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Libres del Yugo del Pasado

Capítulo 2 

Palabras:735    |    Actualizado en: 07/07/2025

Hills, un palacio moderno de vidrio y concreto que parec

conjunto de seda que probablemente cost

ojos hinchados de su amiga, la

ador no te está cuidando" , exclamó, jalándola hacia adentro y se

a con la misma urgencia que si

Sofía, aunque la mentira

l desierto con los coyotes, ¿te acuerdas?" , dijo

r de sí misma, el r

ed, y Elena, incluso entonces, se había preocupado de

tratando de retocarte el maquillaje" , recordó Sofía,

uién te puedes encontrar" , replicó Elena con una seriedad

ogos de joyas y ropa cara, incluso cuando vivían en un

ar en voz alta, y nunca se burló de ella, siempre la

o en secreto durante tanto tiempo, no quería opacar

e había vuelto

cio" , dijo Sofía, finalme

us ojos llenándo

la confesión colgó en el aire e

miró co

qué? Lo ti

, Sofía vio una grieta en la fachada perfecta de su amiga. "Quiero u

ando en el lujoso sal

ó una punza

tocaba, mientras que su amiga sufría po

a decir Sofía, "el problema con é

mente, cargada de un año

rpresa, y luego una extraña s

sepa cómo usarla" , dijo con un humor negro que solo ellas podían co

aron en una risa histérica, una ris

rieron por sus mejillas de nuevo, pe

mó, se miraron con un

ué hacemos?" ,

e seda ondeando a su alrededor

a corte, no con abogados, nos divorciamos

carísimo de una mesita y

haciéndose añicos fue

ahogada en tanto lujo y tanta soledad" , dijo Elena,

iedo mezclado con u

tiempo, sentía que algo e

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Libres del Yugo del Pasado
Libres del Yugo del Pasado
“El persistente olor a cloro en mis manos era el recordatorio diario de una vida que no me pertenecía, puliendo los sueños ajenos en Los Ángeles mientras los míos se desvanecían. Mi esposo, "El Tormento Mexicano", una fuerza indomable en el ring, era una sombra gélida en nuestro hogar, un fantasma de pasión que nunca me tocaba, dejándome ahogada en un silencio ensordecedor. Cuando la frustración me oprimió la garganta, llamé a Elena, mi confidente, para confesarle el fracaso de mi matrimonio, solo para escuchar su propia voz temblar al admitir la esterilidad de su esposo, Ricardo, y la dolorosa verdad de que su fortuna no podía comprarle lo único que anhelaba: un hijo. Nos ahogábamos en nuestros propios infiernos matrimoniales, yo en la ausencia de contacto, ella en la ausencia de futuro, preguntándonos por qué la vida nos había negado lo que más deseábamos. Pero de esas lágrimas amargas nació una idea salvaje, un pacto desesperado: utilizar el caos vibrante del Día de Muertos como nuestro escenario, fingir nuestras muertes, y renacer.”
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