Gabbi Galt
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Libros y Cuentos de Gabbi Galt
La Esposa Infiel: Precio del Engaño
Moderno El aire del hospital se hizo pesado la noche en que el doctor nos dio la noticia: "La insuficiencia renal de Manuel es terminal. Necesita un trasplante". Mi hijo, de apenas seis años, se debatía entre la vida y la muerte.
La única esperanza era mi hermano menor, Eduardo. Pero el alivio duró poco. Nos citó a mi padre y a mí: "Claro que lo haré, es mi sobrino. Pero tenemos que hablar de la compensación. Quiero dos casas a mi nombre. Diez millones de pesos en efectivo. Y el veinte por ciento de las acciones de tu empresa". Ante su descarada extorsión, mi respuesta fue firme: "No".
Mi esposa, Laura, me miraba con horror. "Ricardo, ¿escuchaste lo que dijo el doctor? ¡Manuel se está muriendo!" Mi padre, David, me condenó: "¡Avaro! ¡No puedo creer que seas mi hijo! ¡Siempre has sido un egoísta sin corazón!". Mi madrastra, Carmen, añadía leña al fuego con falsa preocupación. La escena era un circo, y yo el monstruo.
La presión se intensificó. Laura se arrodilló ante Eduardo, suplicando: "Te serviré como una esclava por el resto de mi vida, pero por favor, no dejes que muera". Mi padre me amenazó con desheredarme. Laura, desesperada, me sacudió: "¡Es dinero! ¡Puedes ganar más dinero! ¡Pero no puedes recuperar a Manuel! ¡Es nuestro hijo!". Todos mis seres queridos se unieron en un coro para forzarme.
La enfermera me pidió el pago de la diálisis y un depósito. Ante los ojos de todos, arrugué la factura y la dejé caer. "No". La bofetada de Laura resonó en el pasillo, su voz hueca anunciaba el divorcio. Con frialdad, bloqueé el dinero de Laura y le arrebaté su última tarjeta de débito: "Ni un centavo mío se gastará en esto". La multitud me juzgaba, llamándome monstruo desalmado por negarme a pagar y arruinar a mi esposa.
La desesperación de Laura llegó a su clímax. Eduardo soltó su bomba: "¿Será que el niño no es tuyo? ¿Quizás por eso no te importa?". Laura, entre lágrimas, se arrodilló ante mí, suplicando piedad. La gente gritaba y un hombre corpulento me sujetó. Pero en medio del caos, Laura logró tomar su tarjeta, pagó, y yo solté la verdad: "Manuel no es mi hijo. Y tampoco es tuyo". El campo de batalla estaba listo. Deshonra y Redención
Urban romance La música de mariachi era la banda sonora del día más importante de mi vida: el ochenta cumpleaños de mi abuelo, El Santo de Plata, donde me presentarían como el heredero de los Ramírez, con mi prometida, Sofía, a mi lado.
Pero el nudo en mi estómago solo crecía, hasta que Sofía se lanzó a los brazos de Pedro, mi entrenador de boxeo, y lo besó frente a todos: mi familia, la sociedad entera.
"¡Tengo que ser honesta! ¡No puedo seguir con esta farsa! ¡Amo a Pedro! ¡Lo amo porque es real! ¡Tiene un alma humilde, algo que todo tu dinero nunca podrá comprar!"
Sus palabras me llovieron como latigazos, mientras cientos de ojos me devoraban; algunos con lástima, la mayoría con un morbo insaciable.
"No es tu culpa, Diego. Simplemente no eres suficiente para mí. Yo necesito pasión, necesito verdad. No necesito una vida de lujos vacíos. Pedro me ha liberado."
La humillación ardía, pero su cinismo me hirvió la sangre. ¿"Alma humilde"? ¿"Amor verdadero"? ¡Qué descaro!
Mi abuelo, mi heroico abuelo, rugió como un depredador: "¡Desgraciados! ¡En mi casa! ¡Vienen a deshonrar a mi nieto!"
Fue como una sentencia: "¡Te voy a enseñar lo que es un alma humilde cuando te la arranque del cuerpo, pedazo de mierda!"
Ellos huyeron, dejándome ahogado en el silencio de los juicios. El jardín se vació, mi abuelo me miró con una frialdad aterradora; no había ira, solo una promesa silenciosa.
"No te preocupes, mijo. Esto no se queda así."
Y susurró su verdad: "A esa familia le vamos a poner una maldición. El Santo de Plata jura venganza."
Y así, en las cenizas de mi orgullo destrozado, nació una sed de retribución que ni el tequila más fuerte podría calmar. El Engaño de un Amor Pasado
Fantasía El aire denso y cálido de la Ciudad de México de los 90 se pegaba a mi piel, una sensación extraña incluso después de un año. Me había despertado de vuelta en mi cuerpo de dieciocho, pero con todos los recuerdos de una vida de treinta y cinco, una carrera como ingeniera de software y una muerte prematura.
La esperanza se encendió cuando descubrí que Ricardo, mi prometido de toda la vida, el hombre al que moriría amando, también había renacido, mostrando una brillantez antinatural que no tenía en el pasado.
Creí que esta vez, finalmente podríamos hacerlo bien, evitar los errores y construir el futuro que perdimos.
Pero la realidad golpeó como un mazazo cuando, en un escenario público, Ricardo, el hombre que me prometió amor eterno en su lecho de muerte, se arrodilló frente a otra mujer que apenas conocía, María, la "Reina de Belleza" de la fábrica, y le propuso matrimonio, ignorándome por completo.
Su voz resonó con una adoración que nunca me había mostrado: "María, desde que te vi, supe que eras la mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida. Me has hecho un hombre mejor. ¿Quieres casarte conmigo?"
El mundo se hizo añicos. Me di cuenta de que su renacimiento no era para mí; era para conseguir a la mujer que siempre quiso y nunca pudo tener.
Lloré hasta que no me quedaron lágrimas, pero en mis ojos devastados, una nueva determinación nació. Esta vez, la historia iba a cambiar. Si Tuviera Segunda Oportunidad
Moderno Yacía en aquella cama de hospital de lujo en la Ciudad de México, mi cuerpo apenas sostenido por tubos, cada aliento una batalla.
Frente a mí, los dos hombres por los que lo di todo: Ricardo, mi esposo, el magnate inmobiliario que ayudé a construir desde cero, y Jorge, mi hijo, la luz de mi vida.
Pero sus miradas no eran para mí, sino para un fajo de papeles que Ricardo me empujó: un documento para cederlo todo a Camila, la joven ambiciosa que él llamaba su nueva "socia".
"Elena, tienes que firmar", dijo Ricardo, su voz helada. Jorge, mi propio hijo, añadió: "Mamá, por favor, solo firma. Camila es una visionaria. Tú… solo fuiste una socia operativa".
¿Socia operativa? Después de sacrificar mi legado, mi sueño, mi vida, para que ellos tuvieran todo. Una risa amarga escapó de mis labios.
El monitor cardíaco se volvió loco. Ricardo finalmente me miró, con una brutal sinceridad reservada solo para los moribundos. "Nunca te amé, Elena. Mi matrimonio contigo fue un negocio. A quien siempre amé fue a Camila. Tú solo fuiste el medio para conseguir el fin".
El pitido del monitor se hizo continuo. Mi mano cayó inerte. Morí con el corazón destrozado, traicionada hasta el último aliento.
Oscuridad. Y luego, un rayo de sol cálido. Abrí los ojos y reconocí el techo de mi antiguo apartamento de soltera. Mis manos eran jóvenes, firmes. ¡Estaba viva y tenía veinticinco años!
De repente, un golpe en la puerta. Abrí y mi corazón se detuvo: era Ricardo, joven y radiante, con un ramo de mis flores favoritas. Y detrás de él, Camila, con su sonrisa tímida y llena de ambición.
Recordé la fecha: el día en que Ricardo me propuso matrimonio. El día en que Camila entró a nuestras vidas. Mi infierno.
"Elena, mi amor", dijo Ricardo, arrodillándose, con la voz llena de miel. "Cásate conmigo. Construyamos un imperio juntos".
En mi vida pasada, lloré de felicidad y dije que sí. Pero esta vez, una sonrisa fría se dibujó en mis labios.
"No", dije, claro y firme. "No me voy a casar contigo".
Ricardo parpadeó, confundido.
"Pero", continué, mi voz un susurro cortante, "estoy dispuesta a considerar una sociedad de negocios. Con términos muy claros. Y con una cláusula de salida muy estricta para ti".
Los dejé atónitos en el pasillo, escuchando sus susurros a través de la puerta. "Es sólo un capricho", dijo Camila. "Ella es sólo un escalón... el dinero de su familia es lo que necesitamos".
Escalón. No esta vez. Esta vez, yo no sería el escalón. Yo sería el precipicio. La Venganza No Espera
Urban romance Mi prima Scarlett siempre ha tenido una obsesión: robarme todo lo que valoro, convirtiéndome en su eterna víctima y el juguete perfecto para su vanidad.
Cuando le informé a Máximo, el heredero de los hoteles Castillo, sobre el comportamiento de mi prima narcisista, solo pude ver el desafío brillar en sus ojos, sin sospechar la verdadera oscuridad que se escondía detrás de la suya.
Mientras yo orquestaba el "robo" de Máximo para arruinar a Scarlett, él planeaba engañarme a mí también, usando mi historia para manipularme y atraerme a un infierno oculto.
Me negué a ser un peón más en su juego retorcido; no podía permitir que el monstruo que había desenterrado siguiera lastimando a otros.
Esta vez, no era una simple venganza de primas, sino una lucha por la justicia, y convertiría al cazador en la presa definitiva. El Sueño Previsto que Nadie Cree
Moderno Mi pesadilla no era solo un sueño, era una premonición. Embarazada de siete meses, vi con vívidos detalles a los "Sombras" masacrar mi aldea: la señora Elena, los niños, y a mí misma, desangrándome.
Desesperada, rogué a mi esposo Mateo, capitán de la guardia, que no dejara el pueblo indefenso. Pero su orgullo, avivado por su amante Camila, lo cegó. Él partió con todos los hombres armados, abandonándonos a mujeres y niños.
El horror se desató. Los "Sombras" atacaron, masacrando a los indefensos. Cuando los hombres regresaron, Camila me acusó de traidora. Y Mateo, ¡mi propio esposo!, me pateó el vientre brutalmente, arrebatándome a nuestro bebé.
¿Cómo mi sincera advertencia, mi amor por el pueblo, me condenó a tal infierno? Fui arrastrada, rota y sangrando, al poste de la vergüenza, acusada por aquellos a quienes intenté salvar. La injusticia era insoportable.
Justo cuando iban a lincharme, Sofía, la hermana de Mateo, emergió de las ruinas con niños supervivientes. Su voz desgarradora reveló la cobardía y negligencia de Mateo y Camila. El odio de la multitud se desvió. Mi desesperación se transformó en fría determinación. Me levanté. La venganza sería mi único consuelo. Le puede gustar
La esposa rechazada es multimillonaria
Leeland Lizardo Durante siete años fui la esposa perfecta y silenciosa, ocultando mi verdadera identidad mientras trabajaba como enfermera de urgencias.
Hasta que mi multimillonario esposo irrumpió en mi sala con una mujer cubierta de sangre en sus brazos. Era Allena, la prometida de su primo.
Me empujó con violencia para protegerla. Al examinarla, mis instintos médicos revelaron la repugnante verdad: una hemorragia interna masiva causada por relaciones sexuales salvajes. Él me arrojó un cheque de cien mil dólares para comprar mi silencio. Poco después, cuando sus amigos me acorralaron para humillarme, él volvió a empujarme para salvar a su amante de un simple café derramado. Mi cuerpo salió volando y mi brazo se estrelló contra una mesa de cristal, abriendo una herida profunda que empapó la alfombra de sangre.
Él se quedó paralizado, pero ni siquiera intentó ayudarme; seguía abrazándola a ella. Recordé cómo tuve que falsificar un aborto y esconder a nuestra hija durante cinco años porque él amenazó con destruirme si alguna vez quedaba embarazada. Todo mi amor y sumisión se convirtieron en puro asco.
Con escalofriante calma, me até un torniquete con los dientes, estampé mi sangre directamente en su impecable traje a medida y lo miré a los ojos.
"Terminé contigo."
El contrato matrimonial expira en tres días. Es hora de despertar a mi verdadera identidad, vaciar su penthouse y dejarlo rogando entre las ruinas. Nunca más seré tuya
IReader Desde que Ryan la acogió, Camila había intentado ser razonable y agradable, adaptándose a sus cambios de humor.
Él la había criado, pero ella nunca lo vio como pariente; estaba segura de que terminarían juntos.
El día que cumplió veinte años, lista para confesar sus sentimientos de nuevo, la mujer que él amaba regresó al país.
La joven escuchó a su tío hablando con sus amigos sobre ella: "Camila es solo una niña para mí; nunca podría verla de esa manera. La única persona a la que amo es Olivia".
Ella se alejó, y Ryan se derrumbó.
Más tarde, en su boda, Camila sonrió radiante en su vestido blanco de novia. Ryan suplicó: "Me arrepiento, Camila. Por favor, no te cases con él".
Con calma, ella dijo: "¿Puedes dejarme ir? Mi esposo me está esperando". Matrimonio relámpago con el magnate, estoy muy mimada
IReader Repudiada por una familia de la "élite" y ridiculizada por la alta sociedad, Elena sorprendió a todos al casarse con el hombre más poderoso de la ciudad.
Todos suponían que era un acuerdo temporal; después de todo, él había dicho: "Esto es por dos años. Después de eso, se acabó".
Sin embargo, después de la boda, él se negó a dejarla ir. "Elena, no puedes dejarme".
A medida que él le prestaba más atención, los rumores se desvanecían uno tras otro. Pintora de renombre, hacker de élite y un genio de la tecnología: sus verdaderas identidades dejaron al mundo atónito.
Cuando un imperio del lujo anunció que había encontrado a su heredera perdida, todas las miradas se volvieron hacia ella. "¿Por qué se parecía exactamente a Elena?". Se retira la Primera Dama, y entra Su Majestad
Asher Wolfe Durante tres años, Allison interpretó el papel de la perfecta Primera Dama en un matrimonio que nunca le devolvió el amor.
Nolan le entregó los papeles del divorcio, burlándose de sus orígenes mientras su madre la menospreciaba por no poder tener hijos y su amante embarazada reclamaba su lugar. Así que Allison se fue.
El mismo día que dejó a su esposo, su familia la reclamó como una princesa perdida.
Corona, fortuna, poder, tres hermanos imponentes y un consorte real elegido a dedo ahora estaban a su lado.
Su hermano mayor, el traficante de armas más temido del mundo, deslizó una tarjeta negra sobre la mesa y le dijo: "Adelante. Gasta a tu antojo".
Su segundo hermano, el médico genio, giraba un bisturí entre sus dedos, mientras decía: "Dime, hermanita. ¿Cuántos cortes merecen los que te hicieron daño?".
Su tercer hermano, una superestrella mundial de las artes marciales, irrumpió en el refugio de su exmarido. "¿Quién hizo llorar a mi hermana? Es hora de pagar las consecuencias".
Cuando su arrepentido ex suplicó por otra oportunidad, Allison solo sonrió.
Era demasiado tarde. Ya no era su esposa. Era su peor error. Adiós a la señora Cooley: El regreso de la arquitecta
Autumn Breeze Fui al Registro Civil para pedir una copia de mi acta de matrimonio. Llevaba tres años casada con el heredero de los Cooley, o al menos, eso creía.
El funcionario me miró con pena a través del cristal y soltó la bomba:
"No hay registro. El acta nunca se devolvió. Legalmente, usted es soltera".
El mundo se me vino encima. Gray me había prometido encargarse del papeleo el día de nuestra boda.
Justo en ese momento, mi teléfono vibró. Una notificación de un álbum compartido titulado *Nuestro pequeño secreto*.
Al abrirla, vi una prueba de embarazo positiva y mensajes de texto fechados esa misma mañana:
"Aguanta un poco más, nena. Hoy se libera el dinero del fideicomiso. Mañana echo a esa mula estéril a la calle y seremos libres".
Era mi esposo hablando con Brylee, mi mejor amiga y dama de honor.
Entendí todo de golpe con una náusea violenta. No era una esposa, era un accesorio necesario para cobrar una herencia.
Me usaron para cumplir el requisito de tres años del fideicomiso. Se burlaban de mi infertilidad -la cual sufrí por salvarle la vida a Gray en un accidente- mientras ellos esperaban a su "verdadero heredero" a mis espaldas.
Planeaban dejarme sin un centavo, sin reputación y humillada al día siguiente.
Me limpié las lágrimas y saqué mi labial rojo sangre del bolso.
En lugar de confrontarlos llorando, llamé al enemigo mortal de la familia, el despiadado magnate Hjalmer Barrett.
"Sé que odia a los Cooley", le dije con voz firme al teléfono. "Yo tengo las llaves para destruirlos y quitarles todo. A cambio, quiero casarme con su hijo, la Bestia de Wall Street".
Esa noche volví a casa con una sonrisa, lista para convertir sus vidas en un infierno. Nunca más te perteneceré: ¡es demasiado tarde!
IReader Desde que Ryan la acogió, Kailey se había esforzado por comportarse con sensatez, haciendo todo lo posible por complacerlo.
La había criado, pero ella nunca lo vio como familia; siempre estuvo convencida de que acabarían siendo pareja.
El día que cumplió veinte años, lista para confesar sus sentimientos otra vez, regresó la mujer amada de Ryan.
"Kailey es solo una niña; nunca podría verla de esa manera. La única persona que realmente amo es Olivia", dijo el hombre.
Entonces ella se marchó, pero Ryan se derrumbó.
Más tarde, en la boda, Kailey lucía un vestido de novia blanco y sonreía radiante.
Ryan suplicó: "Me arrepiento. Por favor, no te cases con él".
Con calma, ella respondió: "¿Puedes soltarme? Mi novio no lo apreciará". Maridos intercambiados, destinos cambiados
Mia Caldwell En su vida anterior, Gracie se casó con Theo. Aparentemente, eran la pareja académica ideal, pero en privado, ella se convirtió en un simple escalón para su ambición y terminó en un final trágico.
Su hermana menor Ellie se casó con Brayden, solo para ser abandonada por el regreso de su verdadero amor, quedando sola y deshonrada.
Esta vez, ambas hermanas renacieron. Ellie se apresuró a casarse con Theo, persiguiendo el éxito que Gracie una vez tuvo, sin darse cuenta de que estaba repitiendo el mismo desamor.
Gracie, en cambio, entró en un matrimonio basado en un acuerdo sin amor con Brayden. Pero cuando surgió el peligro, él la defendió ferozmente.
¿Podría el destino finalmente reescribir sus desenlaces?