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Adiós a la señora Cooley: El regreso de la arquitecta

Adiós a la señora Cooley: El regreso de la arquitecta

Fui al Registro Civil para pedir una copia de mi acta de matrimonio. Llevaba tres años casada con el heredero de los Cooley, o al menos, eso creía. El funcionario me miró con pena a través del cristal y soltó la bomba: "No hay registro. El acta nunca se devolvió. Legalmente, usted es soltera". El mundo se me vino encima. Gray me había prometido encargarse del papeleo el día de nuestra boda. Justo en ese momento, mi teléfono vibró. Una notificación de un álbum compartido titulado *Nuestro pequeño secreto*. Al abrirla, vi una prueba de embarazo positiva y mensajes de texto fechados esa misma mañana: "Aguanta un poco más, nena. Hoy se libera el dinero del fideicomiso. Mañana echo a esa mula estéril a la calle y seremos libres". Era mi esposo hablando con Brylee, mi mejor amiga y dama de honor. Entendí todo de golpe con una náusea violenta. No era una esposa, era un accesorio necesario para cobrar una herencia. Me usaron para cumplir el requisito de tres años del fideicomiso. Se burlaban de mi infertilidad -la cual sufrí por salvarle la vida a Gray en un accidente- mientras ellos esperaban a su "verdadero heredero" a mis espaldas. Planeaban dejarme sin un centavo, sin reputación y humillada al día siguiente. Me limpié las lágrimas y saqué mi labial rojo sangre del bolso. En lugar de confrontarlos llorando, llamé al enemigo mortal de la familia, el despiadado magnate Hjalmer Barrett. "Sé que odia a los Cooley", le dije con voz firme al teléfono. "Yo tengo las llaves para destruirlos y quitarles todo. A cambio, quiero casarme con su hijo, la Bestia de Wall Street". Esa noche volví a casa con una sonrisa, lista para convertir sus vidas en un infierno.
La heredera Oculta

La heredera Oculta

Mónica siempre creyó que era una mujer común que debía luchar el doble para sobrevivir. Tras meses de esfuerzo como analista en el poderoso Grupo Financiero Voraz, es despedida injustamente por Adrián, el frío, arrogante y joven CEO que no tolera los errores de nadie. Con una caja de cartón en las manos y el orgullo herido, Mónica jura que no volverá a pisar ese edificio. Pero el destino tiene otros planes. Esa misma noche, el abogado más poderoso de la ciudad toca a su puerta con un secreto que cambiará su vida para siempre: el legendario fundador de la multinacional, el hombre más rico del país que acaba de fallecer, era en realidad su abuelo biológico. Él la ocultó bajo una identidad falsa toda su vida para protegerla de una familia despiadada y de los enemigos corporativos. Ahora, al morir, la ha nombrado su única heredera universal, otorgándole el 40% de las acciones de la compañía. Al día siguiente, Mónica regresa. No va por sus pertenencias. Escanea sus nuevas credenciales en el ascensor privado y avanza directo hacia El Pabellón de Cristal, el ala ejecutiva más restringida del holding. Entra sin llamar a la sala del consejo en medio de una votación crucial, interrumpe la presentación de Adrián y se sienta en el sillón presidencial de piel negra. Para Adrián, ella era solo una empleada prescindible de los cubículos comunes; ahora, es la dueña de su destino laboral y la única persona en todo el complejo a la que debe rendirle cuentas. Entre reuniones de alta tensión, secretos familiares que salen a la luz y una innegable e irritante atracción, Mónica tendrá que demostrar que la sangre de los Voraz corre por sus venas, mientras Adrián descubre que su nueva y peor pesadilla es la única mujer que no puede controlar.