“Después de cuatro años de tortura en una casa de seguridad, finalmente escapé. Me arrastré de vuelta a casa, impulsada únicamente por el recuerdo de mi esposo, Braulio, y nuestro hijo, Emilio. Pero cuando llegué a las puertas de nuestra residencia, él no reconoció mi cuerpo esquelético. Me llamó limosnera e hizo que los guardias me echaran. Estaba con mi hermanastra, Carla. Y mi propio hijo corrió a sus brazos, gritando: "¡Mamá!". Braulio creyó las mentiras de Carla: que los había abandonado por otro hombre. Me internó en un "anexo", que en realidad era el mismo infierno del que acababa de escapar. Me devolvió a manos de mi torturador. Grité su nombre mientras las drogas recorrían mi cuerpo, pero él simplemente me dio la espalda y se fue, dejándome morir. La Agencia me encontró, apenas con vida. Me reconstruyeron a través del Proyecto Ruiseñor: un cuerpo completamente cibernético, con mis emociones y recuerdos borrados. Dos años después, soy la Dra. Helena Ponce. Cuando Braulio me encontró, de rodillas suplicando perdón, no sentí nada. Solo me volví hacia mi colega y le dije: "Claudio, acepto tu propuesta de matrimonio".”