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Adiós mi marido despiadado y mi hijo ingrato

Capítulo 3 

Palabras:723    |    Actualizado en: 08/07/2025

ble. Era exactamente lo que quería. El corte en su frente estaba cubierto por un pequeño vendaje, un recordatorio físico de s

fila para documentar, un

a? ¿Ere

ra un hombre bueno y honesto que trabajaba en un taller mecánico. Él y su

a, una sonrisa genuina apareciendo

mi familia. ¿Y tú? ¿Y Dieg

Diego fue un

a. Sola. Diego y yo...

n y tristeza. "No puede ser. Se veía

blo" , dijo ella, sin

o de Camila del Valle y el pequeño Mateo, caminaban como si fueran los dueños del lugar, rode

un sentido del

ura furia al verla hablando con Pablo. Celos

o y se dirigió direc

gada de sarcasmo. Miró a Pablo con desdén. "No pierdes el tiemp

so pálido. "Diego, ¿qué

que el hombre tropezó y cayó al suelo, su maleta de mano se abrió y su ro

detuvo a mirar. El e

o. "Diego, cariño, no te rebajes a su nivel

ía del brazo. "¿Te vas a España? ¿Con mi dinero?

llada. Se soltó de su agarre c

encio tenso. "Y sí, me voy lejos, muy lejos de tu veneno. Y si quiero estar con un hombre hone

ablo a levantarse, ignora

l heredero Alcázar. Estaba a punto de grita

Diego. Luego miró a Sofía con ojos llenos de rencor

do su protección. Camila le sonrió, una sonrisa d

l de que su decisión era la correcta. Ayudó a Pablo a recog

ofía" , le dijo él

seguridad. Con cada paso, sentía que se quitaba un peso de encima. Dejaba atrás la humillación, la tra

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Adiós mi marido despiadado y mi hijo ingrato
Adiós mi marido despiadado y mi hijo ingrato
“El aire de la fiesta era denso, olía a perfume caro y a tequila reposado, un aroma que Sofía Romero no conocía. Se sentía fuera de lugar con su vestido sencillo, mientras su esposo, Diego, la conducía hacia sus imponentes padres. "¿Esposa? Diego, este juego tuyo ha durado demasiado. Ya es hora de que recuerdes quién eres. Eres un Alcázar" . La mención de 'Alcázar', la dinastía del tequila, le heló la sangre. Miré a Diego, buscando al carpintero que amaba, pero solo encontré a un extraño de ojos fríos. "¿Qué está pasando, Diego?" , susurré. "Se acabó, Sofía" , dijo él, sin una pizca de emoción. "Tuve un accidente hace cinco años. Perdí la memoria. Vivir como un pobre carpintero fue... una experiencia. Pero ya he recordado todo. Mi lugar no es contigo" . La mentira era tan descarada, tan cruel, que me quedé sin aliento. Un nudo se formó en mi garganta. Recordé haber vivido esto antes, en otra vida, rogando y humillándome solo para ser desechada. Abandonada con mi hijo Mateo, viendo cómo él se casaba con otra, hasta que la muerte fue un alivio. Pero esta no era esa vida. No sería la víctima. Esta vez no habría lágrimas. "Acepto" , dije, mi voz sorprendentemente firme. "Ya no te necesito. Diez millones de pesos. Firma los papeles del divorcio y desaparece de mi vida" . Su madre, Doña Elena, añadió como veneno: "Es más dinero del que tu familia ha visto en generaciones. Y no te atrevas a decir que llevas a un hijo de Diego en tu vientre. Nos aseguraremos de que eso no suceda" . La crueldad era casual, natural para ellos. En mi vida pasada, me habría destrozado. Ahora, solo alimentaba mi resolución. Miré a Diego, a aquel que me había destruido una vez, y tomé una decisión. Caminé con la cabeza en alto, dejando esa vida falsa. El aire fresco de la noche llenó mis pulmones. Era el primer aliento de mi nueva vida, una que construiría lejos de su veneno. Cuando Diego y su nueva prometida, Camila del Valle, me visitaron para asegurar que entendiera los términos de la separación, mi hijo Mateo, ya manipulado, me lanzó un juguete que me cortó la frente. "¡Tú eres mala!" , me gritó Mateo. "¡Cami dice que por tu culpa papá estuvo perdido! ¡No te quiero!" La última brasa de amor se extinguió. Ese fue el momento. "Lárguense de mi casa" , dije, mi voz como acero. Cerré la puerta detrás de ellos, y no lloré. El pasado se rompía por completo, dejándome libre. En el aeropuerto, el destino me jugó una última mala pasada: Diego, Camila y Mateo, rumbo a un jet privado. Diego me humilló frente a un viejo amigo. "¿Te vas a España? ¿Con mi dinero? ¿A encontrarte con algún otro muerto de hambre?" . Me solté de su agarre. "Tu dinero es lo único decente que he sacado de ti. Tú y yo no somos nada" . Mateo, apegado a Camila, exclamó: "Mi mamá es Cami" . Me libré de él. Dejé el pasado atrás. Estaba lista para nacer de nuevo.”
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