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La Segunda Oportunidad A Recuperar

Capítulo 4 

Palabras:750    |    Actualizado en: 07/07/2025

mpostura finalmente rota. "¡Acabas de sentenciar a tu hijo! ¿N

nes desmoronándose. Necesitaba que yo fuera la viuda débil y asustada. N

to de mi sig

les al recordar a mi Diego de la otra vida, brotaron de mis ojo

odillas al suelo. "Estoy tan asustada. No te

able. Era la viva imag

decisión la enfurecía. Por otro, mi repentino colapso encajaba

tono era menos agresivo, más condesc

da de su caro vestido. "Eres mi única amiga. La

e sin duda había escuchado todo el alboro

Elenita? ¿Nec

ecto. Un

hara bien. "Solo un lugar donde quedarnos. Unos días, hasta que encuentre

me decía que no delante de un testigo, su reputación de "mejor amiga" y "alma caritat

rostro antes de que la reemplazar

"No los voy a dejar en la calle. Pueden quedarse conmigo

ontigo", lloré, enterrando mi rostro en s

Yo, manteniendo mi papel de viuda desvalida

xclusivas de la ciudad, sentí una oleada de ira fría. Era una mansión. No una

asa de u

en las paredes, una cocina que parecía sacada de una revista de arqu

da doméstica para que preparara un cuarto

onces

una marca cubana extremadamente rara y costosa. La misma marca que Ricardo decí

nt

un encendedor de plata maciza

rdo

era casa. Este era su verdadero mundo. Y mi pequeño departamento, mi vida de

tan sólida y real como la trai

e lujo construido sobre mis lá

, volviéndose hacia mí con una son

o todavía una má

ga. No sé qué

, una voz fría

ora, el juego se juega en mi terreno. Y voy a desmantelar tu

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La Segunda Oportunidad A Recuperar
La Segunda Oportunidad A Recuperar
“La voz de Sofía, vacía y familiar, repetía las palabras que ya me habían destruido una vez: "Elena, amiga, tienes que renunciar a la herencia. Es lo mejor para ti y para Dieguito." La miraba en mi sala, postrada en un sofá viejo, sus ojos llenos de una falsa compasión que no engañaba a mi memoria. Porque el recuerdo de mi vida pasada me golpeó como un tren esta mañana, el día exacto en que todo empezó a desmoronarse. En esa otra vida, le creí a Sofía. Firmé los papeles, renuncié a todo, incluida una supuesta deuda de cinco millones de pesos, pensando que así protegería a mi hijo Diego de los cobradores. Fui tan ingenua. "El Buitre", el hombre que reclamaba el dinero, no se detuvo. Sin herencia, sin nada que negociar, se llevaron a Diego. Lo secuestraron. Luego, el horror. Me enviaron sus deditos, uno por uno, en pequeñas cajas. Cada entrega arrancaba un pedazo de mi alma. No tenía los cinco millones. No tenía nada. Finalmente, su pequeño corazón. Mi mundo se acabó. Me vendieron a un burdel, un infierno donde los cuerpos de las mujeres no valían nada. Fue allí, en mi miseria, donde un cliente borracho, un empresario que conocía a Ricardo, se rió de mi historia. "-¿Ricardo Pérez en la quiebra? ¡Qué chiste! Ese cabrón era dueño de la mitad de los restaurantes de lujo de la ciudad. Su fortuna se la quedó su verdadero heredero, el hijo que tuvo con su amante. Un tal Miguelito, hijo de una tal Sofía Vargas." Sofía. Mi mejor amiga. La madrina de mi hijo. La traición me quemó por dentro. Todo había sido un plan. La deuda falsa, la insistencia en que yo renunciara, todo para que ella y su hijo secreto se quedaran con todo. Morí en ese burdel intentando escapar. Pero desperté. Hoy. En este mismo sofá. La misma ropa de luto. Con Sofía mirándome con sus ojos de serpiente. "-Elena, ¿me estás escuchando? Es una deuda impagable. Te quitarán la casa, todo. Piensa en Diego." Y entonces lo supe. Esta vez, no voy a renunciar a nada. Esta vez, la deuda es mía. Y la venganza, también.”
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