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Lazos

Capítulo 6 Declive

Palabras:2550    |    Actualizado en: 27/03/2023

a columna sobre el nuevo romance que tenía a todo Londres desviados de la tragedia que había acontecido a las Hamilton la semana pasada, y que tenía como protagonista a la más joven de ell

ía cruzado más palabras que en las mesas de té organizadas por sus padres, en las que deli

tos días puesto a que el clima estará cálido. -contó asidua Er

de todo tipo de responsabilidades. Se había cumplido un poco más de una semana que su primera prometida no aparecía, s

o el compromiso, y las invitaciones han sido enviadas, sería inapropiado de

mana ha dicho? -

opiado esperar tanto, y más aún después de

ese apoyo es el chant

seas grosero. -contestó bel

usted no es mi madre. -res

ay nada que me moleste más que un hombre actuando como un

e levantarse de la mesa y desaparecer al cruzar la puerta, dejando atrás a s

a, cabalgar, disfrutar de ver pasar la vida junto con alguna mujer a quien no le deba más que buenos tratos en la cama y todos aquellos planes que signifi

a vez en los brazos de Victoria, y hasta incluso eso le ponía los pelos de punta. No habían vuelto a cruzar palabras siquiera desde que ella lo vio besarse con Esme Hamilton. No tuvo otra oportunidad de acercársele, y de seguro no sería para nada bienvenido en aquél lugar después de que ella le

ían hecho. Desde que Carlisle tiene memoria, él era más que bienvenido en la mansión, y como amigo de la fa

sta ve

que te dije? -comentó sobre las escaleras Victoria. Luc

grarte por mi visita. -e

o eres bienvenido aquí. -acotó ella

ué? -in

ido. El joven no llevaba guantes, ni corbata, ni sombrero. No hacia falta ser clarividente para darse cuenta de qué habían sido testigos la noche anterior. El joven dejó ver su rostro tras apartarse el flequi

os que Allen Nightr

con estupor el

l mismo tiempo que se escudaba tras Victoria, mientras que

rte. -espet

ada de lo que sucedía tenía sentido. ¿Que hacía un Nightray en la mansión Browning? Albergó inútilmente

no amigo? -dijo aplomo Carlisle. Mientras no le quita la mirada de

rte. -replicó el joven Nightray -.No creo que

n juntos? -preguntó

poros querían salir las acciones menos diplomáticas. Se sintió ajeno al ver a su Victoria rode

estúpido. -replic

s juntos, siempre lo

rumores,

es. Era real.

o que nunca aceptaste.

midad en las palabras de Allen. Pero solo encontró una mirada fría, que le susurraba al oíd

elaciones conmigo ¿Y ahora esto? Sí que e

o, pero Victoria, le detiene r

te vayas. -volvi

o entonces nada debía de sorprenderle. Después de todo, él había aceptado casarse con una joven que ni siquiera amaba, solo por complacer a su padre. As

spondan una cosa. -ins

-exigió

a pedirte perdón

as cosas. Solo vet

e respeto. -agregó Carlisle. Aunque sus últimas pala

alguien que no era él, descontando las riendas sueltas que pudo dar a su imaginación el tan solo pensar en lo que habría sucedido la noche anterior. Un lugar que había sido suyo desde antes de ser consciente, y que hasta esta mañana, pensaba q

len, el tan solo hecho de imaginarse el cuerpo de Victoria desnudo mientras que Allen le hiciera lo que con él aprendió. Su padre se encontr

la fecha del casamien

go a ade

xpectante, por primera vez,

ue será correcto que el casam

e cambio tan repentin

to los ojos, p

ciones para la boda fueron enviadas. Un retrato de la pareja fue publicado en el Lon

su sirvienta, ésta, insulsa e inexperta, le estironeaba un poco su largo cabello

nte se casará. Pensé que nunca lo har

eja mientras le diri

lpe? -r

n, y tan solo hace falta ver los ojos con que se miraban usted y

a menudo realizar actos de caridad y tener buen trato con los sirvientes. Pero en la mansión de las Browning eso nunca sucedía, incluso a Victoria le asqueaba que le peinaran las sirvientas p

gustaba fantasear con vivir en los papeles de sus patronas. De hecho, le perdonó a una de sus sirvientas que usara sus zapatos una vez la encontró jugando con e

tima vez que lo insinúes. O tendrás que imaginarte historias d

ó de hombros y miró ha

veré a decir esas cosas. -instó m

rminaré con mi c

habitación. Victoria volvió a ojear el título del periódico, y luchó consigo misma p

o y respiró hondo. Se le arrugó el rostro al llorar, pero unas cuantas respiraciones profundas y

escuchó al otro l

ara y los ojos rápidamente

te. -ex

ción y la contempla desd

hermosa,

fueron celestes, ahora estaban mucho más claros porque el enrojecimiento por e

tray no estará preguntándose dond

e estaría visitándote de seg

ayor heredero esté en la mansión

relacionarse con una Browni

de estar bien vista la

ningún Nightray considera deshonrosa la viudez de tu madr

len se para a su lado con gesto decidido, y la mira a los ojos a tra

no condicione tu belleza. Eres una mujer digna y mereces a c

Y ése único hombre ahora mismo iba a desposar a alguien que no era ella solamente porque su familia no la consideraba digna para él. Y por injusto que le parecía inclusive hasta a ella el saber que no podía huir de su naturaleza, el único hombre al que deseaba tener era a él

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“Gladys Hamilton regresa al Reino Unido después de haber terminado sus estudios en América. Por supuesto, no regresó porque quisiera, sino porque a Gladys se le ha asignado el deber que a todas las muchachas de su edad se les destinaba en 1873; casarse por conveniencia. Gladys no se plantó frente a la decisión, después de todo es lo que se espera de ella, y ella siempre ha sido una señorita ejemplar para la sociedad, y Carlisle Woodgate parece ser un buen postor, generoso, atractivo, de elegancia arrolladora y su familia está dispuesta a unir dinastías. Todo parece ir bien, hasta que Gladys es secuestrada por Howard Collingwood, un asesino que mata a sangre fría. Gladys se verá envuelta en una historia de amor y odio con su propio secuestrador, mientras su hermana menor Esme Hamilton, sin noticias de ella, se ve en la espera del mismo destino que aconteció a su hermana antes de haber sido arrebatada; casarse con Carlisle. Pero al parecer unir a los Hamilton y a los Woodgate no está nada fácil, Victoria Browning está dispuesta a pelear por su amante Carlisle, y a ser ella quien se merezca el lugar que tanto ha anhelado desde la primera vez que se acostaron. Una historia de amor en tiempos difíciles, de matrimonios por conveniencias, de intereses jerárquicos, de seguir tradiciones y mantener el linaje, que entre sabanas, muchas veces se perdía. Localizada en la época victoriana.”
1 Capítulo 1 El conde misterioso2 Capítulo 2 El compromiso3 Capítulo 3 La damnificada4 Capítulo 4 Desilusión5 Capítulo 5 Celebración6 Capítulo 6 Declive7 Capítulo 7 Caos (parte uno)8 Capítulo 8 Caos (parte dos)9 Capítulo 9 Reencuentro10 Capítulo 10 Rivales11 Capítulo 11 Retazos12 Capítulo 12 El mayordomo13 Capítulo 13 La nueva pareja14 Capítulo 14 Falsas cortesías15 Capítulo 15 Diablo hecho lord16 Capítulo 16 ¿Quién es el malvado lord 17 Capítulo 17 ¡El sí!18 Capítulo 18 ¿El pretendiente exacto 19 Capítulo 19 Respuestas20 Capítulo 20 ¿Confiar o no 21 Capítulo 21 Patán con título de noble22 Capítulo 22 A sus ojos...Solo Carlisle23 Capítulo 23 ¿Ángel o monstruo 24 Capítulo 24 Vacío25 Capítulo 25 Deber ser26 Capítulo 26 El corazón roto de Carlisle Woodgate27 Capítulo 27 La aparición del conde28 Capítulo 28 Amor de a dos29 Capítulo 29 Monstruos que no son monstruos30 Capítulo 30 Rosas rojas31 Capítulo 31 El regreso de las Hamiltons32 Capítulo 32 ¿Dónde está Howard 33 Capítulo 33 El amo y su sirviente34 Capítulo 34 Las apuestas hechas35 Capítulo 35 ¿Quien es Howard Collingwood 36 Capítulo 36 El enfrentamiento37 Capítulo 37 Adiós Carlisle38 Capítulo 38 El gran final