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Morir por su verdadera felicidad

Capítulo 6 

Palabras:827    |    Actualizado en: 08/08/2025

o de las llamas. La mansión Alanís est

cia segura, agarrando el anillo. Sabía que n

scuché la voz frenéti

¡Está tratando de matarme! ¡También e

n hilo afilado y claro

l ruido, una voz que hizo

mil

gua habitación en el segundo piso. Su silueta estaba enma

-gritó, su voz ronca

ro mi voz era un soni

toy

jos, y por un momento peligroso, sen

sentimiento. *Es solo instinto*, dijo. *Ha sido cri

uesta e

n el césped a unos metros de mí, su esp

con sus brazos e inmediatamente

ó el fuego, G

é con los ojos de Gerardo. Estaban salvajes,

té, mi voz inquieta

mirada oscura e indesc

tuve mi respuesta.

a Kandy -dijo, su voz un gruñido bajo-, p

da. *Me moriré si me deja*. Finalmente entendí su plan. No solo quería que me

s lo que querían. Cort

de mi pecho, se

ón -dije, con un tono burlón en mi voz-. El

ria. Mi desafío lo ha

ca, mis dedos casi

baja y seductora-. ¿Tienes miedo de e

tra mano se disparó, agarrando mi brazo y empujándome contra el muro del

por la rabia y el asco-. No sé qué fuiste para mí antes, per

erca, su voz un

o perfecto para hacer que Kandy brille

es. Mi visión comenzó a nublarse.

opecé, apoyándome en el muro. Acercó

tres días -gritó por encima

ensaje de texto a Jeremías: *Es es

*Entendido. Estoy en la ciudad. L

Me apoyé contra los ladrillos fríos, mi brazo palpitando. Levanté la vista y

equeña y dé

é -susurré

a estaría completa. Él s

mpromiso. El amor por su hijo, y su obstinada insistencia, ganaron. El salón de bail

guieron mientras m

era? Pensé que estaba c

bes. Se enamoró de esta c

a adorar el suelo

un patriarca de otra familia

ue esto pasaría, habría hecho que

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Morir por su verdadera felicidad
Morir por su verdadera felicidad
“En la Ciudad de México, todo el mundo sabía que Gerardo Alanís vivía por y para mí, Emilia Herrera. Él era mi sombra, mi protector, mi mundo entero, y nuestro futuro juntos parecía inevitable. Pero mientras agonizaba por la ELA, lo escuché susurrar: «Emilia, mi deber contigo ha terminado. Si hay otra vida, ruego poder estar con Kandy». Mi mundo se hizo pedazos. Su devoción de toda la vida no era amor, sino culpa por Kandy Ponce, una mujer que se había quitado la vida después de que él la dejara. Al renacer, encontré a Gerardo con amnesia, profundamente enamorado de Kandy. Para darle la felicidad que realmente deseaba, oculté mi propio diagnóstico de ELA de inicio temprano y rompí nuestro compromiso, diciéndoles a sus padres: «No lo encadenaré a una mujer moribunda por un sentido del deber que ni siquiera recuerda». A pesar de mis esfuerzos, la inseguridad de Kandy la llevó a incriminarme, acusándome de tirar su anillo de compromiso y de prenderle fuego a la mansión. Gerardo, creyéndole, me arrojó a un pozo lodoso y más tarde me estranguló, gruñendo: «No vales ni la mitad que un perro. Al menos un perro es leal». Durante un secuestro, salvé a Kandy, casi muriendo en el intento, solo para despertar en un hospital y enterarme de que Gerardo no había escatimado en gastos para ella, mientras que a mí me habían abandonado. ¿Por qué la eligió a ella, incluso cuando su cuerpo instintivamente me buscaba a mí? ¿Por qué creyó sus mentiras? Le había dado todo, incluso mi vida, para liberarlo. Ahora, yo sería verdaderamente libre. Me casé con mi hermano, Jeremías, que siempre me había amado, y dejé a Gerardo atrás, susurrando: «Sé feliz, Gerardo. Estamos a mano. No volveré a verte jamás».”
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