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Demasiado Tarde: El Regreso De La Genio

Demasiado Tarde: El Regreso De La Genio

Oculté mi identidad como una autora mundialmente famosa para vivir una vida universitaria normal. Allí me enamoré de Kade, el rey del campus, pero pronto descubrí que solo me usaba como un escudo humano para proteger de los escándalos a su manipuladora hermanastra, Dani. Dani no solo me humilló, sino que robó mi obra de arte más íntima: unas fotografías dedicadas a mi difunta madre, presentándolas como suyas en un importante concurso. Cuando intenté denunciarla, Kade irrumpió en mi habitación con sus matones de seguridad y destruyó mi computadora, mis cámaras y todas mis pruebas. "Nadie le creerá a una chica insignificante como tú", me dijo con frialdad mientras pisoteaba el trabajo de mi vida. Para colmo, me entregó a sus enemigos, dejando que me dieran una paliza brutal en un almacén abandonado para mantener limpia la imagen de su preciada familia. Mientras los golpes caían sobre mí, no entendía cómo el hombre que fingió amarme podía sacrificar mi vida y profanar la memoria de mi madre con tanta crueldad. ¿Qué tan retorcida era la obsesión por su hermanastra para querer destruirme por completo? Al despertar en el hospital, con el cuerpo destrozado pero la mente clara, mi lado ingenuo murió para siempre. Agarré la única memoria USB encriptada que no lograron encontrar y me arranqué la vía intravenosa. Era hora de ir a ese concurso y revelar al mundo que yo era la verdadera K.B. Barry.
La Sombra del Pincel

La Sombra del Pincel

Durante cinco años, el olor a trementina y soledad ha sido mi único compañero en el sótano de la mansión de Alejandro. Cada obra maestra que creaba, cada pincelada nacida de mi alma, era firmada por Isabella, la aclamada artista, mientras yo permanecía invisible. Era mi condena, pero también la única esperanza para la supervivencia de mi hermano Luis. Hasta que la llamada del hospital detonó mi mundo: la condición de Luis había empeorado críticamente. Necesitaba un trasplante experimental, una suma astronómica que el "salario" de Alejandro nunca podría cubrir. Era el fin. En mi desesperación, pinté mi obra maestra, un políptico que narraba mi alma, mis raíces de Oaxaca. Pero Isabella lo descubrió. En un ataque de celos y rabia, no solo rasgó mi lienzo con un cúter, sino que en la lucha, aplastó mi mano derecha, mi mano de artista, reduciéndola a jirones. Luego llegó la llamada: mi hermano, Luis, había muerto. Mi arte estaba muerto, mi hermano estaba muerto, y yo, Sofía, yacía en el suelo de ese sótano, mi espíritu tan destrozado como mi mano. ¿Cómo se podía robar tanto, humillar tanto, destrozar tanto, y salirse impune? La soledad y la injusticia se volvieron el aire que respiraba. Con nada más que perder, me arrastré hasta mi viejo diario. Con mi mano izquierda destrozada, no escribí sobre mi dolor, sino la verdad: la traición de Isabella, mi cautiverio, la destrucción de mi arte y la complicidad de Alejandro. Era mi última obra, mi testamento, antes de apagarme para siempre. Lo que no sabía es que mi silencio se volvería el arma más ruidosa en la caída de un imperio de mentiras.
La Venganza Despiadada de la Ex

La Venganza Despiadada de la Ex

Mi empresa, InnovaTek, era el trabajo de mi vida. La construí desde cero con mi novio, Ricardo, a lo largo de diez años. Éramos novios desde la universidad, la pareja de oro, y nuestro mayor negocio, un contrato de 50 millones de dólares con Grupo Apex, por fin estaba a punto de cerrarse. Entonces, una repentina ola de náuseas me golpeó y me desmayé, solo para despertar en un hospital. Cuando regresé a la oficina, mi tarjeta de acceso fue rechazada, mi entrada revocada, y mi foto, tachada con una "X", estaba en la basura. Brenda Soto, una joven becaria que Ricardo había contratado, estaba sentada en mi escritorio, actuando como la nueva Directora de Operaciones. Anunció en voz alta que el "personal no esencial" debía mantenerse alejado, mirándome directamente. Ricardo, el hombre que me había prometido el mundo, se quedó a su lado, con el rostro frío e indiferente. Desestimó mi embarazo, llamándolo una distracción, y me puso en licencia obligatoria. Vi un tubo de labial rojo brillante de Brenda en el escritorio de Ricardo, el mismo tono que había visto en el cuello de su camisa. Las piezas encajaron: las noches hasta tarde, las "cenas de negocios", su repentina obsesión con el celular... todo era una mentira. Llevaban meses planeando esto. El hombre que amaba se había ido, reemplazado por un extraño. Pero no dejaría que me quitaran todo. Le dije a Ricardo que me iba, pero no sin mi parte completa de la empresa, valuada al precio posterior a la financiación de Apex. También le recordé que el algoritmo central, aquel en el que Apex estaba invirtiendo, estaba patentado únicamente a mi nombre. Salí, saqué mi teléfono para llamar a la única persona que nunca pensé que llamaría: Damián Ferrer, mi más acérrimo rival.
Vino, Traición y un Segundo Destino

Vino, Traición y un Segundo Destino

El aire de la residencia de ancianos se llevó mi último aliento, dejando solo el amargo sabor del desinfectante y la soledad. Yo, Roy Castillo, sentía la vida escurrirse, no por la vejez, sino por el veneno que mi esposa, Luciana, me confesó con una frialdad glacial en su lecho de muerte. «Roy, nuestros hijos, esos dos muchachos que criaste... no son tuyos. Siempre amé a Máximo. Entiérrame a su lado.» Máximo, mi primo, mi rival. El amor de su vida. Después, los hijos de ese traidor, a quienes llamé "mis hijos" durante décadas, tomaron la herencia de Luciana y me dejaron solo en este infierno, con el peso de una vida de engaños. Cerré los ojos, deseando con toda mi alma no haberla conocido jamás. Entonces, la oscuridad se rompió con un olor familiar a roble y uva fermentada. Abrí los ojos. No estaba moribundo en una residencia. Estaba en la sala de catas de Bodegas Castillo. El calendario marcaba 1992. Mi corazón latió con una fuerza que no sentía en cincuenta años. ¡Estaba vivo, joven y recordaba absolutamente todo! Mañana era la votación para el Enólogo Jefe, el día exacto en que mi vida se desvió. Y justo entonces, la puerta se abrió. Luciana, tan joven, tan hermosa, tan letal, entró. «Roy, cariño, tenemos que hablar.» La vi, no como la prometida que adoraba, sino como la mujer que me destrozó. «Máximo lo necesita más que tú. Deberías retirar tu candidatura por él.» Su voz, la misma manipulación que me condenó una vez. Pero esta vez, mi respuesta no fue de amor ciego. «No.»
Mi Verdad Contra Su Arrogancia

Mi Verdad Contra Su Arrogancia

El reflector me cegaba, sentía el calor en la piel, pero por dentro estaba helada. Estaba en "El Desafío del Emprendedor" , el reality que prometía lanzar mi aplicación "Raíces Vivas" , mi vida entera, a la fama. Mi proyecto sobre lenguas indígenas era conmovedor, según los jueces. Creí que la inversión que lo cambiaría todo estaba al alcance de mi mano. Pero entonces, Ricardo, el magnate con cero conexión real con nuestra cultura, tosió, su arrogancia llenando el estudio. "La autenticidad es clave en estos... proyectos folclóricos" , dijo, su mirada burlona me taladraba. Me lanzó un reto en zapoteco, deformando las palabras. Le respondí, corrigiendo cada sílaba, con el cuidado que me enseñaron los ancianos de Juchitán. Su risa fue cruel. "¡Qué farsa!" , sentenció, y en un instante, el aire se congeló. El murmullo del público se volvió hostil. Me llamó "fraude" , "oportunista" , "charlatanería" , sus palabras golpes directos al alma. Mis sueños se estrellaron con mi tablet, rota en mil pedazos en el suelo. Los guardias me arrastraron fuera, lejos de las luces, hacia la oscuridad más absoluta. La humillación seguía en los pasillos: Ricardo se burlaba de mi "acento falso" . La rabia me quemaba, ahogando las lágrimas. Desafié al farsante. "Subamos de nuevo al escenario. Llamaré a los verdaderos hablantes. Que ellos decidan quién es el farsante." Hubo un instante de pánico en sus ojos. Javier, el presentador, trajo a seguridad. Me empujaron contra una estructura metálica. Sentí un dolor agudo, una línea roja de sangre apareció en mi brazo. "Deberías tener más cuidado" , se mofó Ricardo. Me arrojaron a un callejón oscuro, sola con el dolor y el eco de sus risas. Al poco, Javier llamó, ofreciendo una "segunda oportunidad" , exigiendo una disculpa pública. Ricardo también llamó: "¿Cuánto quieres por desaparecer?" "No quiero tu dinero, quiero justicia" , respondí. Me amenazó, su voz helada: "Haré que te arrepientas de haber nacido" . El peso de su poder me ahogaba. ¿Rendirme? ¿Vivir sabiendo que un farsante destruyó mi dignidad? "No me voy a rendir" . Colgué. Al día siguiente, regresé al estudio. Mis padres aparecieron en el escenario, manipulados, avergonzados. "¡Sofía, ¿cómo pudiste?!" , me dijo mi madre. ¡PLAF! La bofetada de mi padre resonó en todo el estudio. "¡Pídele perdón de rodillas ahora mismo!" , me ordenó mi madre, las lágrimas corriéndole por las mejillas. Ricardo sonreía, triunfante. Esto era su obra maestra. Me habían dejado completamente sola. ¿Qué harías tú en mi lugar?
El Engaño de Cuarenta Años

El Engaño de Cuarenta Años

Estoy al lado de Isabel, mi esposa de cuarenta años, mientras ella se apaga. He dedicado una vida entera a nuestro viñedo, a nuestra familia, a lo que creí que era nuestro legado compartido. Pero en su último aliento, una confesión helada destrozó cuarenta años de mi existencia: "Sergio y David no son tus hijos. Son de Mateo, mi primer amor, el jornalero". Me dejó atónito, humillado, mientras sus verdaderos hijos, Sergio y David, entraban con Mateo, mi "rival", y lo llamaban "papá" con una ternura que nunca me ofrecieron a mí. Mi propia sangre me golpeó hasta la muerte, frente a un Mateo sonriente y una Isabel que me veía como un "tonto que paga las facturas". Morí envenenado por el cáncer y por la traición, sintiendo que fui un títere en su juego, un "pagafantas" perfecto. ¿Por qué? ¿Por qué esta mentira cruel, esta humillación final? Justo cuando mi vida se desvanecía en la oscuridad, me desperté. Estoy de vuelta. Tengo treinta años, rodeado de gente en las Fiestas de la Vendimia. Isabel, joven y radiante, se acerca. "Javier Montoya," dice, para que todos la oigan, "cásate conmigo. Unamos nuestras familias... seremos los reyes de La Rioja". Pero esta vez, ya no soy el tonto ciego de amor. La miré a los ojos, con el peso de una vida entera de engaño, humillación y el golpe de mis "hijos" resonando en mi mente. Mi respuesta fue simple, fría y afilada: "No". Y ahora que he vuelto, la historia será muy diferente.
De Esposa a Empresaria

De Esposa a Empresaria

Sofía revisó el reloj, su ceño fruncido. Marco, su esposo, el aclamado gerente de "El Sazón de Mamá", llegaba tarde, de nuevo. Hoy era el festival escolar de su pequeña Camila y la promesa de Marco de verla cantar era el único brillo en los ojos de su hija. Pero el brillo se apagó con una llamada: «Surgió una reunión importantísima de último minuto, mi amor. Representa a la familia por mí». La decepción se clavó en Sofía, no por ella, sino por el rostro de su hija. Con el corazón apesadumbrado, llegaron a la escuela, solo para que el mundo de Sofía se hiciera pedazos. Allí estaba Marco, en el escenario, junto al director, pero no solo. A su lado, con una mano posesiva en su cintura, estaba Ximena, su exnovia. Y con ellos, un niño, Leo. Marco los presentó como su "amada Ximena y su campeón, Leo" , y luego lanzó una bofetada final: se autoproclamó "dueño y fundador" de la empresa que Sofía, con las recetas de su abuela, había construido. La sangre de Sofía hirvió. Ella era la dueña, la fundadora. Marco, solo un empleado con un título inflado. Pero antes de que pudiera procesarlo, Camila corrió hacia el escenario, su pequeña voz rompiendo el silencio: «¡Papá! ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué estás con ella? ¡Yo soy tu hija!». La risa de Marco se desvaneció, su rostro se puso pálido. Luego, con una frialdad gélida, dijo: «Lo siento, pequeña, creo que te confundes de persona. Señora, por favor, controle a su hija». Negó a su propia hija. Frente a todos. Frente a su propia madre. El dolor fue insoportable, pero la rabia de Sofía fue aún más fuerte. Y mientras el público aplaudía la "clase" de Marco, Sofía sintió que su mundo se desmoronaba. Un mensaje de Marco llegó: «Deja de hacer un escándalo. Nos vemos en casa y hablaremos. No hagas esto más grande». Una risa amarga escapó de los labios de Sofía. ¿Más grande? Él había cruzado una línea. Esto no era una infidelidad. Esto era una declaración de guerra. "Arturo, soy Sofía. Necesito que vengas ahora mismo al Colegio Westbridge y traigas al equipo de seguridad de la empresa. Llama al notario público, es una emergencia corporativa" . La decisión estaba tomada. Marco Villarreal estaba a punto de descubrir el verdadero significado del infierno.
El Paradeo de la Azul Cobalto Lunar

El Paradeo de la Azul Cobalto Lunar

El estridente sonido del teléfono desgarró la tranquila noche, clavándose en el cerebro de Javier como una premonición. Era el hospital. Una voz monótona le informó del accidente de su abuela, Elena Torres, ingresada en urgencias. El mundo de Javier se detuvo, su pilar, la mujer que lo crió, ahora estaba en estado crítico con una fractura craneal. Mientras Javier intentaba procesar la noticia, Sofía, su esposa, llegó, sus ojos fríos buscando a otra persona. "¿Dónde está Rodrigo? ¿Está bien?". Rodrigo, el joven diseñador al que Sofía protegía. La incredulidad de Javier se convirtió en furia cuando Sofía defendió a Rodrigo, culpó a su abuela del "accidente" y le reveló que había manipulado la investigación. Él descubrió que Rodrigo se había saltado un semáforo en rojo. La amenaza de Sofía, de congelar sus cuentas y prohibirle ver a su abuela si la demandaba, lo dejó sin aliento, sintiéndose atrapado. En medio de su desesperación, recogiendo las últimas cosas de su abuela, Javier las encontró en su propia casa: Sofía y Rodrigo, coqueteando, conspirando, llamándolo "la pequeña piedra en el zapato". La traición se clavó en su corazón. De repente, un sobre polvoriento reveló un secreto: la patente del esmalte "Azul Cobalto Lunar" de su abuela, la base del imperio de Sofía, ahora le pertenecía. El poder había cambiado de manos. Con esta revelación, Javier recuperó su voz, su propósito: "Voy a destruir tu negocio para salvarla a ella". La guerra acababa de comenzar.