La Venganza De La Esposa

La Venganza De La Esposa

Gavin

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Capítulo

El hedor a alcohol barato y sudor ajeno me despertó, un golpe agrio a mis sentidos que conocía demasiado bien. Los gemidos rítmicos de la sala confirmaron mi pesadilla: mi esposo, Ricardo, un mariachi carismático, con otra mujer al lado, mientras mi cuerpo, recién recuperado del parto de mi hija Luna, se congelaba de pavor. En otra vida, esta traición me había consumido de rabia. Había gritado, abofeteado a su amante Esmeralda, arruinado su reputación en la plaza. Y su venganza fue el fuego. Un fuego que devoró nuestra casa, a mi pequeña Luna y a mis padres, dejándome sola, calcinada, despojada de todo amor y esperanza. ¿Por qué esto otra vez? ¿Por qué la misma traición, el mismo dolor, el mismo escenario? Toqué mi vientre plano, mis manos sin cicatrices. No era un recuerdo, no era un sueño. Había regresado, en el instante exacto de mi perdición. Esta vez, no habría escándalos. Esta vez, mi venganza sería fría, calculada. Le quitaría todo lo que él amaba: su música, su dinero, su orgullo. Y protegería a mi familia, a mi Luna y a mis padres, a cualquier costo. El universo me había dado una segunda oportunidad. Y esta vez, yo conocía todas las jugadas.

Introducción

El hedor a alcohol barato y sudor ajeno me despertó, un golpe agrio a mis sentidos que conocía demasiado bien.

Los gemidos rítmicos de la sala confirmaron mi pesadilla: mi esposo, Ricardo, un mariachi carismático, con otra mujer al lado, mientras mi cuerpo, recién recuperado del parto de mi hija Luna, se congelaba de pavor.

En otra vida, esta traición me había consumido de rabia.

Había gritado, abofeteado a su amante Esmeralda, arruinado su reputación en la plaza.

Y su venganza fue el fuego.

Un fuego que devoró nuestra casa, a mi pequeña Luna y a mis padres, dejándome sola, calcinada, despojada de todo amor y esperanza.

¿Por qué esto otra vez? ¿Por qué la misma traición, el mismo dolor, el mismo escenario?

Toqué mi vientre plano, mis manos sin cicatrices.

No era un recuerdo, no era un sueño.

Había regresado, en el instante exacto de mi perdición.

Esta vez, no habría escándalos.

Esta vez, mi venganza sería fría, calculada.

Le quitaría todo lo que él amaba: su música, su dinero, su orgullo.

Y protegería a mi familia, a mi Luna y a mis padres, a cualquier costo.

El universo me había dado una segunda oportunidad.

Y esta vez, yo conocía todas las jugadas.

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5.0

"¿Sofía? ¿Has sabido algo de Jorge?" El teléfono no paraba de sonar, una y otra vez, con la misma pregunta, el mismo tono de urgencia de mis suegros y mi padre. Acababa de dar a luz sola, mi pequeña Luna dormía a mi lado, ajena al mundo y al hombre que nos abandonó. Nadie preguntó cómo estaba yo. Solo por Jorge, mi esposo. La noche que todo se rompió, él miraba la televisión, hipnotizado por la noticia: "LAURA VEGA, DESAPARECIDA EN ZONA DE COMBATE". Laura Vega, su ex, su obsesión. Aquella cuya sombra siempre sentí. Sus ojos no me veían, solo a ella. Su decisión fue instantánea, loca: "Tengo que encontrarla", me dijo mientras yo sentía las primeras contracciones. "¿Qué estás diciendo, Jorge? Soy tu esposa, vamos a tener una hija", le supliqué, pero él ya empacaba, ciego, sordo. El dolor se hizo insoportable, la fuente se rompió, el líquido manchó el suelo. "Jorge, estoy de parto", le dije con la voz rota. Me miró, vio el charco. Una fracción de segundo de duda, luego la maleza de su obsesión le cubrió el rostro. "Llama a una ambulancia, Sofía. Estarás bien", dijo, y siguió empacando. Me apoyé en el umbral, el dolor cada vez más fuerte. "Si cruzas esa puerta ahora", mi voz sonó como hielo, "no vuelvas. Para nosotras, estarás muerto." "Cuando vuelva con Laura, lo entenderás", respondió. Y se fue. Se llevó todo: mi paz, mi confianza, y hasta el último centavo de nuestra cuenta conjunta. Me dejó aquí, sola, a punto de parir, para ir tras una fantasía. "¿Cómo pudiste?", chillaron. "¡Es tu esposo! ¡El padre de tu hija!" "Corazón es lo que a él le faltó", les respondí. El circo mediático, las llamadas, el acoso de su familia, la humillación pública... Era demasiado. Me llamaron fría, sin corazón. ¿Yo? ¿Sin corazón? La traición, el desamparo, el miedo me habían endurecido. Pero mi hija, mi Luna, era mi ancla. Y por ella, no iba a sucumbir. No me iba a derrumbar. No iba a suplicar. Iba a pelear. Iba a desmantelar cada parte de la vida que compartíamos. Iba a recuperar lo que era mío. Y él, Jorge, el "héroe", pagaría las consecuencias.

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