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De Bailarín a Magnate

Capítulo 1 

Palabras:607    |    Actualizado en: 30/06/2025

go, Iván.

aba débil y quebrada a través del teléfono, una s

o sent

nero, propiedades, lo que se

onido seco y

ce tres años? Cuando me sacaste de la cárcel, arrastrándome co

o de la línea, solo el sonid

ielo. "Que era mi deber pagar por haber 'matado' a Máximo en ese yate

n, yo

iste que un don nadie como yo debería estar agradecido por ten

de la prisión bajo mis pies. La forma en que me miró, con esa mezcla de despre

os riñones. Que doné uno en la cárcel para salvar a un compañero a camb

Te burlaste de mí. Creíste que era una mentira patética para evitar la ciru

en es

la pérdida de sangre. Mi última visión fue la de su rostro impacien

viendo al presente. "La vida tiene un sen

no antes de que

o apartamento en Puerto Madero. El mismo

a vuelto

misma cama, con el sonido de

ván, creo que me

ra de mármol. El mismo truco. La misma actuación. El primer incide

esa del pánico, tratando de ayudar, sol

z, no m

esarrollaba. Escuché sus gemidos exagerados, el sonido de L

bien? ¡Iván! ¿¡Q

puntual, como un

en mi vida pasada, la desesperación, la injusticia.

bailarín de tango que

uier rastro del amor que una vez sentí. Ella no era la mujer vulnerabl

o y

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De Bailarín a Magnate
De Bailarín a Magnate
“Mi vida era una melodía perfecta: un pequeño estudio de tango en San Telmo, el amor de "Luz", la mujer a quien salvé de la amnesia y que había jurado protegerme y amarme siempre. Pero esa "Luz" era una farsa. Cuando la Luciana Salazar, la despiadada heredera, recuperó sus recuerdos, el infierno se desató. Trajo a su prometido Máximo, quien me humilló y me tendió una trampa, acusándome de empujarlo de un yate antes de mi propia boda. Fui a prisión, un lugar que ella conocía bien. Los años de nuestra vida juntos no significaron nada. Cuando mis riñones fallaron por la brutalidad carcelaria, ella vino a verme, no para salvarme, sino para exigirme mi único riñón para su amado Máximo, burlándose de mi sufrimiento. En la mesa de operaciones, mientras los cirujanos abrían mi cuerpo para arrancarme lo último que me quedaba, sentí que moría. No fue la anestesia, fue el espíritu. Mi último recuerdo fue su rostro impaciente, esperando mi sacrificio. Pero en vez de morir, renací. Ahora, de vuelta en el día que Máximo finge su caída, ya no soy el ingenuo bailarín que ella controlaba. Esta vez, la deuda se cobrará, y la sinfonía de mi venganza apenas comienza.”
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