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Adiós mi marido despiadado y mi hijo ingrato

Capítulo 2 

Palabras:838    |    Actualizado en: 08/07/2025

heque de diez millones de pesos estaban sobre la mesa de su pequeña casa, el lugar que una vez llamó hogar. E

gen que atormentaría sus pesadillas en su vida anterior: Diego, impecablemente vestido con un traje

n insulto. "Vinimos a asegurarnos de que entiendes

la como si fuera una extraña, un obst

a, su tono era glacial. "No tengo

, aferrándose a la pierna de Diego, suplicándole que no la dejara, que pensara en su hijo. Recordó

Camila, paseando la mirada por el humilde interior de la c

por defender a Sofía, sino por imp

brazo. Se volvió hacia Sofía. "Diego y yo nos vamos a casar el pr

pasada, la habrían desangrado. Ahora, Sofía se sentía extrañ

jo Sofía, y la sinceridad de su desprecio fue tan

eraba un drama, una confirmación de su pode

ndo un paso adelante. "¿Tú? ¿Una simple carpintera

fuerza que una vez ella había admir

jo ella, su voz

rías estar agradecida. Te estoy dando u

atro años, se asomó, frotándose los ojos. Vio a Camila al lado de su padr

rriendo hacia ella y

, una actriz consumada. "

ó. En sus ojos pequeños y confusos, Sofía vio e

a. "¡Cami dice que por tu culpa pa

a Sofía. El borde afilado del juguete le golpeó la frente, justo encima de la ceja. Un dol

ma. Vio a Diego, que no hizo nada para reprender al niño. Simplemente obse

e el m

so y por el niño que había salido de su vientre, se extinguió. Se convirtió en c

re en sus dedos y luego los mir

o, y su voz no tembló. Era el

ue no reconoció, algo que no podía controlar. La soltó, dio un paso atrás,

vió. No lloró. Simplemente se quedó allí, mientras la sangre se secaba en

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Adiós mi marido despiadado y mi hijo ingrato
Adiós mi marido despiadado y mi hijo ingrato
“El aire de la fiesta era denso, olía a perfume caro y a tequila reposado, un aroma que Sofía Romero no conocía. Se sentía fuera de lugar con su vestido sencillo, mientras su esposo, Diego, la conducía hacia sus imponentes padres. "¿Esposa? Diego, este juego tuyo ha durado demasiado. Ya es hora de que recuerdes quién eres. Eres un Alcázar" . La mención de 'Alcázar', la dinastía del tequila, le heló la sangre. Miré a Diego, buscando al carpintero que amaba, pero solo encontré a un extraño de ojos fríos. "¿Qué está pasando, Diego?" , susurré. "Se acabó, Sofía" , dijo él, sin una pizca de emoción. "Tuve un accidente hace cinco años. Perdí la memoria. Vivir como un pobre carpintero fue... una experiencia. Pero ya he recordado todo. Mi lugar no es contigo" . La mentira era tan descarada, tan cruel, que me quedé sin aliento. Un nudo se formó en mi garganta. Recordé haber vivido esto antes, en otra vida, rogando y humillándome solo para ser desechada. Abandonada con mi hijo Mateo, viendo cómo él se casaba con otra, hasta que la muerte fue un alivio. Pero esta no era esa vida. No sería la víctima. Esta vez no habría lágrimas. "Acepto" , dije, mi voz sorprendentemente firme. "Ya no te necesito. Diez millones de pesos. Firma los papeles del divorcio y desaparece de mi vida" . Su madre, Doña Elena, añadió como veneno: "Es más dinero del que tu familia ha visto en generaciones. Y no te atrevas a decir que llevas a un hijo de Diego en tu vientre. Nos aseguraremos de que eso no suceda" . La crueldad era casual, natural para ellos. En mi vida pasada, me habría destrozado. Ahora, solo alimentaba mi resolución. Miré a Diego, a aquel que me había destruido una vez, y tomé una decisión. Caminé con la cabeza en alto, dejando esa vida falsa. El aire fresco de la noche llenó mis pulmones. Era el primer aliento de mi nueva vida, una que construiría lejos de su veneno. Cuando Diego y su nueva prometida, Camila del Valle, me visitaron para asegurar que entendiera los términos de la separación, mi hijo Mateo, ya manipulado, me lanzó un juguete que me cortó la frente. "¡Tú eres mala!" , me gritó Mateo. "¡Cami dice que por tu culpa papá estuvo perdido! ¡No te quiero!" La última brasa de amor se extinguió. Ese fue el momento. "Lárguense de mi casa" , dije, mi voz como acero. Cerré la puerta detrás de ellos, y no lloré. El pasado se rompía por completo, dejándome libre. En el aeropuerto, el destino me jugó una última mala pasada: Diego, Camila y Mateo, rumbo a un jet privado. Diego me humilló frente a un viejo amigo. "¿Te vas a España? ¿Con mi dinero? ¿A encontrarte con algún otro muerto de hambre?" . Me solté de su agarre. "Tu dinero es lo único decente que he sacado de ti. Tú y yo no somos nada" . Mateo, apegado a Camila, exclamó: "Mi mamá es Cami" . Me libré de él. Dejé el pasado atrás. Estaba lista para nacer de nuevo.”
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