Venganza bajo el Altar
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ilación nocturno; era el peso de los tres años que llevaba cargando sobre sus hombros. Tres años de sonrisas fingidas, de cafés perfectos entregados
inal parpadeaba, proyectando un respl
archivo
ordó el olor a serrín y tabaco de pipa que siempre lo rodeaba, antes de que el escándalo de las constructoras lo transformara en un hombre que apenas reconocía en la
-susurró, con la voz q
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edó petrificada. Sus sentidos, agudizados por meses de paranoia, captaron el sonido inconfu
ban aquí, no solo iría a la cárcel. Perdería la única oportunidad
Compl
do el pomo de la puerta giraba con una lentitud tortuosa. No tuvo tiempo de esconderse
uello y las mangas enrolladas, como si acabara de salir de una batalla en la sala de juntas. Pero lo que más im
n la penumbra, sus zapatos Oxford resonando contra el mármo
que vibraba en el aire cargado de electricidad-. Que eras demasiado perfecta. Nadie es tan efic
caderas chocaron contra el b
yo... me olvidé
i me convences durante estos tres años. Pero hoy te he visto. He visto cómo mirabas el retrato de mi abuelo en la galería. No era
sobre la mesa. No lo
e, según los registros, aceptó sobornos para usar acero de baja calidad. El homb
el miedo, olvidó su disfraz. Se quitó las gaf
en esa celda sabiendo que no saldría vivo. Y si crees que voy a pedir d
rro. Por un segundo, la frialdad en sus ojo
para luchar. Yo solo tengo un testamento que me obliga a casarme con una des
io, invadiendo su espacio de una man
a ti. Uno que te da
-escupió ella
uelo durante un año. Te daré acceso total a los libros de contabilidad de la familia, a las cajas fuertes priva
como si est
me case con
i rozaron su oído-. Si firmas, mañana mismo empezamos a redactar la demanda de revisión del caso de tu padre
nso que Mila juraría que podía oír los latidos del corazón de Julian, o quizás era
que muere en el intento, o la reina
de la oficina. Luego, con una mano q