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Libres del Yugo del Pasado

Capítulo 4 

Palabras:603    |    Actualizado en: 07/07/2025

Día de Muertos, S

su estómago, se imaginaba a sí misma y a Elena, en su nue

y tan aterradora que n

e a la ventana, mirando la

?" , la voz de su e

la cama, mirándo

... el calor"

por detrás, Sofía se tensó, esp

s en sus hombros y la abrazó, esta vez

a en la cabeza d

o puedo dor

ella, una parte pequeña y tonta, sintió una punzada

o era un hombre torpe que no sabí

za, desechando

sma, un año de silencio no

razos, contando los segund

estaba en el gimnasio, Sofía

e le daban para el supermercado, escon

cho, pero

uego fue a despedirse de su vecina, Doña Lupe

y chismosa, pero tenía un buen cora

ma en San Diego" , le dijo Sofía, entregándol

upe, abrazándola. "Pero te veo rar

canso" , respondió Sofía, sintiend

nsiedad volvió

on los ojos bien abiertos, re

ó y, como la noche anteri

ijo, su voz era una obse

su sorpresa, la rodeó con su

sar de su resolución, Sofía sintió un

mir, pero su corazón latía co

la últi

estaría muerta para

ella, una audacia nacida de la des

ando aguas peligrosas, movió su ma

s bajo su palma y el lati

o sintió que su res

jo, sobre su abdomen plano y duro, sus d

bía atrevido a hacer, un lím

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Libres del Yugo del Pasado
Libres del Yugo del Pasado
“El persistente olor a cloro en mis manos era el recordatorio diario de una vida que no me pertenecía, puliendo los sueños ajenos en Los Ángeles mientras los míos se desvanecían. Mi esposo, "El Tormento Mexicano", una fuerza indomable en el ring, era una sombra gélida en nuestro hogar, un fantasma de pasión que nunca me tocaba, dejándome ahogada en un silencio ensordecedor. Cuando la frustración me oprimió la garganta, llamé a Elena, mi confidente, para confesarle el fracaso de mi matrimonio, solo para escuchar su propia voz temblar al admitir la esterilidad de su esposo, Ricardo, y la dolorosa verdad de que su fortuna no podía comprarle lo único que anhelaba: un hijo. Nos ahogábamos en nuestros propios infiernos matrimoniales, yo en la ausencia de contacto, ella en la ausencia de futuro, preguntándonos por qué la vida nos había negado lo que más deseábamos. Pero de esas lágrimas amargas nació una idea salvaje, un pacto desesperado: utilizar el caos vibrante del Día de Muertos como nuestro escenario, fingir nuestras muertes, y renacer.”
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