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La esposa desechada, reconstruida

Capítulo 2 

Palabras:1101    |    Actualizado en: 23/12/2025

vista d

ón, un aleteo desesperado en mi pecho. Era el momento. El momento en que me reconocería, como en todos mis sueños f

ndescifrable. Luego, metió la mano en su cartera. Sa

e toda calidez-. Ve a comprarte algo de

nosotros. No un abrazo. No una palabra de reconocimiento. Una limosna. Para una pordiose

o, sino para tocarlo. Para demostrar que e

Amelia. -Mi voz er

toque fuera veneno. Su ros

ando un paso apresurado h

cayendo al suelo, una hoja verde en la tierra. Aterrizó

él. Se acercó, pasando su brazo por el de él. Sus ojos, sin embargo, se encontraron con los

a. Lo sabía

a Carla. Me dio la espalda, protegiéndola a ella y a Emili

z. Sus ojos tenían una extraña y triste curiosidad. Entonces, Carla le apretó la mano y él se dio la vuelta, desaparecien

i piel. Mi alma se sentía vacía, completamente hueca. El billete de dos mil peso

ue el señor Garza se va a comprometer con la señorita Montemayor el próximo mes. Dice que ella lo ayudó a superarlo desp

ete con la pun

prometida te vea por aquí. Ve a comp

visión se nublara. No era solo mi corazón rompiéndose; mis viejas heridas

jándome sin aliento. La fuerza rasgó mis ropas andrajosas, lavando la suciedad, pero dejando mi piel en carne viva y a

entrada, aferrándome a las sombras. Cada movimiento era una agonía, pero seguí adelante

ila de botes de basura, el concreto frío un pobre

mbrienta. Mis ojos se abrieron. Un pastel a medio comer, arrojado descuidadamente a un contenedor, m

trozo de vidrio, la sangre floreciendo en mi lengua. Un ac

s artificiales. Rojos, dorados y verdes. Florecieron sobre la ciudad,

matrimonio. A ella. En una noche en la que yo comía pastel desechado de un basurero, sa

anza en mi corazón murió. N

a sucio, arrugado, pero era dinero. Suficiente para comprar un celula

vo, marcando un número que no había usado en cu

a Cla

nas humana-. Estoy de vuelta. Q

ncio al otro lado,

que eso implica. Un borrado

uerza-. No tengo nada que perder. Quémenlo todo

cuerpo y alma. Significaba renunciar a todo, incluso a mi identidad. Mi vida como Amelia Rivas. Mis recuerdos, mis emociones. Una r

los

a Rivas está oficialmente muerta. Obtuvo su deseo. Dile

ca, cortando las últimas terminaciones nerviosas que

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La esposa desechada, reconstruida
La esposa desechada, reconstruida
“Después de cuatro años de tortura en una casa de seguridad, finalmente escapé. Me arrastré de vuelta a casa, impulsada únicamente por el recuerdo de mi esposo, Braulio, y nuestro hijo, Emilio. Pero cuando llegué a las puertas de nuestra residencia, él no reconoció mi cuerpo esquelético. Me llamó limosnera e hizo que los guardias me echaran. Estaba con mi hermanastra, Carla. Y mi propio hijo corrió a sus brazos, gritando: "¡Mamá!". Braulio creyó las mentiras de Carla: que los había abandonado por otro hombre. Me internó en un "anexo", que en realidad era el mismo infierno del que acababa de escapar. Me devolvió a manos de mi torturador. Grité su nombre mientras las drogas recorrían mi cuerpo, pero él simplemente me dio la espalda y se fue, dejándome morir. La Agencia me encontró, apenas con vida. Me reconstruyeron a través del Proyecto Ruiseñor: un cuerpo completamente cibernético, con mis emociones y recuerdos borrados. Dos años después, soy la Dra. Helena Ponce. Cuando Braulio me encontró, de rodillas suplicando perdón, no sentí nada. Solo me volví hacia mi colega y le dije: "Claudio, acepto tu propuesta de matrimonio".”
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