Ming Yue Zhang Die Sui Xin
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Libros y Cuentos de Ming Yue Zhang Die Sui Xin
El corazón que le robaron
Suspense Mi sótano olía a humedad y a desesperación.
Llevaba tres años encerrada aquí, desde aquel accidente que me dejó las piernas inútiles.
Hoy, mi esposo Ricardo estaba aquí.
Pero no para verme a mí.
Venía con Camila, la mujer que me había robado todo: mi nombre, mi carrera, mi esposo, y hasta a mi hijo.
"Ricardo, mi amor, ¿de verdad tienes que mantenerla aquí? Da un poco de miedo," dijo Camila con una voz falsamente dulce.
Él ni siquiera me miró.
"Es por tu bien, Cami. Aquí abajo no puede hacerte daño."
Me dijo que mi existencia era un fastidio.
Apreté los puños.
Querían mi corazón, para ella.
El Dr. Vargas, su cómplice, lo confirmó.
Estaba viva, pero solo hasta que fuera el donante compatible.
Al día siguiente, Pedrito, mi hijo, apareció.
"Mi mamá Camila dice que eres una mujer mala y que por eso vives aquí."
Con un grito de rabia, arrojó el plato de comida al suelo.
"¡Esto es para ti, bruja!"
Más tarde, Ricardo me soltó la verdad.
Mi enfermedad cardíaca congénita era un secreto que él usó para justificar mi encierro.
Todo era una farsa.
Una jaula para mantenerme "sana" hasta la cirugía.
"Lo único que te importa es su vida, no la mía," le dije.
Cerré los ojos, recordando nuestra propuesta, nuestro amor.
Éramos invencibles, creía yo.
Qué tonta fui.
"El amor que sentía por ti… se acabó. Ya no existe."
Vi una chispa de dolor en su rostro, pero rápidamente la ocultó.
Luego, el Dr. Vargas y dos enfermeros entraron.
Me ataron a la mesa de operaciones.
"No es anestesia. Es un relajante muscular. Ricardo quiere que estés despierta."
Sentí el frío metálico del bisturí.
Justo entonces, un grito rompió el silencio.
"¡PAPÁ, NO! ¡NO LA TOQUEN!"
Pedrito estaba en la puerta, sus ojos llenos de horror.
Ricardo quedó paralizado.
Mi corazón, exhausto, se rindió.
Mi alma flotó, observando la escena caótica.
Ricardo estaba arrodillado, sollozando.
Pedrito lloraba.
Un médico real reveló que mi cuerpo mostraba signos de tortura.
"Fui yo," susurró Camila, "yo quería que sufriera."
Ricardo se abalanzó sobre ella, con odio puro en sus ojos.
Volví a la vida, en un hospital real, con mi hermana Elena.
Flor, mi sobrina, necesitaba un trasplante de corazón.
Por ella, lo haría.
"Envíame de vuelta," le pedí al sistema.
Y regresé.
Ricardo torturaba a Camila, revelando su posesividad.
"Si ella no podía ser tuya, preferías tenerla rota y encerrada," gritó Camila.
Era tiempo de hacer mi entrada.
"Ricardo," dije. Mi voz era fuerte.
Él se congeló.
"¡Sofía! ¡Estás viva! ¡Sabía que no podías dejarme!"
Corrió hacia mí para abrazarme.
"No te acerques a mí."
Lo miré a los ojos.
"Quiero el divorcio."
Su alegría se hizo añicos.
"Tu amor es veneno, Ricardo. Y yo ya no quiero beberlo."
Me di la vuelta.
"Prepara los papeles del divorcio. Y prepara a los científicos de tu fundación. Tengo un trabajo para ellos."
Era dueña de mi destino.
Había vuelto para reclamar lo que era mío. Cíclo de Muerte
Xuanhuan Mi nombre es Sofía Romero, y esta es la historia de cómo morí.
No una, ni dos, sino incontables veces, a manos del Padre Mateo.
Él, el carismático líder de la Iglesia de la Renovación Divina, era el hombre más hermoso y cruel que jamás había conocido, mi misión obligatoria, la que el Sistema me asignó.
Decían que era para mi redención, una oportunidad.
Pero cada vez que fallaba, el tiempo se reiniciaba, volviéndome a un infierno donde me ahogó en la pila bautismal, me dejó morir de hambre, me envenenó, me apuñaló, me empujó desde las alturas.
Cada muerte era solo una "recalibración", un nuevo ciclo de tortura en el que ofrecí mi dignidad, mi dinero, mis amigos, todo por él.
Y lo peor, es que me dejé engañar, creyendo que esta vez, él me había mostrado amor, esa noche, en sus aposentos.
Pero al despertar, lo vi arrodillado ante una foto: Elena, su amada muerta.
"Su alma será el recipiente perfecto para ti", susurró.
No era amor por mí, sino anhelo por un cascarón vacío para su difunta.
Mi 99% de progreso era el 99% de mi destrucción, para convertirme en una vasija para otra.
El odio me quemó.
Encontré un joyero con mis propios restos: cabello, un diente, fragmentos de hueso, etiquetados como "pruebas".
Él no era un guía, sino un monstruo que coleccionaba pedazos de mis muertes.
El shock me hizo tropezar, alertándolo.
"¿Qué has visto?", siseó con mirada asesina.
Corrí, gritando al Sistema para que me sacara de allí.
Pero Mateo, rápido, gritó: "¡Sistema, reiniciar!".
El mundo se disolvió.
Desperté en la iglesia, y Mateo, con su falsa sonrisa, anunció: "Tu prueba final está por llegar".
El terror me invadió, hasta que vi a mi hermano Miguel, de catorce años, entrar, con la túnica de acólito.
"¡Hermana! ¡Voy a pasar por mi propia purificación!", exclamó, con inocencia.
Mateo sonrió, revelando su demonio.
Había encontrado mi debilidad.
No era mi salvación, sino la suya.
Mi alma rota encontró un nuevo propósito: salvar a Miguel de este monstruo.
La sonrisa de Mateo era veneno, pero ya no me paralizaba.
El mundo parpadeó de nuevo, no por mi voluntad ni la suya, sino por un error del Sistema.
Aparecí en una gala, desorientada, mientras Mateo presentaba a Miguel como el "nuevo alma pura".
Luego, sus ojos se posaron en mí.
"Donde hay luz, debe haber oscuridad".
Me arrastró, humillándome, abofeteándome frente a todos.
"Ella ya no es tu hermana. Es una cáscara vacía, corrompida por el pecado".
Me empujó al suelo.
Luego de meses de abusos, palizas, vejaciones, la gota que derramó el vaso fue, cuando uno de sus secuaces intentó abusar de mí.
Ahí, lo entendí.
"Gracias, Padre Mateo", le dije, sonriendo en medio de la lluvia.
La confusión en su rostro fue mi pequeña victoria.
Cerré los ojos y, con una claridad que nunca antes tuve, le dije al Sistema: "Quiero renunciar a la misión".
[Confirmando solicitud de abandono de misión. ¿Está segura? Esta acción es irreversible.]
"Sí. Estoy segura".
[Solicitud aceptada. El vínculo con el mundo objetivo se disolverá en 72 horas.]
Una inmensa esperanza me invadió.
Por primera vez, después de incontables vidas, veía una salida real.
Mateo me miraba, su furia y desconcierto palpables.
Y esa visión, me hizo sonreír.
Me arrojaron a un callejón. Sola. Herida.
Pero libre. O casi.
71 horas restantes.
Vi mi cara en las noticias: "Exacólita expulsada... por comportamiento errático y violento". Me habían convertido en la villana.
Y luego, el relicario en la pantalla: mis huesos, mis dientes, a subasta como "reliquias sagradas".
"Restos de una santa anónima, bendecidas por el Padre".
Iba a construir su imperio sobre mi dolor.
La misma sensación me invadió antes de que el Sistema me reiniciara.
Me doblegué, vomitando bilis.
No tenía nada.
Pero el contador en mi cabeza seguía corriendo.
65 horas. Tenía que sobrevivir.
En un callejón mugriento, dos matones me esperaban.
"El jefe dice que una mancha debe ser borrada por completo. Sin dejar rastro".
Me golpearon, una violencia fría y metódica.
Con una navaja, uno me cortó la mejilla.
"El jefe quiere que recuerdes esto. Quiere que tu cara refleje la basura que eres por dentro".
Sentí una costilla romperse.
Me golpearon una última vez en el estómago.
Dejé de luchar.
Una extraña calma me invadió.
Comencé a reír. Histéricamente.
Dejaron de golpearme. Me miraron como si estuviera loca.
Levanté la cabeza y miré a Mateo, que observaba desde la ventana.
"Gracias", dije, mi voz extrañamente firme.
"Gracias, Padre Mateo".
"Le deseo a usted y a su... nueva luz... toda la felicidad del mundo".
"Espero que consiga lo que tanto desea".
La confusión en su rostro fue mi pequeña victoria.
Me trasladaron a una cámara frigorífica. El "castigo del amor" que usaba Mateo para purificarme cuando no le obedecía.
Me obligó a copiar un libro sobre Elena, esa mujer que no era más que su obsesión.
"¡Mientes!", gritó, furioso cuando le recordé cómo murió Elena, en un "accidente de coche en verano", no "por hipotermia".
"Haré que Miguel venga aquí y lo haga por ti. Quizás el frío purifique su conexión impura contigo".
La amenaza con mi hermano me quebró.
Me arrodillé, mis heridas sangrando.
El veneno gélido, un dolor de mis vidas pasadas, se apoderó de mí.
Mateo sonrió, victorioso.
42 horas.
Desperté en un hospital, con Mateo ordenando que no gastaran "demasiados recursos" en mí.
Las enfermeras me trataron con desprecio.
Escuché que Mateo iba a "adoptar" a Miguel, a darle una vida "lejos de la mala influencia de su hermana".
La rabia me consumió.
Esa noche, Mateo regresó, arrojando papeles sobre la manta.
"Firma esto. Es una confesión de tus crímenes y una renuncia a tus derechos. Te alejas de mi vida y de la de Miguel para siempre".
En esta simulación, me hacían desaparecer.
"Elena no era mi amor perdido. Era la científica jefe de este proyecto. Y tú... eras su hermana menor, una simple técnica de bajo nivel".
Los recuerdos borrados del Sistema comenzaron a regresar.
Yo, en un laboratorio. Elena. Un accidente.
"Secuestré a sus científicos. Los obligué a conectar tu mente en coma a esta simulación, un mundo que diseñé para ti".
"Miguel... fue una construcción para mantenerte atada".
Todo mi mundo era una farsa.
Me arrastré, simulando locura, me golpeaba la cabeza, gritaba "¡Gusanos en mi cabeza!".
Mateo me miró con horror.
"Miguel y yo... vamos a traer una nueva vida a este mundo. Un alma pura, concebida en la fe y el amor".
El insulto final.
"Como última lección de obediencia", susurró, "bésame los zapatos".
Me acerqué, no para besar, sino para morder su tobillo.
"¡Sistema. Ejecutar salida ahora!".
[Cuenta regresiva finalizada. Desvinculación completa.]
El mundo se disolvió.
Lo último que vi fue el rostro de Mateo, contorsionado por el shock.
"Este es mi último regalo para ti, Mateo", pensé. "Un mundo sin mí".
En el mundo real, me recuperé de un coma.
Mi vida era normal. Conocí a David.
Nos casamos.
Tuve un hijo, Leo.
Pero las sombras persistían.
Una noche, la voz robótica resonó: [ALERTA DE EMERGENCIA. MUNDO OBJETIVO 734 AL BORDE DEL COLAPSO TOTAL.]
[AGENTE S-218, SU PRESENCIA ES REQUERIDA INMEDIATAMENTE.]
Mi cuerpo comenzó a volverse transparente.
[La recuperación forzosa no es opcional.]
El mundo se disolvió.
Estaba de vuelta en el santuario de la iglesia, en ruinas.
Mateo, demacrado, se cortaba mi nombre en el brazo.
"Sabía que volverías", dijo riendo.
"¡Yo lo recuerdo todo, Sofía! ¡Cada reinicio! Fingí no recordar para ver hasta dónde llegarías".
"El Sistema no me creó para ti. Yo secuestré el Sistema para traerte a ti."
Miguel era un pilar digital.
"¡Me estoy digitalizando, Sofía! ¡Así podré seguirte a donde quiera que vayas!".
El mundo se acabó.
Desperté en mi cama. La vida continuó.
Años después, acostando a Leo, lo vi.
Una figura translúcida de pie en la esquina de la habitación.
Mateo. O lo que quedaba de él.
[Sofía... lo siento... estoy tan solo...].
"Eso es lo que querías, ¿no, Mateo?", dije. "Estar conmigo para siempre".
"Aquí te quedarás. Solo. Atrapado en tu propia obsesión, observando una vida que nunca podrás tocar".
Me di la vuelta.
Finalmente, verdaderamente, era libre.
El fantasma en la máquina nunca más volvería a tocarme. Adiós mi marido despiadado y mi hijo ingrato
Romance El aire de la fiesta era denso, olía a perfume caro y a tequila reposado, un aroma que Sofía Romero no conocía.
Se sentía fuera de lugar con su vestido sencillo, mientras su esposo, Diego, la conducía hacia sus imponentes padres.
"¿Esposa? Diego, este juego tuyo ha durado demasiado. Ya es hora de que recuerdes quién eres. Eres un Alcázar" .
La mención de 'Alcázar', la dinastía del tequila, le heló la sangre. Miré a Diego, buscando al carpintero que amaba, pero solo encontré a un extraño de ojos fríos.
"¿Qué está pasando, Diego?" , susurré.
"Se acabó, Sofía" , dijo él, sin una pizca de emoción. "Tuve un accidente hace cinco años. Perdí la memoria. Vivir como un pobre carpintero fue… una experiencia. Pero ya he recordado todo. Mi lugar no es contigo" .
La mentira era tan descarada, tan cruel, que me quedé sin aliento. Un nudo se formó en mi garganta.
Recordé haber vivido esto antes, en otra vida, rogando y humillándome solo para ser desechada. Abandonada con mi hijo Mateo, viendo cómo él se casaba con otra, hasta que la muerte fue un alivio.
Pero esta no era esa vida. No sería la víctima. Esta vez no habría lágrimas.
"Acepto" , dije, mi voz sorprendentemente firme.
"Ya no te necesito. Diez millones de pesos. Firma los papeles del divorcio y desaparece de mi vida" .
Su madre, Doña Elena, añadió como veneno: "Es más dinero del que tu familia ha visto en generaciones. Y no te atrevas a decir que llevas a un hijo de Diego en tu vientre. Nos aseguraremos de que eso no suceda" .
La crueldad era casual, natural para ellos. En mi vida pasada, me habría destrozado. Ahora, solo alimentaba mi resolución.
Miré a Diego, a aquel que me había destruido una vez, y tomé una decisión. Caminé con la cabeza en alto, dejando esa vida falsa.
El aire fresco de la noche llenó mis pulmones. Era el primer aliento de mi nueva vida, una que construiría lejos de su veneno.
Cuando Diego y su nueva prometida, Camila del Valle, me visitaron para asegurar que entendiera los términos de la separación, mi hijo Mateo, ya manipulado, me lanzó un juguete que me cortó la frente.
"¡Tú eres mala!" , me gritó Mateo. "¡Cami dice que por tu culpa papá estuvo perdido! ¡No te quiero!"
La última brasa de amor se extinguió. Ese fue el momento.
"Lárguense de mi casa" , dije, mi voz como acero.
Cerré la puerta detrás de ellos, y no lloré. El pasado se rompía por completo, dejándome libre.
En el aeropuerto, el destino me jugó una última mala pasada: Diego, Camila y Mateo, rumbo a un jet privado.
Diego me humilló frente a un viejo amigo. "¿Te vas a España? ¿Con mi dinero? ¿A encontrarte con algún otro muerto de hambre?" .
Me solté de su agarre. "Tu dinero es lo único decente que he sacado de ti. Tú y yo no somos nada" .
Mateo, apegado a Camila, exclamó: "Mi mamá es Cami" .
Me libré de él. Dejé el pasado atrás. Estaba lista para nacer de nuevo. Le puede gustar
Su Traición, Mi Memoria Borrada
Felix Harper Cuatro años después de que mi hijo Leo se ahogara, yo seguía perdida en una niebla de dolor. Mi esposo, Elías Garza, el magnate tecnológico, era un santo para el público, un padre devoto que construyó una fundación a nombre de Leo.
Pero cuando fui a finalizar el acta de defunción de Leo, el comentario casual de una empleada hizo añicos mi mundo: "El señor Garza tiene otro dependiente registrado".
El nombre me golpeó como una bofetada: Mateo Montes, hijo de Karla Montes, la mujer que había acosado a Elías durante años. Los encontré, una familia perfecta, Elías riendo, una felicidad que no había visto en años. Luego, escuché a Karla confesarle a Elías que su aventura con ella fue la razón por la que no estaba vigilando a Leo el día que murió.
Mi mundo se derrumbó. Durante cuatro años, había cargado con la culpa, creyendo que la muerte de Leo fue un trágico accidente, consolando a Elías que se culpaba por una "llamada de trabajo". Todo era una mentira. Su traición había matado a nuestro hijo.
El hombre que amaba, el hombre que había construido una prisión de dolor a mi alrededor, vivía una vida feliz con otra familia. Me había visto sufrir, dejando que me culpara a mí misma, mientras su secreto se pudría.
¿Cómo pudo? ¿Cómo pudo pararse ahí y mentir, sabiendo que sus acciones llevaron a la muerte de nuestro hijo? La injusticia ardía, una rabia fría y afilada que reemplazó mi duelo.
Llamé a mi abogado, luego a mi antiguo mentor, el Dr. Damián Castro, cuya investigación experimental sobre la eliminación de la memoria era mi única esperanza. "Quiero olvidar", susurré, "necesito olvidar todo. Bórrale de mi vida". Recuperando Mi Vida Robada
Lukas Difabio Desperté después de cinco años en coma. Un milagro, dijeron los doctores. Lo último que recordaba era haber empujado a mi esposo, Diego, para quitarlo del camino de un camión que venía a toda velocidad. Lo salvé.
Pero una semana después, en la oficina del Registro Civil, descubrí un acta de defunción expedida hacía dos años. Los nombres de mis padres estaban en ella. Y luego, la firma de Diego. Mi esposo, el hombre al que salvé, me había declarado muerta.
El shock se convirtió en un vacío helado. Regresé a nuestra casa, solo para encontrar a Angélica Herrera, la mujer que causó el accidente, viviendo allí. Besó a Diego, con una naturalidad que dolía. Mi hijo, Emilio, la llamaba "mami". Mis padres, Alba y Genaro, la defendían, diciendo que ya era "parte de la familia".
Querían que perdonara, que olvidara, que entendiera. Querían que compartiera a mi esposo, a mi hijo, mi vida, con la mujer que me lo había robado todo. Mi propio hijo, el niño que llevé en mi vientre y amé con toda mi alma, gritó: "¡Quiero que se vaya! ¡Lárgate! ¡Esa es mi mami!", señalando a Angélica.
Yo era una extraña, un fantasma rondando su nueva y feliz vida. Mi despertar no fue un milagro; fue una molestia. Lo había perdido todo: mi esposo, mi hijo, mis padres, mi propia identidad.
Pero entonces, una llamada desde Zúrich. Una nueva identidad. Una nueva vida. Catalina Garza estaba muerta. Y yo viviría solo para mí. Ximena: Libre Del Pasado Oscuro
Jia Zhong De Lao Shu Morí en el sótano oscuro y húmedo, asfixiándome lentamente.
Mi tío, el hombre que amé toda mi vida, me observaba con una sonrisa malévola.
«Debes morir…», susurró, mientras el dolor en mi vientre era insoportable y mi hijo nonato luchaba por nacer.
Le rogué, le supliqué que me llevara al hospital, pero él se quedó allí, viéndome morir.
Mi último aliento fue un susurro ahogado con su nombre.
Desperté con un sobresalto, el corazón latiéndome a mil por hora.
Estaba en una suite de hotel, y la fecha era la misma del día de mi muerte.
¡Había renacido!
El pánico inicial dio paso a una extraña calma.
Tenía una segunda oportunidad para no cometer los mismos errores.
La puerta del baño se abrió y de ella salió Ricardo, mi tío.
«Ximena…», su voz era un gruñido ronco. «Ayúdame… me siento muy mal».
En mi vida anterior, caí, creyendo estúpidamente que él vería mi amor.
Me entregué a él, solo para quedar embarazada y ser asesinada poco después.
Pero esta vez, no.
«¡Suéltame, tío!», mi voz sonó más fuerte y firme de lo que esperaba.
Lo empujé. Su mirada confundida se encontró con la mía, ahora llena de frialdad y determinación.
Ya no era la Ximena de antes.
No dudé y marqué el número de la prometida de Ricardo.
«Soy Ximena. Tu prometido no se siente bien. Alguien le puso algo en la bebida. Está en la suite 3205 del Hotel Grand. Será mejor que vengas rápido».
Colgué.
«Ella es tu prometida», respondí, mi voz sin emoción. «Ella es la que debería ayudarte».
Abrí la puerta sin mirar atrás.
«Ocúpate de tus propios asuntos, Ricardo».
Salí de la habitación, cerrando la puerta con firmeza. Era el sonido de mi libertad.
Mi nueva vida acababa de comenzar. El Regreso del Ingenuo Millonario
Jia Zhong De Lao Shu Sentí el frío metal en mi espalda, un dolor agudo que me robó el aliento.
Caí sobre el pavimento mojado de un callejón oscuro, la lluvia lavaba la sangre de mi abdomen.
Vi la silueta de Sebastián, el chico que consideré mi hermano, sosteniendo el cuchillo que goteaba con mi vida.
"¿Por qué?", susurré, la voz rota.
Sebastián se rio, una risa cruel: "Porque eres un millonario ingenuo, Joaquín. Me diste todo, pero quería ser tú, no tu sombra."
Se agachó, sus ojos brillaban con odio. "Ahora, todo lo tuyo será mío. Tus padres me verán como el hijo que perdieron. Nadie te recordará."
El veneno de sus palabras se filtró en mis últimos momentos, más doloroso que las puñaladas físicas.
El mundo se oscureció, y su risa victoriosa resonó mientras me hundía en la negrura infinita.
Creí que era el final, que mi alma flotaría en la nada, llevada por el eco de esa traición inolvidable.
De repente, una luz cegadora me golpeó.
Parpadeé. El dolor se había ido.
Estaba de pie, mi cuerpo intacto, en el auditorio de mi universidad, un lugar que sentía extrañamente familiar.
En el escenario, bajo un cartel de "Donación para el Futuro", vi a la directora sonriendo, y a su lado, con un traje impecable y una sonrisa de santo, estaba Sebastián.
El mismo Sebastián que me había asesinado.
"Damos la bienvenida al joven Sebastián Rodríguez", decía la directora, "nuestro más generoso benefactor."
Los aplausos resonaron. Lo miraban con admiración, como a un héroe.
Vi a Elena, la chica más popular, sus ojos brillaban de adoración por Sebastián, la misma Elena que me humilló llamándome ladrón.
Sebastián tomó el micrófono, su voz llena de falsa humildad. "Gracias, directora, solo quiero devolver un poco de lo mucho que la vida me ha dado."
Una oleada de ira fría y pura me dejó sin aliento. No era un sueño, no era el más allá. Había renacido.
Había vuelto al momento exacto en que la farsa de Sebastián alcanzaba su punto más alto, el momento antes de que firmara el acuerdo de donación. ¡Con mi dinero!
La ingenuidad había muerto en ese callejón oscuro. Lo que quedaba era un hombre con un propósito.
Mientras Sebastián disfrutaba los aplausos, saqué mi celular. Mis manos no temblaban.
Marqué el número del banco privado de mi familia.
"Buenos días, necesito un favor urgente," dije, mi voz con un filo de acero. "Quiero cancelar inmediatamente la tarjeta adicional con terminación 4822, a nombre de Sebastián Rodríguez."
"¿Puedo preguntar el motivo?"
"Actividad fraudulenta. Cancélala ahora."
"Entendido, señor. Bloqueada y cancelada permanentemente."
Colgué justo cuando Sebastián se sentaba en la mesa de firmas, pluma en mano.
Una sonrisa fría se dibujó en mis labios. El juego acababa de empezar, y esta vez, yo conocía todas las reglas. La Vida Mentirosa: No perdonaré Nunca
Gong Zi Qian Yan Introducción
Durante siete años, viví una farsa, creyendo ser la amada prometida de Máximo Castillo y la madre feliz de Leo.
Mi rostro no era mío, mis recuerdos eran falsos; era la copia de una mujer muerta.
Pero la mentira estalló en pedazos cuando la verdadera Sofía Salazar regresó en medio de una fiesta.
Mi hijo, Leo, con la inocencia de sus siete años, la señaló y dijo: "Mamá, esa mujer no eres tú".
El pánico se desató, Sofía cayó a la piscina, y Máximo, con una furia incomprensible, arrastró a nuestro hijo al borde.
Él, que tenía un miedo terrible al agua, fue arrojado sin piedad al fondo.
Lo saqué inerte, mientras Máximo consolaba a Sofía, y la televisión anunciaba que él celebraba su "séptimo aniversario" con ella.
En ese instante, algo se rompió en mi cabeza y la verdad me golpeó como un aluvión: mi nombre era Lina Garcia, y Leo era el hijo de una violación atroz, no de un amor idílico.
Máximo no solo me había engañado, sino que al enterarse de la muerte de Leo, se burló, arrojó sus cenizas al suelo y me mostró un informe falso de ADN, golpeándome brutalmente.
¿Cómo pude amar, o creer que amaba, a un monstruo capaz de tanto horror?
Pero el destino tenía otros planes; los secretos finalmente salieron a la luz.
Su tía Isabel reveló la verdad en su funeral: Leo era su hijo biológico, el ADN había sido falsificado por Sofía, y la misma Sofía había manipulado la medicación de su madre.
Además, la herencia de Máximo, su imperio vinícola, ahora me pertenecía a mí.
Con el dolor aún fresco, tomé mi lugar para desmantelar su imperio de mentiras y asegurar que cada uno pagara por sus crímenes.
La sumisa "Sofía" había muerto con su hijo, y Lina Garcia, la verdadera Lina Garcia, se levantaría de las cenizas para reclamar justicia y su propia vida. La Historia de los Asesinos
Chen ziluo Era viernes por la tarde, un día que prometía la alegría habitual con mi hija.
Mis suegros se llevaron a Luna, y una premonición me oprimió el pecho.
Ricardo, mi esposo, desestimaba mis temores con condescendencia.
«¡Estás exagerando!», me dijo.
Pero su paciencia se quebró cuando le pedí que la trajera antes.
Entonces, soltó esa frase mortal, casi como un pensamiento secundario.
«Además, Isabel también irá. Ayudará a cuidarla».
Isabel, esa mujer que mi esposo admiraba de forma inapropiada.
La traición me golpeó como un rayo, la cena se volvió cenizas en mi boca.
Las excusas de mis suegros al día siguiente, evitándome hablar con mi niña, solo alimentaron mi pánico.
«Está durmiendo», decían, y el clic del teléfono al colgar resonaba como un disparo.
La presa se rompió; grité a Ricardo: «¡Me están mintiendo!».
Pero él defendió a su familia, a Isabel.
«¡Cálmate de una vez! ¡Estás haciendo un escándalo por absolutamente nada!».
Me sentí sola, atrapada en una pesadilla.
Tomé el teléfono y, al llamar a Ricardo, escuché su risa cómplice con Isabel.
«Tu esposa es tan intensa», dijo ella.
Y él respondió: «Déjala. Ya se le pasará el berrinche. Está loca».
El mundo se detuvo, el dolor era insoportable, pero Luna era lo único que importaba.
«¿Dónde está mi hija?».
«Está… con mis padres. Ya te lo dije. Deja de molestar», me interrumpió y colgó.
Corrí a la policía, pero mis ruegos fueron en vano; dijeron que era una "disputa familiar" .
Luego, una llamada del hospital: «Accidente… Luna Patterson».
Corrí sin aliento, solo para encontrar un pequeño cuerpo bajo una sábana blanca, con su pulsera de listones.
Ricardo, pálido, me gritó: «¡Tú tienes la culpa!».
Ese fue el final.
Mi dolor se transformó en rabia; la bofetada resonó en la morgue.
La cámara de seguridad falló en el momento crucial, y mi suegra había autorizado la cremación.
«¿Cómo pueden cremar a un niño sin la firma de ambos padres?».
Entonces, recordé el bolso de Luna en el coche de Ricardo; Isabel tenía los documentos de mi hija.
Esto no fue un accidente.
Yo me encargaría de que él y los suyos pagaran. Venganza Perfecta: Amor Falso
Yi Xiaoxin Mi teléfono sonó con urgencia, la voz agitada de mi asistente confirmaba que algo terrible había pasado.
"Señor Alejandro, tiene que venir al club... Es... es Camila..."
Un grito desgarrador, seguido de golpes sordos, me heló la sangre.
Corrí al Club, las sirenas ya se escuchaban a lo lejos.
Adentro, el caos; mesas volcadas, botellas rotas. Y en la sala VIP, un hombre yacía golpeado y ensangrentado.
En el centro de todo, Camila, con su vestido empapado en sangre, una botella rota en la mano y una mirada salvaje.
Justo cuando entré, blandió la botella de nuevo, lista para un golpe más.
"¡Camila!" , le grité.
Ella se detuvo, como despertando de un trance.
"Alejandro…", susurró con una sonrisa extraña. "Quería tocarme… Dijo que tú ya no me querías".
De repente, se lanzó hacia el hombre, pateándolo brutalmente.
Todos contuvieron el aliento, mientras ella me miraba con una devoción enfermiza.
"Nadie puede hablar mal de ti, mi amor" .
Siempre había sido mi "Camila la Loca" , mi sombra, la que se arrastraba por mí.
Pero la verdad era más oscura. No era yo a quien ella amaba, sino a Eva, mi hermana desaparecida.
Camila se había convertido en mi perfecta obsesión, la imagen viva de Eva, y yo, ciego, la había usado.
Ella me había permitido creer que era mi juguete, mi perra faldera, la mujer que mataría por mí.
Incluso cuando Sofía llegó y la humillé públicamente, la vi arrodillarse, y fingir devastación.
Todo era una actuación.
Una trampa, una venganza fría y calculada.
Pero ¿por qué? ¿Qué había detrás de esa mirada, ese odio oculto?
Ahora lo sé. Y mi imperio de mentiras ha caído.
Ella lo planeó todo, cada paso, cada lágrima.
Y yo, el depredador, fui su presa.
Porque la "loca" de Camila nunca me amó.
Y yo nunca supe con quién estaba tratando realmente. El Beso de la Víbora: La Venganza de una Esposa
Liu Jia Bao Er La llamada entró en el día más caluroso del año. Mi hijo, Leo, estaba encerrado en un coche hirviendo por culpa de la hermanastra de mi esposo, Sofía, mientras mi marido, Mateo, se quedaba de brazos cruzados, más preocupado por su Mustang clásico que por nuestro hijo, que apenas estaba consciente.
Cuando rompí la ventanilla para salvar a Leo, Mateo me obligó a disculparme con Sofía, grabando mi humillación para exhibirla públicamente. Pronto descubrí su escalofriante secreto: se casó conmigo solo para poner celosa a Sofía, viéndome como nada más que una herramienta en su juego retorcido.
Con el corazón destrozado, solicité el divorcio, pero su tormento se intensificó. Me robaron mi empresa, secuestraron a Leo e incluso orquestaron una mordedura de serpiente venenosa, dándome por muerta.
¿Por qué me odiaban tanto? ¿Qué clase de hombre usaría a su propio hijo como un peón, y a su esposa como un arma, en una farsa tan cruel?
Pero su crueldad encendió una furia helada dentro de mí. No me romperían. Iba a contraatacar, y les haría pagar.