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Mi Hermanastro Adiós a tu Amor Roto

Mi Hermanastro Adiós a tu Amor Roto

Dieciocho días después de darse por vencida con Brendan Maynard, Jayde Rosario se cortó la melena que le caía hasta la cintura. Acto seguido, llamó a su padre para comunicarle su decisión de mudarse a California y estudiar en la UC Berkeley. Su padre, desconcertado por un cambio tan repentino, le preguntó el motivo y le recordó que siempre había insistido en quedarse por Brendan. Jayde rio sin alegría y le confesó la dolorosa verdad: Brendan iba a casarse y ella, su hermanastra, no podía seguir aferrada a él. Esa misma noche, intentó contarle a Brendan que la habían aceptado en la universidad, pero su prometida, Chloie Ellis, los interrumpió con una alegre llamada. Las tiernas palabras que Brendan le dedicó se clavaron como un puñal en el corazón de Jayde. Recordó los tiempos en que esa ternura era solo suya, cuando él la protegía. Recordó cómo le había abierto su corazón en un diario y una carta de amor, solo para verlo estallar en cólera, hacer la carta pedazos y gritarle: "¡Soy tu hermano!". Él se había marchado, furioso, dejándola sola mientras ella, con el corazón destrozado, intentaba recomponer pacientemente los trozos de papel. Sin embargo, su amor no murió. Ni siquiera cuando él llevó a Chloie a casa por primera vez y le pidió que la llamara "cuñada". Ahora lo comprendía todo. Tenía que extinguir ese fuego por sí misma. Tenía que arrancar a Brendan de su corazón.
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La Novia Abandonada Se Casa Con El Capo Despiadado

La Novia Abandonada Se Casa Con El Capo Despiadado

Faltaban tres días para mi boda con el subjefe de la familia Garza cuando desbloqueé su celular secreto. La pantalla brillaba con una luz tóxica en la oscuridad, junto a mi prometido dormido. Un mensaje de un contacto guardado como 'Mi Diablita' decía: "Ella es solo una estatua, Dante. Vuelve a la cama". Adjunta venía una foto de una mujer acostada en las sábanas de su oficina privada, usando una de sus camisas. Mi corazón no se rompió; simplemente se detuvo. Durante ocho años, creí que Dante era el héroe que me sacó de un teatro en llamas. Jugué a ser la perfecta y leal Princesa de la mafia para él. Pero los héroes no le regalan a sus amantes diamantes rosas únicos mientras le dan a sus prometidas réplicas de zirconia. No solo me engañó. Me arrastró por el lodo. Defendió a su amante por encima de sus propios soldados en público. Incluso me abandonó en la orilla de la carretera el día de mi cumpleaños porque ella fingió una emergencia de embarazo. Él pensaba que yo era débil. Pensaba que aceptaría el anillo falso y las humillaciones porque solo era una moneda de cambio. Se equivocaba. No lloré. Las lágrimas son para las mujeres que tienen opciones. Yo tenía una estrategia. Entré al baño y marqué un número que no me había atrevido a llamar en una década. —Habla —gruñó una voz de grava al otro lado. Lorenzo Montoya. El Jefe de la familia rival. El hombre al que mi padre llamaba el Diablo. —Se cancela la boda —susurré, mirando mi reflejo. —Quiero una alianza contigo, Enzo. Y quiero ver a la familia Garza arder hasta los cimientos.
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Su Amor, Su Prisión, Su Hijo

Su Amor, Su Prisión, Su Hijo

Durante cinco años, mi esposo, Alejandro Garza, me tuvo encerrada en una clínica de rehabilitación, diciéndole al mundo que yo era una asesina que había matado a su propia hermanastra. El día que me liberaron, él estaba esperando. Lo primero que hizo fue lanzar su coche directamente hacia mí, intentando atropellarme antes de que siquiera bajara de la banqueta. Resultó que mi castigo apenas comenzaba. De vuelta en la mansión que una vez llamé hogar, me encerró en la perrera. Me obligó a inclinarme ante el retrato de mi hermana "muerta" hasta que mi cabeza sangró sobre el piso de mármol. Me hizo beber una pócima para asegurarse de que mi "linaje maldito" terminara conmigo. Incluso intentó entregarme a un socio de negocios lascivo por una noche, una "lección" por mi desafío. Pero la verdad más despiadada aún estaba por revelarse. Mi hermanastra, Karla, estaba viva. Mis cinco años de infierno fueron parte de su juego perverso. Y cuando mi hermano pequeño, Adrián, mi única razón para vivir, fue testigo de mi humillación, ella ordenó que lo arrojaran por unas escaleras de piedra. Mi esposo lo vio morir y no hizo nada. Muriendo por mis heridas y con el corazón destrozado, me arrojé desde la ventana de un hospital, y mi último pensamiento fue una promesa de venganza. Abrí los ojos de nuevo. Estaba de vuelta en el día de mi liberación. La voz de la directora era plana. "Su esposo lo ha arreglado todo. La está esperando". Esta vez, yo sería la que esperaría. Para arrastrarlo a él, y a todos los que me hicieron daño, directamente al infierno.
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Mi Corazón Frío: Rechazando al Jefe de la Mafia

Mi Corazón Frío: Rechazando al Jefe de la Mafia

Mi esposo, el Consejero más temido del Cártel, se levantó y abrochó el saco de su traje. Acababa de convencer a un jurado de que Sofía Montenegro era inocente. Pero ambos sabíamos la verdad: Sofía había envenenado a mi madre por un negroni derramado en su vestido Valentino. En lugar de consolarme, Dante me miró con unos ojos fríos, sin alma. "Si haces una escena", susurró, apretando mi brazo hasta dejarme un moretón, "te voy a enterrar tan profundo en un psiquiátrico que ni Dios te va a encontrar". Para proteger la alianza de La Familia, sacrificó a su esposa. Cuando intenté defenderme, me drogó en una gala. Dejó que un investigador privado me tomara fotos, desnuda e inconsciente, solo para tener con qué chantajearme y mantenerme en silencio. Paseó a Sofía por nuestro penthouse, dejándola usar el rebozo de mi difunta madre mientras a mí me desterraba al cuarto de servicio. Pensó que me había quebrado. Pensó que yo era solo la hija de una enfermera a la que podía controlar. Pero cometió un error fatal. No leyó los "formularios de internamiento" que le di a firmar. Eran los papeles del divorcio, transfiriendo todos sus bienes a mi nombre. Y la noche de la fiesta en el yate, mientras él brindaba por su victoria con la asesina de mi madre, dejé mi anillo de bodas en la cubierta. No salté para morir. Salté para renacer. Y cuando volví a la superficie, me aseguré de que Dante de la Vega ardiera por cada uno de sus pecados.
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Adiós al Cobarde Amor

Adiós al Cobarde Amor

Durante siete años, mi mundo giró en torno a Marco, mi prometido. Compartimos un pequeño departamento, sueños de boda y la promesa de un "para siempre". Él era mi ancla mientras yo, Sofía Ramírez, heredera del Grupo Ramírez, vivía una vida sencilla para aprender desde abajo. Todo se desmoronó el día que me despidieron injustamente de la empresa donde trabajábamos juntos. Marco, con una calma escalofriante, me soltó la bomba: "Isabella está embarazada". Isabella, su jefa, la mujer que ahora llevaba a su hijo, el fruto de una "aventura sin importancia" por la cual, supuestamente, él se "sacrificaba" por nuestro futuro. Intentó justificar su infidelidad, su traición, incluso mi despido, como "sacrificios" para nuestro bien, esperando que yo, ingenua, esperara dos años. Pero lo peor estaba por venir. El hombre al que amé siete años, se había reducido a la nada, un ser cobarde que me humilló, me empujó al suelo, mientras su amante vomitaba a mi lado, culpándome de sus náuseas. Me quedé en el suelo, rodeada de mis pocas pertenencias, mientras él la consolaba, llamándome "zorra". ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo pude entregarle mi vida a un hombre que me despreciaría y humillaría de esa manera? La vergüenza, la rabia y el asco me ahogaban, pero una chispa de fuego comenzó a encenderse en mi interior. No más. La Sofía ingenua y sumisa murió ese día en el pasillo, entre el vómito y la traición. Era hora de que todos conocieran a la verdadera Sofía Ramírez. Y esta vez, nadie se interpondría en mi camino.
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La Esposa Abandonada, El Arrepentimiento del Multimillonario

La Esposa Abandonada, El Arrepentimiento del Multimillonario

Mi vuelo de aniversario estaba a punto de abordar cuando apareció Carla, la asistente de mi esposo, con el rostro bañado en lágrimas, suplicándome que le diera mi boleto porque su madre supuestamente se estaba muriendo. Era absurdo, pero le dije que buscara otra forma, sin saber la trampa en la que estaba cayendo. Cuando llegué a casa, mi esposo, Leonardo, me confrontó, acusándome de abandonar a Carla. Luego me ofreció un vaso de agua que, sin que yo lo supiera, estaba drogada. Desperté sola, varada en un desierto abrasador, con el sol como un infierno ardiente sobre mí. Un helicóptero apareció en el cielo. Vi a Leonardo con Carla, quien sostenía un teléfono, transmitiendo en vivo mi tormento con el hashtag #AriCaminaElDesierto. Se jactaron de la supuesta bancarrota de mi familia y me ordenaron que me disculpara con Carla. Cuando me negué, los guardaespaldas de Leonardo me quitaron los zapatos, dejándome descalza sobre la arena ardiente, donde luego arrojaron clavos oxidados frente a mí. Me obligué a caminar, con los clavos perforando mis pies, dejando un rastro de sangre. El médico a bordo gritaba que estaba perdiendo demasiada sangre, pero a Leonardo no le importó. Luego, un saco de víboras de cascabel, las más venenosas del desierto, fue arrojado en mi camino, atacando mi miedo más profundo. Me quedé helada, paralizada por el terror, mientras una víbora se deslizaba hacia mí y me mordía la pantorrilla. El médico gritó pidiendo el antídoto, pero Carla "accidentalmente" tiró el frasco, haciéndolo añicos. Leonardo, más preocupado por su orgullo y la transmisión en vivo que por mi vida, exigió que me disculpara con Carla y con la cámara por su "espectáculo". —Nunca —grazné, negándome a darle esa satisfacción. Justo cuando los guardaespaldas de Leonardo me obligaban a ponerme de rodillas, un helicóptero de grado militar descendió del cielo.
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La Luna Sacrificada: Renacida en los Brazos de un Rey

La Luna Sacrificada: Renacida en los Brazos de un Rey

Me llaman la «esposa invisible», la sirvienta con título nobiliario. Durante dieciocho años, interpreté el papel de la Luna débil y sumisa para mi esposo Alfa, Antonio. Pero el aroma a duraznos pasados y el almizcle de otra loba en su traje de diseñador hicieron añicos mi fantasía. No solo me estaba engañando; estaba consumiendo Bloqueadores de Vínculo ilegales para adormecer nuestra sagrada conexión, ocultando su traición mientras yo satisfacía cada uno de sus caprichos. Desesperada por la verdad, lo seguí hasta el Hotel Luna de Plata. Esperaba encontrarlo en la cama con su amante, Katia. Lo que no esperaba era escuchar a mi propio hijo adolescente, Jacobo, riendo con ellos. —Mi mamá es solo una humana en piel de lobo —se burló a través de la puerta—. Me avergüenza que sea mi madre. Katia es como debería lucir una verdadera Luna. Sus palabras me destrozaron por dentro. Se burlaban de mi falta de aroma. Me llamaban un defecto. No sabían que la cicatriz irregular en mi pecho existe porque vertí toda mi esencia en los pulmones moribundos de Jacobo la noche en que nació. Me volví «débil» únicamente para mantenerlo con vida. ¿Y así es como me pagan? ¿Planeando reemplazarme con la mujer que se gasta mi herencia? ¿Quieren una Luna poderosa? Están a punto de conocer a una. Me sequé las lágrimas y me miré en el espejo. Mis ojos color avellana brillaron con un plateado cegador y depredador. La Loba Blanca ha estado dormida durante dieciséis años, pero esta noche, en la Gala de la Manada, se despierta para cazar.
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La Sombra de la Envidia

La Sombra de la Envidia

El chirrido de las llantas fue lo último que escuché. Luego, un golpe seco y un dolor que me atravesó antes de la oscuridad total. Mi último pensamiento: Javier, mi novio, con quien apenas horas antes había compartido nuestra felicidad en redes sociales. Pero su imagen se mezcló con la cara de Daniela, mi mejor amiga, gritándome por teléfono: "¡Sofía, eres una tonta! ¿No te das cuenta de que Javier solo juega contigo? ¡Te está engañando!" Ella me envió un video borroso, un supuesto Javier entrando a un hotel con otra mujer. Mi mundo se derrumbó. Sin hablar con él, sin darle oportunidad de explicarse, terminé mi relación, ahogándome en el dolor de una traición orquestada por quien más confiaba. Días después, Daniela, enfurecida porque Javier ni siquiera la miraba, me atacó. "¡Si no es mío, no será de nadie, y tú me lo quitaste!" Fue lo último que gritó antes de acelerar su coche y arrollarme. Me dejó morir sola en el frío asfalto. La traición, el dolor, el arrepentimiento… todo se mezcló en un último suspiro. ¿Cómo pude ser tan ingenua? ¿Cómo no vi el odio y la envidia en los ojos de quien consideraba mi hermana? El engaño fue burdo, pero funcionó con mi mente nublada por la inseguridad. Sentía una profunda injusticia, una confusión. ¿Por qué yo? ¿Por qué ella? ¿Por qué la vida me arrancó de esa manera? Y entonces, desperté. En mi cama, junto a Javier, en el mismo día del anuncio de nuestro noviazgo. El universo, por alguna razón, me había dado una segunda oportunidad. Esta vez, no sería la tonta ingenua. Esta vez, yo tomaría el control de mi destino.
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Justicia en El Infierno

Justicia en El Infierno

Mi nombre es Sofía Romero, y esta es la historia de mi muerte. El día que San Miguel cayó, el cielo no lloró, se rompió en un aullido silencioso. Mi pueblo no buscó respuestas en los cielos, me buscaron a mí. Me culparon de todo: la plaga, la sequía, la invasión bárbara que nos destruyó. En la plaza pública, ante los ojos de todos, mi propio hermano, el Príncipe Carlos, y mi prometido, Diego Mendoza, me sentenciaron. No bastó con matarme. Para apaciguar a la multitud, me desollaron viva. Sentí el frío del acero separando la piel de mis músculos, escuché los gritos, una mezcla de horror y alivio. Con mis huesos, construyeron la Lámpara de las Almas; con mi piel, faroles. Ahora estoy aquí, en el inframundo, un lugar gris y sin fin. Mi alma, un retazo, es arrastrada ante el Juez. Las almas de mi pueblo susurran y me señalan. "¡Castigo eterno para la traidora!" "¡Que arda para siempre!" Los gritos más fuertes vienen de Carlos y Diego. "Hermana, si es que alguna vez puedo llamarte así, nos traicionaste a todos," me dice Carlos, su rostro lleno de odio. "Cada vida perdida pesa sobre tu conciencia, Sofía," añade Diego, "tu castigo apenas comienza." Pero el Juez del Inframundo golpea su mazo. "El Espejo del Pasado revelará la verdad," su voz retumba. Un espejo de plata líquida aparece. Muestra el palacio de San Miguel, hace muchos años. Una niña flaca, yo, volviendo a casa con mi hermano. "Sofía, mi pequeña hermana, te encontré," dice Carlos, abrazándome, "Nunca más dejaré que nada te pase, te protegeré siempre." ¿Protección? ¡Qué fácil es hablar de protección cuando eres el verdugo! En la siguiente imagen, una trampa de la supuesta "dulce" Aurora Vargas, a quien Diego defendió, me obliga a humillarme ante el Príncipe Bárbaro. ¿Valió la paz lograda con tanta humillación? La verdad es un veneno que todos temen. Pero yo no, yo la mostraré.
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