De Bailarín a Magnate

De Bailarín a Magnate

Orange

5.0
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Capítulo

Mi vida era una melodía perfecta: un pequeño estudio de tango en San Telmo, el amor de "Luz", la mujer a quien salvé de la amnesia y que había jurado protegerme y amarme siempre. Pero esa "Luz" era una farsa. Cuando la Luciana Salazar, la despiadada heredera, recuperó sus recuerdos, el infierno se desató. Trajo a su prometido Máximo, quien me humilló y me tendió una trampa, acusándome de empujarlo de un yate antes de mi propia boda. Fui a prisión, un lugar que ella conocía bien. Los años de nuestra vida juntos no significaron nada. Cuando mis riñones fallaron por la brutalidad carcelaria, ella vino a verme, no para salvarme, sino para exigirme mi único riñón para su amado Máximo, burlándose de mi sufrimiento. En la mesa de operaciones, mientras los cirujanos abrían mi cuerpo para arrancarme lo último que me quedaba, sentí que moría. No fue la anestesia, fue el espíritu. Mi último recuerdo fue su rostro impaciente, esperando mi sacrificio. Pero en vez de morir, renací. Ahora, de vuelta en el día que Máximo finge su caída, ya no soy el ingenuo bailarín que ella controlaba. Esta vez, la deuda se cobrará, y la sinfonía de mi venganza apenas comienza.

Introducción

Mi vida era una melodía perfecta: un pequeño estudio de tango en San Telmo, el amor de "Luz", la mujer a quien salvé de la amnesia y que había jurado protegerme y amarme siempre.

Pero esa "Luz" era una farsa. Cuando la Luciana Salazar, la despiadada heredera, recuperó sus recuerdos, el infierno se desató. Trajo a su prometido Máximo, quien me humilló y me tendió una trampa, acusándome de empujarlo de un yate antes de mi propia boda.

Fui a prisión, un lugar que ella conocía bien. Los años de nuestra vida juntos no significaron nada. Cuando mis riñones fallaron por la brutalidad carcelaria, ella vino a verme, no para salvarme, sino para exigirme mi único riñón para su amado Máximo, burlándose de mi sufrimiento.

En la mesa de operaciones, mientras los cirujanos abrían mi cuerpo para arrancarme lo último que me quedaba, sentí que moría. No fue la anestesia, fue el espíritu. Mi último recuerdo fue su rostro impaciente, esperando mi sacrificio.

Pero en vez de morir, renací.

Ahora, de vuelta en el día que Máximo finge su caída, ya no soy el ingenuo bailarín que ella controlaba. Esta vez, la deuda se cobrará, y la sinfonía de mi venganza apenas comienza.

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