Orange
5 Libros Publicados
Libros y Cuentos de Orange
Su Arrogancia, Mi Corazón Roto
Adulto Joven Valeria apareció en la preparatoria como siempre, con la barbilla en alto y esa mirada de superioridad que nos perdonaba la vida al resto.
Se sentaba a mi lado, y parecía que sus historias de lujos infinitos eran el pan de cada día, un sinfín de mentiras sobre choferes, mansiones y viajes a Europa que, al principio, daban risa, pero con el tiempo solo causaban una mezcla incómoda de lástima y hartazgo.
La vi en el mercado de la Guerrero un día, con su uniforme desgastado y sus zapatos rotos, escondiéndose detrás de un puesto de nopales, pálida de terror al verme.
Esa imagen chocaba brutalmente con la de la "princesa" que hablaba de cenas de gala; no pude más y, consumido por la rabia, la encaré directamente, destrozando sus fantasías frente a toda la clase.
Le grité que no tenía chofer, que sus zapatos estaban rotos y que su uniforme era viejo.
Su furia fue helada: "¡No te atrevas a hablar de mi familia! ¡Mi padre es un hombre de honor! ¡Mi madre es una dama!" .
Mi confrontación, sin embargo, no fue suficiente para detenerla; Valeria continuó tejiendo su red de falsedades, cada vez más elaboradas y desesperadas.
Un día, la maestra anunció que Valeria había recibido una beca para alumnos de bajos recursos, que ella rechazó con la misma arrogancia de siempre, alegando que su familia no necesitaba "caridad" .
No pude contenerme y la increpé, revelando a gritos su verdadera dirección: "¡Vives en la vecindad de la San Simón! ¡Tu mamá limpia casas!" .
Valeria, con el rostro descompuesto, me abofeteó; su dolor era tan puro que me dejó sin aliento, y aunque nos suspendieron, el escándalo ya era imparable.
El ciberacoso hacia Valeria explotó; la llamaban "Princesa de la Basura" y "Lady Mentiras" .
La culpa me carcomía, así que la busqué.
En su vecindad, la abuela de un vecino me reveló la verdad: sus padres no eran empresarios, sino militares, caídos en acción, dos años atrás, en una emboscada narco en Sinaloa.
Corrí al Panteón Militar, y ahí, frente a las tumbas con los nombres de la Capitán y la Teniente, Valeria me confesó todo: sus mentiras eran un escudo para proteger el honor de sus padres y evitar la lástima.
Y así fue como, entre cámaras y Generales del Ejército, la escuela entera descubrió su verdad, y Valeria, por primera vez, se permitió llorar con orgullo.
Al graduarse, solo aplicó a un lugar: el Heroico Colegio Militar.
Sabía que en ese abrazo de despedida, Valeria no solo me agradecía por haberla liberado de sus mentiras, sino que también se despedía de la niña que alguna vez fue, para convertirse en la soldado que siempre estuvo destinada a ser. El Mariachi Quebró Mi Amor
Suspense La música de mariachi aún vibraba en el aire de Ciudad de México, pero para mí, Ricardo Mendoza, era solo el telón de fondo de mi irremediable invisibilidad, el \"novio de Sofía Del Valle\", la chef de moda, a quien le había dedicado siete años de mi vida.
Pero esa noche, en su fiesta de celebración, el brillo de Sofía se convirtió en una sombra insoportable cuando su exnovio, Alejandro "El Gourmet" Sánchez, no dejó de lanzarle miradas cómplices que terminaron en un \"accidente\" dramático de Sofía en los brazos de Alejandro, dejándome como el idiota con la guitarra.
Ver a Alejandro cargarla como un héroe y después alardear sobre sus \"viejos tiempos\" frente a mí, me hizo sentir la humillación quemarme la cara, mientras sus amigos me observaban con burla y compasión.
¿Cómo era posible que después de tantos años de sacrificarme por ella, de convertirme en su "tapete", ella me tratara con ese desprecio, con esa crueldad pública, sin una pizca de arrepentimiento?
Pero en ese instante, algo se rompió dentro de mí. Un lobo que había estado dormido durante siete años, finalmente mostró los dientes. Respondí con una calma glacial que la desarmó, les di la espalda y, por primera vez, actué por mí: la red de seguridad de Sofía, se había roto. Ella Eligió Su Propia Ruina
Moderno El aroma a cilantro flotaba en mi taquería, "El Gancho al Hígado", el refugio de paz que forjé con sudor tras colgar los guantes de boxeador.
Hasta que una llamada de la escuela primaria "Benito Juárez" me destrozó esa calma.
"Hubo... un incidente", balbuceó una voz tensa, mi corazón latiendo a mil por mi Pedrito.
Cuando llegué, mi hijo estaba con la cara marcada y la camisa rota, mientras Rodrigo Vargas, el mocoso agresor, sonreía impune, y el maestro López, un pusilánime, respaldaba al junior.
Lo que Pedrito soltó después me heló la sangre: Rodrigo, hijo del poderoso Sebastián "El Patrón" Vargas, no solo lo golpeó, sino que lo humilló con insultos viles sobre mí y Sofía, mi exesposa.
Y, en el cuello de Rodrigo, vi un dije de oro y esmeraldas, una joya que mi exesposa usaba a menudo, encajando una pieza monstruosa del rompecabezas.
La confirmación llegó cuando "El Patrón" Vargas entró, un capo temido que controlaba la ciudad, y exigió que mi hijo se disculpara, ofreciendo un fajo de billetes al director como soborno.
"O tu hijo se disculpa, o será expulsado" , sentenció el director, y Sofía, al enterarse, solo me exigió disculparme para "no meternos en problemas" .
"¿Conoces a Vargas?", le pregunté, y su silencio me lo dijo todo: ella estaba involucrada hasta el cuello.
La humillación pública, la traición de mi exesposa, y la injusticia contra mi hijo solo encendieron una llama.
Ya no era solo Armando, el taquero. Era "El Toro" Ramírez, el exboxeador y empresario, listo para una guerra.
Voy a pelear por mi hijo, y me van a pedir perdón de rodillas. De Bailarín a Magnate
Urban romance Mi vida era una melodía perfecta: un pequeño estudio de tango en San Telmo, el amor de "Luz", la mujer a quien salvé de la amnesia y que había jurado protegerme y amarme siempre.
Pero esa "Luz" era una farsa. Cuando la Luciana Salazar, la despiadada heredera, recuperó sus recuerdos, el infierno se desató. Trajo a su prometido Máximo, quien me humilló y me tendió una trampa, acusándome de empujarlo de un yate antes de mi propia boda.
Fui a prisión, un lugar que ella conocía bien. Los años de nuestra vida juntos no significaron nada. Cuando mis riñones fallaron por la brutalidad carcelaria, ella vino a verme, no para salvarme, sino para exigirme mi único riñón para su amado Máximo, burlándose de mi sufrimiento.
En la mesa de operaciones, mientras los cirujanos abrían mi cuerpo para arrancarme lo último que me quedaba, sentí que moría. No fue la anestesia, fue el espíritu. Mi último recuerdo fue su rostro impaciente, esperando mi sacrificio.
Pero en vez de morir, renací.
Ahora, de vuelta en el día que Máximo finge su caída, ya no soy el ingenuo bailarín que ella controlaba. Esta vez, la deuda se cobrará, y la sinfonía de mi venganza apenas comienza. El Corazón que no te Pertenece
Romance Mi abuelo se desplomó, y el diagnóstico fue devastador: necesitaba un trasplante urgente pero inalcanzable.
Mi prometido, Javier, un magnate taurino, me negó la dote para salvarlo, y dos días después, lo vi en la portada de una revista, sonriendo junto a mi vieja rival, Elena, la estrella del flamenco.
Justo cuando mi mundo se desmoronaba en el hospital, Mateo, mi amigo de la infancia, apareció como un ancla, ofreciéndolo todo a cambio de un matrimonio sin amor.
Mi abuelo, el hombre que me crio, murió en mis brazos, y en mi dolor y gratitud ciega, acepté vivir en la jaula de oro que Mateo construyó, creyendo que su generosidad era un milagro.
Cinco años después, la música de una fiesta en nuestra bodega se ahogó cuando escuché la verdad de su propia boca: la muerte de mi abuelo no fue un rechazo, sino un corazón desviado por Mateo para salvar a la madre de Elena, su amor secreto, y yo era solo eso, su "penitencia", su "deuda".
¿Fui un rescate o la cruel moneda de cambio en una venganza que ni siquiera era mía?
Esa noche, no solo me di cuenta de la prisión en que vivía, sino que comencé a trazar mi escape, decidida a volar lejos, muy lejos, sin mirar atrás. Le puede gustar
El adiós número noventa y nueve
Zui Ai Chi Liu Cheng La nonagésima novena vez que Javier Lira me rompió el corazón fue la última. Éramos la pareja de oro de la Prepa Anáhuac, nuestro futuro perfectamente trazado para el Tec de Monterrey. Pero en nuestro último año, se enamoró de una chica nueva, Catalina, y nuestra historia de amor se convirtió en una danza enferma y agotadora de sus traiciones y mis amenazas vacías de dejarlo.
En una fiesta de graduación, Catalina me jaló "accidentalmente" a la alberca con ella. Javi se lanzó sin dudarlo un segundo. Pasó nadando justo a mi lado mientras yo luchaba por no ahogarme, rodeó a Catalina con sus brazos y la sacó a un lugar seguro.
Mientras la ayudaba a salir entre los aplausos de sus amigos, volteó a verme, con el cuerpo temblando y el rímel corriéndome en ríos negros por la cara.
—Tu vida ya no es mi problema —dijo, su voz tan fría como el agua en la que me estaba ahogando.
Esa noche, algo dentro de mí finalmente se hizo añicos. Fui a casa, abrí mi laptop y di clic en el botón que confirmaba mi admisión.
No al Tec con él, sino a la NYU, al otro lado del país. La heredera no deseada: Su regreso multimillonario
He Shuyao Después de ocho años secuestrada, por fin me rescataron. Creí que era el comienzo de una nueva vida con mi mamá.
Pero ella ni siquiera me miró. Corrió a los brazos de un hombre guapísimo y desconocido, su verdadero esposo, y a mí me trataron como un sucio secreto de su pasado.
Me llamaron una contaminación, un recordatorio de su trauma. Mi nueva hermanastra me echó encima a su dóberman, y mientras los dientes del perro se hundían en mi brazo, levanté la vista y vi a mi mamá observando desde la ventana.
Nuestras miradas se cruzaron por un segundo, y luego, lentamente, cerró las cortinas.
En ese instante, la última pizca de esperanza que me quedaba murió. El frágil lazo familiar se rompió por completo y finalmente me rendí.
Pero cometieron un error. El patriarca de la familia, lleno de sospechas después de un accidente de coche, ordenó una prueba de ADN en secreto.
Los resultados llegaron el día de la fiesta de cumpleaños de mi hermanastra, revelando una verdad que reduciría a cenizas su mundo perfecto. PROVÓCAME
J.C.CASTRO Sus amigas la ayudaron a superar todo, la traición más baja que pudo recibir de parte del ser que más había amado; su esposo.
Gil, sugirió hablar y perdonar, Connie sacó su arma y apuntandolo le amenazó.
Ahora, un año después era una mujer divorciada, a la que le encantaba divertirse y compartir con sus amigas.
Pero un nuevo integrante de la empresa donde trabaja, está por cambiarle la vida.
Es irresistiblemente sexy. Debería ser ilegal ser tan guapo.
Ella está decidida a conservar su libertad e independencia.
Él está dispuesto a provocarla hasta lograr que se olvide de su propio nombre.
PROVÓCAME, es una historia que te llevara a conocer grandes sentimientos. Pasión, amor, dolor, y amistad. No dejes de disfrutarla. El precio del amor no correspondido
Lex Bridges Dieciocho días después de renunciar a Bruno Montenegro, Jade Rosario se cortó su melena que le llegaba a la cintura y llamó a su padre para anunciarle su decisión de mudarse a California y estudiar en la UC Berkeley.
Su padre, estupefacto, le preguntó por el cambio tan repentino, recordándole cómo siempre había insistido en quedarse con Bruno. Jade forzó una risa, revelando la dolorosa verdad: Bruno se iba a casar y ella, su hermanastra, ya no podía aferrarse a él.
Esa noche, intentó contarle a Bruno sobre su aceptación en la universidad, pero su prometida, Chloe Estrada, interrumpió con una llamada alegre, y las tiernas palabras de Bruno hacia Chloe fueron una tortura para el corazón de Jade. Recordó cómo esa ternura solía ser solo suya, cómo él la había protegido, y cómo ella le había confesado su amor en un diario y una carta, solo para que él explotara, rompiendo la carta y rugiendo: "¡Soy tu hermano!".
Él se había marchado furioso, dejándola sola para que ella, con el corazón destrozado, pegara los pedazos con cinta adhesiva. Sin embargo, su amor no murió, ni siquiera cuando él trajo a Chloe a casa y le dijo que la llamara "cuñada".
Ahora, lo entendía. Tenía que apagar ese fuego ella misma. Tenía que arrancarse a Bruno del corazón. Entre Cenizas: Un Nuevo Pacto
Rabbit4 El aroma familiar del mole, promesa de un futuro brillante y una beca codiciada, llenaba la cocina de la escuela mientras Sofía Romero se preparaba para el examen final.
Justo entonces, un empujón brutal de Daniela Vargas la lanzó contra la estufa, escaldándole el brazo y destrozando su plato.
"¿Qué crees que haces, gata arrimada?", espetó Daniela, acusándola de ladrona y de robar la receta ancestral de su familia, la misma que había sido la tradición de los Romero por generaciones.
Ignorando a Don Manuel, el viejo ayudante que conocía el pacto secreto, Daniela hundió el preciado cucharón familiar de Sofía en su mole, tirándolo al suelo con desprecio, mientras sus amigas se burlaban de Sofía por "coquetear" con Ricardo Vargas.
La humillación culminó en una agresión salvaje: Daniela, con la ayuda de sus cómplices, la tiró al suelo, y con un crujido nauseabundo, le rompió la mano con el tacón.
El dolor era insoportable, pero la traición de saber que Armando, el mayordomo que conocía la verdad del pacto que ligaba el destino de los Vargas a su familia, se puso de lado de Daniela, fue aún peor.
La advertencia de Sofía, "Están acabando con su propia fortuna", se cernía sobre ellos, pero Daniela solo aumentó la humillación, cubriéndola de harina.
En ese instante de abrumadora desesperación y abandono, un pensamiento le dio fuerza: Ricardo Vargas.
Ricardo llegó, interponiéndose entre Sofía y su familia, llevándola al hospital y revelando que él conocía el pacto ancestral.
"El pacto no está roto, Sofía", le dijo. "Solo está buscando un nuevo ancla. Un nuevo pacto. Entre tu familia y la mía. Mi rama de la familia."
Con la decisión de Ricardo de protegerla y establecer un nuevo pacto, Sofía, la chica de origen humilde, se levantaría de las cenizas. OPUESTOS
Eréndida Alfaro Emma Marmolejo era la típica buena niña, buena hija, buena estudiante, buena ciudadana, buena hermana, buena en todo; por eso, Fernanda Marmolejo, hermana menor de Emma, decidió ser lo que la otra no era, haciendo sufrir a los que no la querían por no lograr ser tan perfecta como su hermana, y dañando a su nada querida hermana, de paso. Pero las cosas no son como Fernanda las conoce, pues ella ni siquiera se interesa en ver más allá de lo que está frente a su nariz y, puede qué, para cuando se dé cuenta de cuál es la realidad, sea demasiado tarde para tener una vida normal. Emma y Fernanda son OPUESTOS, ¿o no?