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El Juego Mortal de Amor de Mi Hermanastro

Capítulo 4 

Palabras:1672    |    Actualizado en: 22/12/2025

AN

s forzadas en mi rostro se volvieron gradualmente más genuinas a medida que fluía el champán y la camaradería de mis bailarines me e

teléfono v

ra cortante y urgente. -Bianca, ¿dónde

antener la irritación fuera de mi voz-. Han sido unos mese

quebradizo-. Es sobre la familia. Adolfo qu

os. La idea de volver a ese penthouse estéril, a la fría r

de cuánto hace Adolfo por ti? ¿Por nosotros? ¡Tu estudio, tu colegiatura, todo! Todo viene de él.

manojo de nervios, correteando por el penthouse, desesperada por complacer. Había cambiado una forma de servilismo por otra, intercambiando la tranquila dignidad de nuestra antigua vida por las brillantes cadenas de la riqueza. Siempre me recordab

el peso del dolor y las deudas crecientes. Cuando Adolfo de la Torre, el viudo poderoso y encantador, entró en su vida, recuerdo su desesperación,

ahora, después de la revelación de Damián, las piezas encajaban, formando un mosaico grotesco. Mi madre, la viuda desconsolada, era también la mujer que había buscado consuelo, o quizás una oportunidad, en los brazos de otro hombre mientras su esposo aún vivía. Predicaba la dependencia, pero su propio camino estaba pavimentado co

tectora, que casi me abalancé sobre él. Pero Damián, entonces solo una presencia silenciosa y observadora, había captado mi mirada. Me había hecho una sutil negación con la cabeza, una advertencia silenciosa. Más tarde, en la tranquila soledad de la biblioteca, en nuestro rin

la comprensión silenciosa del otro. Vi el dolor de su madre, el sufrimiento silencioso de una mujer atrapada, y pensé que él tam

tras confidencias susurradas, sus palabras reconfortantes... todo era parte de su fachada cuidadosamente construida. Había usado mi vulnerabilidad, mi deseo de conexión, en mi contra. Yo no era s

La voz de Corina, aguda e impa

je, mi voz pl

y volviendo a la escalofriante realidad de mi vida. El penthou

dre revoloteaba cerca, una sonrisa quebradiza pe

-anunció con una amplia sonrisa-. Sofía. Una c

. Tragué el sabor amargo de la bilis, un entumecimiento frío extendiéndose por mis extremidades. Debería haberlo esperado. Había dejado claras sus intenciones en

e indiferencia cuidadosamente c

a en la espalda de Sofía. Era una visión en un vestido rosa suave, su cabello perfectamente

ada. -¡Sofía, querida! ¡Te ves absolutamente radiante! -Envolvió a Sofía en un abrazo,

con una ternura desconocida. Damián, por su parte, estaba atento, su mano nunca la dejaba. Le sacó la silla en la mesa, le sirvió v

fresco. Sofía, consciente de mi presencia silenciosa, ocasionalmente me miraba, una sutil sonrisa de suficiencia jug

i ahí! Damián mencionó que eras una artista muy ocupada. Estamos muy emocionados con nuestro

negándome a caer en su provocaci

lo puedo soñar con tener un lugar tan hermoso. Usted y el señor de la Torre son tan afortunados de tenerse el uno al otro. -S

rectamente al punto más vulnerable de Corina. Implicaban su dependencia, su estatus de segunda

el cuchillo. Mi madre podría ser imperfecta, podría haber tomado decisiones terribles, pero seguí

te-. Tienes razón. Debe ser maravilloso tener un hombre que construya un imperio. Especialmente cuando no has c

apareció, reemplazada por un destello de ira venenosa. Abrió la boca para r

su voz autoritaria-. Mant

su expresión indescifrable, pero un destello de algo, quizás sorpresa, cruzó sus

trás. -Si me disculpan,

o de mi cuarto un bálsamo bienvenido para mi alma magullada. La amargura de la noche, la pura audacia de la exhibición pública de Damián, se asent

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El Juego Mortal de Amor de Mi Hermanastro
El Juego Mortal de Amor de Mi Hermanastro
“Inicié un juego peligroso para quebrar a mi perfecto y frío hermanastro, Damián. Nuestra aventura prohibida se convirtió en un infierno secreto, y yo creía que tenía el control, que le estaba enseñando a sentir. Entonces, un video anónimo llegó a mi celular. Mostraba a Damián con una joven becaria, repitiendo nuestras frases más íntimas, mis palabras, mis lecciones, palabra por palabra. "¿Esto también hay que enseñártelo?", le preguntó él, su voz un eco escalofriante de nuestro pasado. Confesó que todo era un plan de venganza calculado contra mi madre. Me dejó colapsar en la calle, enferma y sola, y el accidente de auto que siguió destrozó mis piernas, acabando para siempre con mi carrera de ballet. Mi amor fue un arma que usó para reducir mi mundo a cenizas. Mi cuerpo estaba roto, mis sueños hechos polvo. Lo había perdido todo por un hombre al que creí haber quebrado, pero que en cambio me aniquiló. Pero de las cenizas, nació un nuevo sueño. Me convertí en coreógrafa, mi dolor alimentando mi arte. Ahora, años después, mientras estoy en el escenario mundial, él observa desde las sombras, un fantasma consumido por un arrepentimiento que jamás podrá expiar.”
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