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Libres del Yugo del Pasado

Capítulo 1 

Palabras:916    |    Actualizado en: 07/07/2025

a limpiando casas ajenas en Los Ángeles, un mundo tan brillante y lejano a su pueblo en México, sentía

lena, era o

aro, a éxito, a los tacos al pastor del

do con un empresario mexicano-americano, un hombre poderoso c

osa, se convirtió en la reina de ese peq

ina, no se olvi

n le consiguió

brillo en los ojos, "es un luchador, el 'Tormento

y una cama ancha y fría, y Sofía descubrió que la

omo rocas y una máscara que infundí

la máscara y la ponía en la mesita de noche como si fu

mueble más en esa casa d

stración era una bola dura en su g

ena, con l

funciona" , soltó sin rodeos, l

bo un silencio, y luego un so

l brillo de reina. "Mi esposo es rico, es poderoso, pero es esté

sin contacto y la otra en uno sin futuro, lloraron ju

el coraje, nació una idea

" , dijo Elena, con una nueva chisp

de sus vidas dramáticas, decidieron que mori

con el caos, la música y los disfraces, fingieron un acc

nunca fueron

pueblo fronterizo, dos mujeres reaparecieron, Sofía y Elena, a

res, o e

do en un ciclo predecible, limpiar

que compartía su c

ue de costumbre, el sonido de sus botas pesadas e

ón sin decir una pa

el corazón latiéndole fuerte, había d

ella, su voz ap

sta, dejando su maleta

de músculos tensos, era un hombre imponente, un dios de la l

, preguntó Sofía, i

ió él, su voz era grave y sin emoc

la frustración subiendo

cinco días de buenas noches si

podí

, se marchitaría en esa cas

ntigo" , dijo, esta

os pantalones, y la miró por primera vez e

abl

e iba a decir? ¿Por qué no me tocas?

pequeña

hecho tropezar en la cocina, casi se cae, él

ra levant

vaso, esa noche supo que tenía que irse, que

no había nada que decir, nada que pudi

habitación sin mirar atrás, el sonido de sus prop

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Libres del Yugo del Pasado
Libres del Yugo del Pasado
“El persistente olor a cloro en mis manos era el recordatorio diario de una vida que no me pertenecía, puliendo los sueños ajenos en Los Ángeles mientras los míos se desvanecían. Mi esposo, "El Tormento Mexicano", una fuerza indomable en el ring, era una sombra gélida en nuestro hogar, un fantasma de pasión que nunca me tocaba, dejándome ahogada en un silencio ensordecedor. Cuando la frustración me oprimió la garganta, llamé a Elena, mi confidente, para confesarle el fracaso de mi matrimonio, solo para escuchar su propia voz temblar al admitir la esterilidad de su esposo, Ricardo, y la dolorosa verdad de que su fortuna no podía comprarle lo único que anhelaba: un hijo. Nos ahogábamos en nuestros propios infiernos matrimoniales, yo en la ausencia de contacto, ella en la ausencia de futuro, preguntándonos por qué la vida nos había negado lo que más deseábamos. Pero de esas lágrimas amargas nació una idea salvaje, un pacto desesperado: utilizar el caos vibrante del Día de Muertos como nuestro escenario, fingir nuestras muertes, y renacer.”
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