamente vacÃa más que implÃcita. El idiota cree que eso a mà me p
e restriego en la cara pegándole en su masculinidad –. No pierdas el tiempo – lo atajo antes de que intente defenderse –. Ambos sabemos que no vas a quedar bien parado frene a
hoy es uno de esos dÃas en que solo quiero llegar a casa y sacarme el olor a sol
s qué, y no pregunto, tan solo lo tomo y el alcohol me quema la garganta, y e
ciertamente me vale mierda si destrozan el lugar entero –. Se
ndrá bien –. La necesidad de nicotina no ayuda con mis
– Observo el sitio cada vez más abarrotad
un giño ablando como si fuera uno de estos p
por semejante estupidez causante
ad sabiendo que, de todas las personas d
uscando salir de este manicomio en que se ha convertido el bar. Consigo llegar afu
ido de vidrio roto no proviene de que se haya reventado u
que a buena hora no quiere prender, apenas con el gas que le queda consigo aspirar y prenderlo mientras e
a absorción y expulsión de la neblina de humo, pudiendo escuchar e
uniforme que un dÃa también nosotras portamos. Se suponÃa que nos mantendrÃamos alejadas de todo lo que con militares tuviera que ve
el caos que se desata cada vez más y que aguarda a por mà –. Al mal paso dale prisa, Alison –
pero desde antes de que muriera ya se habÃa acostumbrado a las decepciones que le provocaba, asà que espero qu
al cual como lo dejé, caótico y hecho un asco – ¿Bien? – Heily pregu
a la barra, asà que me enfoco en recoger vasos sacándolos del al
Me adentro en la barra echando en el fre
ebida y no piensan parar –. Me señala
ir y cerrar de ojos, la disputa comienza y por más que Marck
tervienen con ganas de devolver puñetazos. Solo toma segundos que la pelea que inició con dos, ab
sabiendo que no hay modo en que pasemos a servir el pedido
ndo el espectáculo y ella a mi lado me imita, ambas sabiendo que no hay nada más que podamos hacer cuando esto pasa.
pe contra un rincón, con quien peleaba no queda muy lejos de él, y el resto rápidamente es sep
tos a obedecerlos y más de uno procura alejarse sin ser visto. Supongo que superiores, pero ¿qué ta
ido, la camisa abierta, la polera ajustada junto con los pantalones que dejan denotar sus piernas gruesas. L
ervilleta como consejo para que limpie la baba que se le escurre,
atados por la pelea –. Vayan de vuelta a la base ahora – l
– protesta uno de ellos impo
esastre que han provocado –. Asà que acabas de desperdiciarla en pelea
de regresar a las
si ya planeara algo por ello, pero no le da tiempo, ya que el hombre qu
le discute, por lo que se limita a recoger a sus compañeros intentando ayudarlos mientas le da una mirada envenenada a