Para un soldado el deber siempre va primero, te lo enseñan desde tus primeros inicios en la academia, el paÃs, tu comandante, la misión... Entrenan tu mente para no cuestionar, para no preguntar, y a mà eso no se me dió bien. Yo siempre cuestiono todo y hago lo que siento que es mejor. Siento, pequeña palabra que me ha metido en apuros más de una vez. Esta es una historia que cuenta con su propio sistema judicial. Aquà el deseo y la lujuria no tiene lÃmites. Alison es una fuerza de la naturaleza, una mujer que arraza con la vida misma si lo cree correcto y no titubea. Si eres sensible y te gustan las historias suaves, esta no es para tÃ.
Para un soldado el deber siempre va primero, te lo enseñan desde tus primeros inicios en la academia, el paÃs, tu comandante, la misión ... Entrenan tu mente para no cuestionar, para no preguntar, a mà eso nunca se me dio bien.
Y la larga lista de castigos de la fuerza aérea me lo dejó en claro, no servÃa, no les servÃa, solo por una razón, yo siempre cuestiono todo y hago lo que siento que es mejor ... Siento, pequeña palabra conflictiva que me metió en más de un apuro una que otra vez.
– ¡Alison, Alison Conor! – escucho tras mi espalda y me encojo de hombros presintiendo la reprimenda que le sigue a mi nombre completo dicho en voz alta, la sentencia más segura de que estoy en problemas.
– Me quedan dos minutos del descanso, Marck – le recuerdo observando el reloj en mi muñeca, lo cual a él le da igual siempre.
– Según el mÃo no te queda ni un segundo – enfatiza y me preparo poniéndome en pie lentamente para mandarlo al carajo, pero recuerdo que las facturas no se pagan solas, asà que con una sonrisa en los labios finjo que me relajo.
– Tú eres el jefe – respondo en cambio pasando por su lado con todo el agrado del mundo mientras me introduzco por el oscuro y sucio pasillo que me lleva al interior del asqueroso bar en el que llevo trabajando por seis meses ya que ningún otro sitio a querido darme empleo.
Digamos que tengo algo de responsabilidad en eso, pero solo un poco, lidiar con cabrones no es lo mÃo, pegarles un puñetazo en el rostro, sÃ.
– De nuevo te está fastidiando –. Heily continúa pasando el trozo de tela por sobre la mesa procurando sacar de ella los restos de vomito de algún estúpido que no supo llegar al baño a tiempo. En su cara de asco se trasluce la repugnancia, pero no se detiene.
– No, solo es Marck siendo Marck –. Es un fastidio, ya acepté que llegó a este mundo para hacer mis dÃas más miserables, asà de simple. Su único propósito en esta vida es joderme justo cuando creo que ya no puede ser peor.
– ¡Heily, a la cocina!, hay pedidos –. Se acerca nuevamente y su sonrisa marca la venganza y el placer adelantándose a lo que seguirá en sus palabras –. Alison puede recoger la porquerÃa, se le da bien ...
Me adelanto a todo atrapando el puño de Heily antes de que este se alce en contra del pedazo de imbécil que tenemos en frente –. Necesitamos la paga – le recuerdo mientras Marck observa la escena sin comprender que estuvo a nada de caer noqueado por una rubia de 1.72 metros.
Disminuyo el drama sacando el pedazo de tela de entre sus dedos y de paso agarrando un juego de guantes sin protestar. La chica a mi lado solo entorna los ojos sabiendo que esto es lo mejor, no es que estemos en un buen momento financiero. Hace mucho no lo estamos, de ser asà no tendrÃamos estos trabajos de mierda...
– TÃo Frank estarÃa orgulloso de ti, cada dÃa te controlas mejor –. Me observa con atención dando la primera pasada bajo la mirada de Marck que, aunque se ha marchado a la barra, no me deja tranquila.
– Para que veas que los sueños si se hacen realidad –. Putazos de la vida –. QuerÃa una soldado fuerte y dispuesta y aquà me tiene –. Extiendo mis brazos señalando el hoyo de mierda en el que estamos metidas –. Entre soldados limpiando sus porquerÃas sin protestar.
La carcajada de mi prima llama la atención de más de un oficial que la escanea babeando, meses sin ver un culo tras acuartelamientos, al salir son como perros tras un hueso. Asquerosos, el haberme educado en academias militares me mostró que el uniforme no siempre lo porta un hombre, también un estúpido al que le dan un arma como quien regala a su hijo abusador un bate de beisbol para que golpee a sus compañeros, y es literal.
– Problemas a tus 09:00 – le advierto y con un movimiento ligero lo detecta al instante.
– Dos movimientos – me reta sacando a alusión nuestro juego predilecto.
– Gancho izquierdo – me adelanto y ambas nos regalamos una mirada cómplice.
– Nueve cervezas y contando, no lo resistirÃa – me advierte como si eso me importara.
– Ese no es mi problema – simplifico.
– Por cosas como esas te sacaron de la academia – resalta tan pequeño detalle.
– No olvides que tú me seguiste – le recuerdo.
– No siempre tomo buenas decisiones – bromea, aunque en el fondo yo opino lo mismo. Ella tenÃa un brillante futuro, uno que abandonó cuando la corte marcial dictó mi sentencia.
– ¡Oigan! no les pago por perder el tiempo –. Marck se hecha el trapo al hombro dejando de brillar los vasos sacando en cuenta la miseria de salario que nos paga.
– Danos un aumento y deja de recordarme que la paga es una mierda –. Heily se encarga de responderle y antes de que pierda la paciencia mejor con un gesto le indico que vaya a hacer lo suyo.
¿Quién dirÃa que un dÃa yo serÃa la más responsable de entre las dos?, definitivamente no soy una buena influencia para mi prima.
Perder a mis padres en la guerra de Afganistán fue demasiado duro, era apenas una niña, los necesitaba, más de lo que cualquiera de esos militares podÃa entender, no estaba lista, y no querÃa estarlo.
Pero eso es otro tema, para otros momentos.
Justo ahora los residuos de un vomito esperan a ser limpiados. ¡Mierda, odio este jodido trabajo!
Las horas trascurren tan lentas como cada dÃa, los soldados entran y salen y aún son las 9 de la noche apenas y tal pareciera que mi turno nunca va a acabar.
Continúo llevando bebidas a las mesas mientras lidio con más de uno que intenta propasarse repitiéndome que romperles la mandÃbula no es una opción, necesito el puñetero trabajo y no tengo paciencia para llenar bolsas en los super.
A cada instante el bar parece estar más lleno, incluso las mesas afuera se encuentran ocupadas, la base militar a pocos kilómetros de acá decidió dejar salir a esta manada de idiotas sin niñera y nosotros pagamos el precio.
– Cinco cervezas para la mesa doce y una botella de vodka para la nueve – le hago el pedido a Heily y de inmediato se pone en ello mientras procuro cobrarles antes de que sus órdenes lleguen a ellos, tengo que asegurarme de que tengan para pagar o Marck nos lo descontará de la paga –. Hijo de puta le queda corto – murmuro para mà viendo que anota la copa de brandi que Heily acaba de tirar, cada dÃa esa pequeña libreta domina mi paciencia.
– Lo siento – se disculpa desde lo lejos sabiendo que eso lo pagaremos también, intento no hacerla sentir mal restándole importancia al asunto, pero lo cierto es que para cuando la noche acabe no nos alcanzará el sueldo ni para pagar la gasolina de regreso a casa.
Llevo las cervezas a la mesa tomando antes de retirarme la paga –. Oye preciosa, al menos dame un beso antes –. El idiota acerca sus labios y a la velocidad de la luz atrapo sus carnosos labios estrujándolos entre mis dedos, sin piedad haciéndolo a un lado.
– No lo creo – aseguro y sus compañeros se rÃen viendo su vergonzoso intento de ligar que solo quedó en eso, en un mero intento.
– Eres demasiado creÃda – consigue hablar apenas lo libero –. DeberÃas sentirte alagada de que te mire.
No puede ser que este pedazo de imbécil en serio crea que su acoso es mi sueño de romance. Su estado de embriagues no justifica su falta de respeto, sino que acentúa sus instintos lascivos que solo me repugnan.
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