Libres del Yugo del Pasado

Libres del Yugo del Pasado

Lan Zhen

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El persistente olor a cloro en mis manos era el recordatorio diario de una vida que no me pertenecía, puliendo los sueños ajenos en Los Ángeles mientras los míos se desvanecían. Mi esposo, "El Tormento Mexicano", una fuerza indomable en el ring, era una sombra gélida en nuestro hogar, un fantasma de pasión que nunca me tocaba, dejándome ahogada en un silencio ensordecedor. Cuando la frustración me oprimió la garganta, llamé a Elena, mi confidente, para confesarle el fracaso de mi matrimonio, solo para escuchar su propia voz temblar al admitir la esterilidad de su esposo, Ricardo, y la dolorosa verdad de que su fortuna no podía comprarle lo único que anhelaba: un hijo. Nos ahogábamos en nuestros propios infiernos matrimoniales, yo en la ausencia de contacto, ella en la ausencia de futuro, preguntándonos por qué la vida nos había negado lo que más deseábamos. Pero de esas lágrimas amargas nació una idea salvaje, un pacto desesperado: utilizar el caos vibrante del Día de Muertos como nuestro escenario, fingir nuestras muertes, y renacer.

Introducción

El persistente olor a cloro en mis manos era el recordatorio diario de una vida que no me pertenecía, puliendo los sueños ajenos en Los Ángeles mientras los míos se desvanecían.

Mi esposo, "El Tormento Mexicano", una fuerza indomable en el ring, era una sombra gélida en nuestro hogar, un fantasma de pasión que nunca me tocaba, dejándome ahogada en un silencio ensordecedor.

Cuando la frustración me oprimió la garganta, llamé a Elena, mi confidente, para confesarle el fracaso de mi matrimonio, solo para escuchar su propia voz temblar al admitir la esterilidad de su esposo, Ricardo, y la dolorosa verdad de que su fortuna no podía comprarle lo único que anhelaba: un hijo.

Nos ahogábamos en nuestros propios infiernos matrimoniales, yo en la ausencia de contacto, ella en la ausencia de futuro, preguntándonos por qué la vida nos había negado lo que más deseábamos.

Pero de esas lágrimas amargas nació una idea salvaje, un pacto desesperado: utilizar el caos vibrante del Día de Muertos como nuestro escenario, fingir nuestras muertes, y renacer.

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Mi vida giraba en torno al flamenco, el legado de mi madre, Elena Vargas, hasta que su muerte trajo a Sofía y a su madre a casa, convirtiendo mi hogar en un campo de minas. Para protegerme de aquel ambiente hostil, contraté a Alejandro Gallardo, "El Halcón", un guardaespaldas implacable que prometía lealtad. La pesadilla comenzó cuando Sofía rompió el abanico de mi madre, mi último recuerdo, y tras humillarla públicamente, los hombres de Alejandro me secuestraron. En un cortijo abandonado, mi supuesto protector ordenó destrozarme los tobillos y las muñecas con una fusta, acabando con mi futuro como bailaora. El dolor físico era insoportable, pero la verdad de la traición me aplastó: el teléfono para pedir ayuda estaba sin batería y sin SIM, una burla cruel orquestada por él. Mis gritos en la bodega, donde me encerró días sabiendo mi claustrofobia, fueron ignorados mientras mi padre y mi hermano, Mateo, me daban la espalda, eligiendo a mis verdugos. Cegada por la desesperación, me preguntaba cómo pude amar al monstruo que había acogido en mi casa, al hombre que convirtió mi vida en un infierno, quitándome todo lo que valoraba. La esperanza se volvió ceniza, dejándome con un vacío inmenso y un único deseo: la muerte, mi única escapatoria de su control y la crueldad de mi falsa familia. Pero la humillación final encendió una nueva fuerza en mí: en la fiesta de cumpleaños de Sofía, aunque lisiada y con el cuerpo roto, desvelé su farsa y la barbarie de Alejandro ante todos. Con un grito y un acto de autoflagelación, expuse sus crímenes y el vídeo de cómo mi madrastra incitó la muerte de mi madre, rompiendo oficialmente lazos con la familia Montoya. Ahora, aunque marcada por la batalla, había elegido vivir y vengarme, buscando un nuevo camino y una verdadera protección junto a Javier Crespo.

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