Venganza bajo el Altar
Un equipo de tres personas, enviadas por Julian, transformó su sala en una estación de guerra estética. Tiraron su ropa de oficina a una bol
de la mansión Vane, Mila sintió un escalofrío. Esta no era una
ajar del coche, vestida con un traje de seda color marfil q
su brazo-. Tu mirada es diferente. Ya no er
amar -respondió ella, aceptando el brazo de su "prome
l ritmo de la mañana. Allí, sentado frente a un banquete que apenas tocaba, estaba Arthur Vane. A sus ochen
r Enfren
a vista de su perió
-. Y veo que has traído compañía. Espero que sea la secretaria de la que tanto
ente el brazo de Mila
ta-. Mi prometida. Y no es una secretaria; es la mujer que se encarga
la con una crueldad clínica. Se detuvo en su rostro, buscando
nombre me suena a fracaso y a cimientos que se desmoronan. ¿Eres p
ente, pero no bajó la mirada. Dio un paso hacia adelante, liberándose del brazo de
onrisa que no llegó a sus ojos-. Y estoy aquí porque Julian se dio cuenta de algo que usted parece haber olvidad
que el aire parecía a punto de estallar. Julian observaba la esce
soltó una carcaj
pensé que no tenías agallas. Pero traer a la hija de Sokolov a mi mesa.
e frente a él sin haber sido invitada-. Y pretendo que, mientras sea la futura señora Vane,
En su mirada apareció un destello de
no es tan débil como la de tu padre. Esta noche hay una cena benéfica. Irás con Julian. Si sobrevives
imidad de
. Una vez que las puertas dobles se cerraron tras ellos, la máscara
ó a tu padre -dijo Julian, observándola
an. Estuve a punto de clavarle el cu
as dejado intrigado. Arthur no respeta el amor, pero respeta el odio que se viste de ambición. Ahora cree q
rca que podía ver el reflejo de su prop
lian? ¿Qué
y rozó la mandíbula de Mila, un gesto que empezó
-susurró él-. Pero recuerda, Mila: no te acerques demasiado al fuego