Venganza bajo el Altar
ncia silenciosa, pero Mila sentía que las paredes se cerraban sobre ella. Se deshizo de sus tacones, sintiendo el frío
a. La elegancia que había mostrado en la gala se había evaporado, dejando atrás
-dijo Julian sin apartar la vista de la pantalla-. Mi primo es un idiota
istales, empañando la vista de los jardines donde, diez años atrás, su vida había terminado-.
casa, Mila. Excepto Arthur. Y
orio, su corazón latiendo con una fuerza que le dolía. Julian empezó a abrir carpetas. Números, tablas de costos,
rdinarios - Consultoría Externa". Es el mismo monto que supuestamente recibió mi padr
ceño, inclinándose
ue tu padre firmara la ap
quiera que el acero de baja calidad estaba en el sitio. Marcus Reed y Arthur no solo lo incri
tendría la prueba irrefutable de la inocencia de Andréi Sokolov. Pero tenerla allí, frente a ell
quedó paralizado. Sus
ella, notando su p
a misma carpeta de "Consultoría Externa". Era un escaneo de una carta esc
ó la caligrafía elegante y algo errática que Jul
de tu madre -
a nota de amor. Er
hacia la nueva licitación en el norte. Si sigues adelante con esta farsa, no solo perderás a tu mejor ingeniero; perderá
ra el 18 de abril. El
ostro despojado de toda emoción. Era la máscara que había perfeccionado durante años, pero Mila p
su voz era un susurro quebrado-. La mató porque ella
sino por el niño que Julian había sido, esperando a una madre que nunca l
paso hacia él, extendiendo la man
l minibar y se sirvió un whisky doble con manos erráticas. Bebió el líquido
lateral de su propia debilidad. Arthur me hizo creer que ella era inestable, que su huida fue
ni al aliado. Vio a un hombre consumido por una furia ta
ian cruzó la habitación, deteniéndose a centímetros de ella. Sus ojos grises eran dos tormentas de
Julian se fusionaba con el suyo, creando algo nuev
cer? -preguntó e
arcus Reed de forma anónima a la fiscalía, pero no los archivos principales. Solo lo suficiente para que e
ron ligeramente en su piel, pero Mila no se apartó.
puedo confiar para hundir este lugar. Pero necesito que me digas si estás dispuesta a ir hasta el final. Si
mano para cubrir la de él en su hombro-. Arthur me mató el día que
el momento en que se conocieron en esa oficina oscura finalmente rompió el dique de la lógica. En ese ins
ón. Mila respondió con la misma intensidad, rodeando su cuello con los brazos, dejando que el o
o de sangre. Una alianza sellada en
tes apoyadas la una contra la o
contra su piel-. Mañana
bajo el altar"; estaba en su cama, en sus venas y en el aire que respiraban. Habían f