/0/19409/coverorgin.jpg?v=cd4067e10657fb3d12e50316239aeb40&imageMogr2/format/webp)
Me senté a la orilla del acantilado, Mala’ikan había vuelto a aparecer y no permitiría que otra vez acabara con mi familia. Mi hermano no quería entender que seguir los consejos de ese ser no era lo mejor para nadie, pero en su depresión, en su culpabilidad, no era capaz de entender nada.
Y recordé aquel primer tiempo, cuando fui creado, cuando conocí a Selena, cuando nació mi hija y, sobre todo, cuando Mala’ikan acabó con todo lo que me importaba.
***********************************************
Conocí a Selena una noche de eclipse total. Se contaba en ese tiempo, que los dioses tenían sus batallas en sus moradas celestiales y por ello desaparecían del manto negriazul. Ella escapaba de algo o de alguien, llegó casi sin vida al castillo donde vivía y mis padres la acogieron. Era una mujer realmente hermosa; en ese momento sentí que me encontraba ante una diosa, sin embargo, sabía que eso era imposible, pues, a pesar de haberme criado en un hogar muy crédulo, yo era distinto a los demás y no creía en ese tipo de mitos.
Selena permaneció una semana en recuperación, aunque a mi parecer se encontraba bien al segundo día. Sin embargo, se quedó, como dije, una semana en sus aposentos sin querer salir ni ver a nadie. Al estar a cargo de la seguridad, acudía con mis hombres cada vez que debía alimentarse o cuando la visitaba nuestro curador. En realidad, si soy honesto, no era mi deber asistir con ellos, si lo hacía era porque quería verla.
Una semana después de su arribo, salió de su habitación, más linda que nunca. Puedo asegurar que casi brillaba, con una palidez que hacía juego con sus ojos de aceituna y su cabello plateado.
Aquella noche, Selena salió a caminar y yo la seguí; poco rato después, al darse cuenta de que iba detrás de ella, se giró para mirarme.
―¿Qué quieres? ―me preguntó con dulzura.
―Nada, solo cumplo con mi deber.
―Tú no tienes deber para conmigo.
―Mi deber es protegerte.
―¿Crees que esté en peligro? ―inquirió algo burlona.
―¿Tú no? No llegaste en las mejores condiciones ―repliqué igual de burlón.
―Eso fue un descuido, no muchos tienen el poder de destruirme y, siendo ese el caso, poco podrías hacer tú para defenderme.
―Me subestimas.
―No, no te subestimo, te doy tu propio lugar.
Eso no me agradó, me sentí demasiado inferior, ella me estaba humillando, aunque claro, ni su voz ni sus gestos lo expresaban de ese modo.
―No te sientas mal, no quiero decir que tú no seas capaz de ayudar a otras personas, pero yo no soy una persona normal, quienes me pueden hacer daño a mí, bien pueden hacértelo a ti sin ninguna dificultad.
―Yo puedo defenderte si hace falta.
―Lo sé, sé que puedes defenderme si aparece algún hombre que quiera hacerme daño, pero si se trata de otro tipo de fuerzas, dudo mucho de que tú puedas ayudarme.
―¿Otro tipo de fuerzas?
―Fuerzas en las que no crees.
―¿Me vas a decir que tú crees en hechiceros, dioses...?
―Y todas esas cosas ―aseveró con firmeza.
―¿Y todas esas cosas?
―Escucha, Medonte, todo en lo que no crees, existe de verdad.
―¿Cómo así?
―Así, tal como lo escuchas.
―¿Qué cosas, exactamente, existen?
―Dioses, eternos, brujos, hechiceros, intraterrestres, ángeles, extraterrestres.
―Por favor, Selena, no puedes creer de verdad en ese tipo de cosas, nada de eso es real.
Ella, por respuesta, miró al cielo. La imité por inercia. Lo que vi me desarmó. Una lluvia de estrellas fugaces atravesó el cielo.
―¿Lo viste? Los prodigios existen.
―¿Qué fue eso?
―Yo lo hice.
―¿Cómo que tú lo hiciste?
―Yo no soy lo que imaginas.
―¿Qué es lo que imagino?
―Imaginas que soy una mujer normal, perdida en este territorio, llegada aquí por casualidad escapando de alguien, buscando protección.
Aquello me puso a la defensiva.
/0/6100/coverorgin.jpg?v=1695441c1473211233295bf7110749f2&imageMogr2/format/webp)
/0/16130/coverorgin.jpg?v=d1ececf7d1b35c3d26909951f5582bad&imageMogr2/format/webp)
/0/13449/coverorgin.jpg?v=6a79b5acc1340abdd80c990565bfacee&imageMogr2/format/webp)
/0/16934/coverorgin.jpg?v=d2b2c1fa4579f0f9fcf8c37524c356f1&imageMogr2/format/webp)
/0/15465/coverorgin.jpg?v=e07f203525618a6f8d7e40b58e3f2b5b&imageMogr2/format/webp)
/0/23474/coverorgin.jpg?v=cee013e41016b231a3a8175e22f1379d&imageMogr2/format/webp)
/0/22467/coverorgin.jpg?v=501028904c7a0af52446b8b30a274a71&imageMogr2/format/webp)
/0/3185/coverorgin.jpg?v=9655e1f4dd901627f58b1a4320e31514&imageMogr2/format/webp)
/0/13534/coverorgin.jpg?v=cbb34d2d44d73b8ad4e75744e152a8c8&imageMogr2/format/webp)
/0/20698/coverorgin.jpg?v=573dad0d6777de66f9080326f3236774&imageMogr2/format/webp)
/0/5749/coverorgin.jpg?v=38a2a3bf79f294caf6ecd10e834f54a7&imageMogr2/format/webp)
/0/15290/coverorgin.jpg?v=7fb54a6d357aa709350e0ed792ee1651&imageMogr2/format/webp)
/0/10431/coverorgin.jpg?v=7e9a91f35451b0cc08c5a98b18e2bb68&imageMogr2/format/webp)
/0/15606/coverorgin.jpg?v=72dab629f520519eb364aa0c50d5fc00&imageMogr2/format/webp)
/0/15810/coverorgin.jpg?v=09dfa7255a0057b6b00c6908dfb08169&imageMogr2/format/webp)
/0/19388/coverorgin.jpg?v=7223271e223e78c063b211c5bf824fb8&imageMogr2/format/webp)
/0/19365/coverorgin.jpg?v=740dbdae7dc5e482a495e92e0f4670df&imageMogr2/format/webp)
/0/6351/coverorgin.jpg?v=e6a7bc1c5183fc5618a69fb934f5c10c&imageMogr2/format/webp)
/0/15089/coverorgin.jpg?v=523a3e5d2ee2a8421eabe0ecc53067c9&imageMogr2/format/webp)
/0/4313/coverorgin.jpg?v=34bded5a5f13ff3e3d962c18c301bf63&imageMogr2/format/webp)