Leeland Lizardo
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Libros y Cuentos de Leeland Lizardo
Mi Verdad Contra Su Arrogancia
Moderno El reflector me cegaba, sentía el calor en la piel, pero por dentro estaba helada.
Estaba en "El Desafío del Emprendedor" , el reality que prometía lanzar mi aplicación "Raíces Vivas" , mi vida entera, a la fama.
Mi proyecto sobre lenguas indígenas era conmovedor, según los jueces.
Creí que la inversión que lo cambiaría todo estaba al alcance de mi mano.
Pero entonces, Ricardo, el magnate con cero conexión real con nuestra cultura, tosió, su arrogancia llenando el estudio.
"La autenticidad es clave en estos... proyectos folclóricos" , dijo, su mirada burlona me taladraba.
Me lanzó un reto en zapoteco, deformando las palabras.
Le respondí, corrigiendo cada sílaba, con el cuidado que me enseñaron los ancianos de Juchitán.
Su risa fue cruel. "¡Qué farsa!" , sentenció, y en un instante, el aire se congeló.
El murmullo del público se volvió hostil.
Me llamó "fraude" , "oportunista" , "charlatanería" , sus palabras golpes directos al alma.
Mis sueños se estrellaron con mi tablet, rota en mil pedazos en el suelo.
Los guardias me arrastraron fuera, lejos de las luces, hacia la oscuridad más absoluta.
La humillación seguía en los pasillos: Ricardo se burlaba de mi "acento falso" .
La rabia me quemaba, ahogando las lágrimas.
Desafié al farsante. "Subamos de nuevo al escenario. Llamaré a los verdaderos hablantes. Que ellos decidan quién es el farsante."
Hubo un instante de pánico en sus ojos.
Javier, el presentador, trajo a seguridad. Me empujaron contra una estructura metálica.
Sentí un dolor agudo, una línea roja de sangre apareció en mi brazo.
"Deberías tener más cuidado" , se mofó Ricardo.
Me arrojaron a un callejón oscuro, sola con el dolor y el eco de sus risas.
Al poco, Javier llamó, ofreciendo una "segunda oportunidad" , exigiendo una disculpa pública.
Ricardo también llamó: "¿Cuánto quieres por desaparecer?"
"No quiero tu dinero, quiero justicia" , respondí.
Me amenazó, su voz helada: "Haré que te arrepientas de haber nacido" .
El peso de su poder me ahogaba. ¿Rendirme? ¿Vivir sabiendo que un farsante destruyó mi dignidad?
"No me voy a rendir" . Colgué.
Al día siguiente, regresé al estudio. Mis padres aparecieron en el escenario, manipulados, avergonzados.
"¡Sofía, ¿cómo pudiste?!" , me dijo mi madre.
¡PLAF! La bofetada de mi padre resonó en todo el estudio.
"¡Pídele perdón de rodillas ahora mismo!" , me ordenó mi madre, las lágrimas corriéndole por las mejillas.
Ricardo sonreía, triunfante. Esto era su obra maestra.
Me habían dejado completamente sola. ¿Qué harías tú en mi lugar? La Madre Abogada, Esfuerzo Para Su Hija
Moderno El vapor de la ducha apenas ocultaba la ansiedad en mis ojos mientras me preparaba para ver a Luna.
Era la primera vez en tres meses que Ricardo, mi exesposo, me concedía una visita supervisada en la que una vez fue mi hogar.
Mi corazón latía como un tambor mientras un doloroso fragmento de memoria me golpeaba: el chirrido de los neumáticos, el olor a quemado, el metal retorciéndose.
Después, el hospital y la voz fría de Ricardo: "Tuvo un golpe. Nada grave, pero… tendrá secuelas. Una… discapacidad."
Y luego su peor golpe: "Mamá, ¿dónde está Sofía? ¡Quiero verla!" "Tu memoria está afectada, estás inestable. No sería bueno para ella verte así."
Así usó mi amnesia en mi contra, convirtiéndome en la mujer loca, incapaz y rota para deshacerse de mí y de la "inconveniencia" de nuestra hija.
Hoy me atreví a regresar a esa mansión, solo para encontrar a Valentina, la amante de Ricardo, maltratando a mi Luna.
"¡Le estás haciendo daño!" , grité, pero Ricardo apareció y me acusó de exagerar, de estar inestable, de ser la culpable.
"¡No estoy loca! ¡Vi cómo la trataba!", le supliqué, pero él me expulsó de la casa como una extraña, arrebatándome a mi hija una vez más.
¿Por qué él podía creer una mentira tan vil? Y lo peor, era que Luna me estiró su manita, gritando "¡Mami!", mientras Valentina se la llevaba.
El dolor me aplastaba, pero al escuchar a Ricardo llamarme "inmigrante pobre que salvé", algo se encendió en mí.
Nunca fue amor, fue un negocio. Él necesitaba una esposa manejable, yo necesitaba el tratamiento para mi padre. Fui una tonta al creer.
"Quiero el divorcio" , le dije, y la rabia me consumió, dándole una bofetada a Valentina.
"Es mi hija también" , le grité a Ricardo mientras me echaba, pero él se burló: "Ningún juez te daría la custodia en tu estado."
Su madre, Doña Elena, me ofreció dinero para que desapareciera, para que renunciara a Luna.
Pero la imagen de mi hija, suplicando, me hizo recuperar la fuerza.
"Voy a recuperarla" , le dije a Doña Elena, "No me importa lo que cueste. Lucharé contra ustedes y contra el mundo entero si es necesario."
Ya no tenía nada que perder, y eso me hacía muy peligrosa.
Así que me fui, no derrotada, sino con una promesa a mi padre: "Haré que se arrepientan de haber subestimado a la inmigrante loca."
Que comience la guerra. Recetas Robadas, Amor Traicionado
Romance El aire del hospital apestaba a desinfectante y a muerte, una mezcla que se me había metido hasta los huesos.
Postrada en esa cama, los días y las noches se confundían.
En la tele, siempre encendida, hablaban de Ricardo Vargas, el nuevo genio culinario de México, a punto de ganar "Sabor de México".
Mi restaurante, "Alma", el sueño de mi vida, estaba en ruinas, a medias de construir y con deudas que me aplastaban.
Todo por él, por Marco.
La puerta se abrió y entró mi prometido, pero no venía solo; a su lado, con una sonrisa de suficiencia, caminaba Ricardo Vargas.
Verlos juntos fue como si me echaran sal en una herida abierta.
"Sofía, ¿cómo sigues?", preguntó Marco, con una formalidad vacía.
Ricardo ni siquiera disimuló su desprecio.
"Marco, no sé para qué venimos a verla, solo es una pérdida de tiempo. Tenemos que celebrar nuestro éxito".
Mi éxito, el que me robaron.
"Marco", susurré, la voz apenas un hilo, "mis recetas... el libro de mi abuela... ¿dónde está?".
Él desvió la mirada.
"Sofía, ¿de qué hablas? Estás delirando por la fiebre".
"¡No estoy delirando!", insistí, intentando incorporarme.
Ricardo soltó una carcajada.
"Ah, ¿hablas de ese viejo cuaderno lleno de garabatos? Fue la inspiración perfecta para mis nuevos platillos".
Sentí que el mundo se me venía encima; Marco, el hombre que amaba, se había aliado con mi mayor rival para destruirme.
No solo me robó mi dinero y mi futuro, sino el legado de mi familia.
"¿Por qué?", logré preguntar, las lágrimas mezclándose con el sudor frío.
Él se encogió de hombros con una frialdad que me heló el alma.
"Ricardo me ofreció más de lo que tú jamás podrías darme, Sofía. Fama, dinero... yo no nací para estar atado a una cocinera con delirios de grandeza".
El monitor a mi lado empezó a pitar de forma errática. Mi cuerpo, ya debilitado, estaba llegando a su límite.
"Bueno, nosotros nos vamos", dijo Ricardo, tirando del brazo de Marco.
Se fueron, dejándome sola con el eco de sus risas y el sonido agudo de la máquina.
Miré el tubo de oxígeno.
No tenía nada.
Con la poca fuerza que me quedaba, me arranqué la mascarilla de oxígeno.
El pitido del monitor se volvió un chillido ensordecedor.
Cerré los ojos, deseando solo una cosa: "Si tuviera otra oportunidad...".
De repente, una luz brillante me cegó.
El aire volvió a mis pulmones con una bocanada brusca y dolorosa.
Abrí los ojos de golpe.
No estaba en el hospital.
Estaba en mi apartamento, el sol de la mañana entraba por la ventana.
Miré mis manos, llenas de vida.
Un calendario en la pared marcó la fecha: un año atrás.
El día en que Marco y yo íbamos a firmar el préstamo final para el restaurante.
El día en que mi infierno comenzó.
Había vuelto.
Una risa amarga escapó de mis labios.
No era un sueño.
Me habían dado una segunda oportunidad, y esta vez, no la iba a desperdiciar.
Me levanté, llena de una determinación que no sentía desde hacía mucho tiempo.
"¿Sofía? ¿Ya estás lista? Se nos hace tarde para ir al banco", la voz de Marco sonó desde la sala.
Salí del cuarto y lo vi, sonriendo como si nada.
"No vamos a ir al banco, Marco", anuncié con calma.
"¿Qué? ¿De qué hablas?".
"Nuestro sueño se acabó", respondí.
"Voy a la oficina del registro civil. Voy a pedir el divorcio". La Estudiante Vengadora
Adulto Joven Me preparaba meticulosamente para la Selectividad, el examen que prometía abrirme las puertas a la universidad que siempre soñamos con mi mejor amigo, Máximo.
Pero este "sueño" se convirtió en una pesadilla insoportable cuando, por intentar salvarlo de la autodestrucción, él me acusó falsamente de acoso sexual.
Mi vida se desmoronó: mis padres, destrozados por la humillación pública, se quitaron la vida, y yo, Luciana, terminé en la cárcel, sola, con el corazón destrozado y el alma rota.
La injusticia me carcomía, ¿cómo pude haber perdido todo por la mentira de alguien a quien quise proteger, mientras los demás solo veían un monstruo en mí?
Ahora, estoy de vuelta, en el mismo día antes del desastre, pero con una diferencia crucial: esta vez, no intentaré salvar a nadie, me aseguraré de que Máximo camine solo hacia su propia ruina, mientras yo reclamo mi futuro, cueste lo que cueste. Construir La Escalera
Romance Con mi título de la UNAM y mención honorífica en pedagogía escondido en un cajón, me convertí en institutriz para la opulenta familia de la Vega, sacrificando mi orgullo para salvar a mi familia de las deudas. Allí, en la fría mansión de Polanco, encontré a Valentina, una niña de diez años, etiquetada como "demonio" , pero que en realidad era un alma solitaria y maltratada, con quien forjé una inesperada alianza.
Nuestra rebelión silenciosa se convirtió en un grito cuando Valentina, embolden por mis palabras, se atrevió a desafiar la misoginia de su madre, Isabel, exigiendo un lugar en el negocio familiar. Fue entonces cuando Isabel, con una furia desmedida, me señaló y, triunfante, reveló mi secreto: "¡Es una impostora! ¡Nos mintió a todos! ¡Solo tiene la preparatoria!"
Mi verdad, mi vergüenza, fue usada como mi condena. Fui despedida al instante, mi nombre en la lista negra de toda casa de élite de la ciudad, obligada a regresar a mi humilde pueblo en Puebla. Pero el infierno no había terminado; mi propia familia, a quien intentaba salvar, me recibió como una inversión fracasada, dispuesta a venderme al mejor postor para sus propias arcas.
La humillación culminó en la fiesta de cumpleaños de mi padre, donde me ofrecían descaradamente cual ganado. ¿Era este el destino de toda mujer que se atreve a soñar más allá? ¿La recompensa por la lealtad y el sacrificio? Me había batido por otros, pero ¿por qué parecía que mi propio clan me trataba con más desprecio que cualquier extraño?
Pero del dolor y el ostracismo nació una fuerza inquebrantable. Decidí que si el mundo no me daría un espacio, lo construiría yo misma. Mis lágrimas se convirtieron en cemento y mi resentimiento en la base de un nuevo futuro. Quise saber: ¿Podría una institutriz sin empleo y una niña rebelde, unidas por la traición, construir un legado que reescribiera el destino de incontables mujeres? Cuando la Venganza es la Única Opción
Moderno Siempre creí que mi matrimonio con Alejandro de la Vega era un pacto perfecto, una fusión inquebrantable de la vieja aristocracia y el nuevo poder.
Este acuerdo se basaba en el respeto, el poder y, por mi parte, una creencia inquebrantable en nuestros límites.
Pero esa fe se hizo añicos la noche en que él permitió a su joven becaria, Valentina, ocupar mi lugar en el asiento del copiloto de su coche clásico.
Luego vino la pulsera de subasta, que debía ser mía, pero apareció orgullosamente en la muñeca de Valentina, una humillación pública que mi marido defendió.
Él la protegió incluso despidiendo a mi leal asistente, Isabel, y se mudó de casa, mostrándola públicamente en eventos de élite como su nuevo trofeo.
Me convertí en el hazmerreír de nuestro exclusivo círculo, la esposa abandonada y humillada.
Sin embargo, mi rabia no fue ciega; fue metódica y fría, alimentada por la comprensión de que Alejandro me usaba para proyectar su propio complejo de salvador y mi sufrimiento era su castigo personal.
Ya no había espacio para la conmiseración; solo quedaba la certeza de que había subestimado el daño que había causado.
Así, en una Nochebuena que marcaba el clímax de su traición, le lancé la bomba de un 'embarazo' con una cronología estratégica, despojándolo de su orgullo y revelando el abismo de nuestra farsa.
Mientras él se desmoronaba en la desesperación, le entregué los papeles del divorcio, cuidadosamente preparados, sellando el fin de su tiranía.
Tres años después, convertida en una mujer poderosa y felizmente independiente, Alejandro descubrió en un reencuentro casual que el hijo que crié solitariamente era suyo, un golpe devastador para su alma.
Aunque su ruego de perdón llenaba el aire, mi rechazo fue total y sereno: mi futuro, por fin, era solo mío, libre de la sombra de un 'nosotros' que él mismo había destruido. Le puede gustar
Nunca más seré tuya
IReader Desde que Ryan la acogió, Camila había intentado ser razonable y agradable, adaptándose a sus cambios de humor.
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El día que cumplió veinte años, lista para confesar sus sentimientos de nuevo, la mujer que él amaba regresó al país.
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Con calma, ella dijo: "¿Puedes dejarme ir? Mi esposo me está esperando". Se retira la Primera Dama, y entra Su Majestad
Asher Wolfe Durante tres años, Allison interpretó el papel de la perfecta Primera Dama en un matrimonio que nunca le devolvió el amor.
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Lazy Sunday "Elliana, la ""patita fea"" rechazada por su familia, fue humillada por su hermanastra Paige, la admirada por todos, comprometida con el CEO Cole, era la mujer más arrogante... hasta que él se casó con Elliana el día de la boda. Todos, atónitos, se preguntaron por qué había elegido a la mujer ""fea"".
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""Mi esposa no necesita la aprobación de nadie""." Adiós a la señora Cooley: El regreso de la arquitecta
Autumn Breeze Fui al Registro Civil para pedir una copia de mi acta de matrimonio. Llevaba tres años casada con el heredero de los Cooley, o al menos, eso creía.
El funcionario me miró con pena a través del cristal y soltó la bomba:
"No hay registro. El acta nunca se devolvió. Legalmente, usted es soltera".
El mundo se me vino encima. Gray me había prometido encargarse del papeleo el día de nuestra boda.
Justo en ese momento, mi teléfono vibró. Una notificación de un álbum compartido titulado *Nuestro pequeño secreto*.
Al abrirla, vi una prueba de embarazo positiva y mensajes de texto fechados esa misma mañana:
"Aguanta un poco más, nena. Hoy se libera el dinero del fideicomiso. Mañana echo a esa mula estéril a la calle y seremos libres".
Era mi esposo hablando con Brylee, mi mejor amiga y dama de honor.
Entendí todo de golpe con una náusea violenta. No era una esposa, era un accesorio necesario para cobrar una herencia.
Me usaron para cumplir el requisito de tres años del fideicomiso. Se burlaban de mi infertilidad -la cual sufrí por salvarle la vida a Gray en un accidente- mientras ellos esperaban a su "verdadero heredero" a mis espaldas.
Planeaban dejarme sin un centavo, sin reputación y humillada al día siguiente.
Me limpié las lágrimas y saqué mi labial rojo sangre del bolso.
En lugar de confrontarlos llorando, llamé al enemigo mortal de la familia, el despiadado magnate Hjalmer Barrett.
"Sé que odia a los Cooley", le dije con voz firme al teléfono. "Yo tengo las llaves para destruirlos y quitarles todo. A cambio, quiero casarme con su hijo, la Bestia de Wall Street".
Esa noche volví a casa con una sonrisa, lista para convertir sus vidas en un infierno. Trillizos secretos: La segunda oportunidad del multimillonario
Nikos Boudin Mientras el ataúd de mi madre descendía a la tierra bajo una lluvia torrencial, el espacio reservado para mi esposo permanecía vacío.
Todos susurraban que estaba atrapado en el tráfico, pero mi celular vibró con la cruel verdad: una transmisión en vivo lo mostraba en una gala de lujo, impecable en su esmoquin, riendo con su exnovia colgada del brazo.
La humillación no terminó ahí. A las dos de la mañana, Custodio llegó a nuestro penthouse. No venía solo. Trajo a su amante a nuestra casa en la noche del funeral de mi madre, excusándose con que ella "se sentía mal".
Al ver la mancha de labial en su cuello y oler el perfume de ella impregnado en su ropa, el dolor se convirtió en hielo.
Él estaba tan ocupado siéndome infiel que ni siquiera había notado que yo tenía siete meses de embarazo. Me toqué el vientre y supe lo que tenía que hacer. Ese hombre no merecía conocer a su hijo.
A la mañana siguiente, me esfumé. Dejé sobre la mesa los papeles de divorcio firmados y un expediente médico falsificado de un aborto de emergencia. Quería que sintiera que lo había perdido todo.
Cinco años después, he regresado a la ciudad. Ya no soy la esposa sumisa, sino "Cali", una figura temida en el mercado negro.
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En el capó, una mano infantil escribió dos palabras que lo perseguirán por siempre:
"MAL PADRE". La receta del amor: la chica pueblerina es una médica talentosa
Caspian Noir Para la mayoría, Verena era una doctora de clínica en un pequeño pueblo; en realidad, ella hacía maravillas discretas.
Tres años después de que Isaac se enamorara perdidamente de ella y pasara noches en vela, un accidente lo dejó en una silla de ruedas y le arrebató la memoria.
Para mantenerlo con vida, Verena se casó con él, solo para escucharlo decir: "Nunca te a amaré".
Ella simplemente sonrió. "Está bien, yo tampoco estoy enamorada de ti".
Atrapado por su propia insuficiencia, no se atrevía a esperar más, pero la paciencia de ella lo mantenía firme. Arrodillada ante él, la chica lo miró a los ojos y le acarició el cabello con su cálida mano para tranquilizarlo, hasta que su radiante sonrisa despertó emociones que él creía olvidadas hacía mucho tiempo.