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Fui la guía más estricta del Camino de Santiago, conocida como "La Inquisidora" por mi insistencia en las reglas. Un día, a escasas horas de la meta, Scarlett Salazar, nuestra "reina" manipuladora, fingió una lesión, exigiendo que todos esperaran. Como en una pesadilla repetida, el grupo me miró con desaprobación, esperando que los obligara a seguir, al igual que los forcé en otra vida. Allí, esa decisión me llevó a una puñalada traicionera, a la ruina y muerte de mis padres, y finalmente, a mi propia desaparición, con Máximo y los demás declarando mi «suicidio». Pero la Luciana que pereció por su lealtad a un Camino que ellos no valoraban, ya no existe. Ahora he renacido en el mismo instante, y esta vez, mi prioridad no es la Compostela de nadie, sino la venganza y una vida lejos de su farsa.
Fui la guía más estricta del Camino de Santiago, conocida como "La Inquisidora" por mi insistencia en las reglas.
Un día, a escasas horas de la meta, Scarlett Salazar, nuestra "reina" manipuladora, fingió una lesión, exigiendo que todos esperaran.
Como en una pesadilla repetida, el grupo me miró con desaprobación, esperando que los obligara a seguir, al igual que los forcé en otra vida.
Allí, esa decisión me llevó a una puñalada traicionera, a la ruina y muerte de mis padres, y finalmente, a mi propia desaparición, con Máximo y los demás declarando mi «suicidio».
Pero la Luciana que pereció por su lealtad a un Camino que ellos no valoraban, ya no existe.
Ahora he renacido en el mismo instante, y esta vez, mi prioridad no es la Compostela de nadie, sino la venganza y una vida lejos de su farsa.
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Adulto Joven
Mi futuro brillante estaba a punto de convertirse en realidad. Tenía diecinueve años, lista para el examen de admisión a la universidad de mis sueños, la UNAM. Pero todo se derrumbó cuando, durante el examen, mi mente se nubló, y la acusación de trampa, con "pruebas" en mi mochila, destruyó mi reputación. reporteros me acorralaron, mi hermanastra Lucía y su novio Ricardo, mi ex, se mostraron "preocupados", pero sus ojos brillaban con un triunfo apenas disimulado y una decepción fría. Mi padre me condenó con su silencio, mi universidad se volvió una fantasía, y mi vida se convirtió en un infierno de empleos mal pagados y miradas de desprecio. Mientras veía a Lucía florecer, heredar la fortuna y comprometerse con Ricardo, el dolor sordo en mi pecho crecía. Cinco años después, trabajando como mesera, los vi entrar, irradiando una felicidad obscena. Escuché a Lucía reírse, "La forma en que la droga que le diste en la leche la dejó completamente atontada. Fue el plan perfecto. Sin ella en el camino, todo ha sido mucho más fácil para nosotros" . Ricardo añadió, "Y pensar que esa tonta creyó que yo era su hermana. Nunca supo que todo lo que quería era quitarle todo lo que tenía" . Era la leche que Lucía me dio esa mañana del examen para "darme energía". La traición me golpeó como un huracán; furiosa, me abalancé sobre ellos, solo para ser empujada. Corrí ciega por las calles, llena de dolor y arrepentimiento, deseando una segunda oportunidad. Un chirrido de llantas, un destello, y luego, la oscuridad. Pero la oscuridad no fue el final. Desperté en mi cama, en mi habitación, cinco años en el pasado. La fecha en el calendario: el día del examen. Lucía entró, con su sonrisa angelical y un vaso de leche. Esta vez, no caeré. Esta vez, la historia la escribo yo, y mi venganza será dulce.
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Mafia
Mi nombre es Elena, una mariachi humilde. Mi vida dio un giro de 180 grados cuando mi hermana mayor, Sofía, la más dulce y sencilla de nosotras, se convirtió en la octava prometida del primogénito de la poderosa familia Mendoza, y desapareció para siempre. La prensa, comprada por el dinero de los Mendoza, declaró su muerte como "suicidio por estrés", un destino que también les tocó a las siete prometidas anteriores. Los Mendoza, intocables, se salieron con la suya y mi propio padre, un humilde panadero, fue amenazado y silenciado, negándose a vengar el honor de mi Sofía. En ese momento, yo era una inocente estudiante de música, pero el asesinato de mi hermana despertó en mí una sed de venganza incontrolable. Abandoné mis sueños de música, me matriculé en criminología forense y, durante ocho largos años, me preparé meticulosamente para convertirme en la novena prometida de los Mendoza. Ahora, disfrazada de mariachi, he regresado, dispuesta a desenmascarar a esta familia y cobrar la deuda de sangre de Sofía.
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Xuanhuan
El dolor agudo en mi pecho fue lo último que sentí. A través de mi visión borrosa, vi a Pedro, el vocalista de "El Zorro de Seis Colas", arrodillado frente a mi hermana Elena. "¡Si no fuera por ti, yo debería haber sido el mariachi de Elena, y ya estaríamos juntos!", su voz llena de un resentimiento que nunca antes había escuchado, resonó en mis oídos antes de la oscuridad. Entonces, un destello cegador. Abrí los ojos bruscamente. Había vuelto, el día exacto de mi mayor humillación y de mi muerte. Pedro se arrodillaba en el escenario, pero no ante mí, sino ante Elena. "Elena", su voz profunda y resonante, "tu talento es una estrella brillante, mientras que el de tu hermana ya está en declive. Te ofrezco mi lealtad y mi carrera. Por favor, permíteme ser tu mariachi". La declaración fue una bofetada en público. Elena sonreía, sus ojos brillaban con un triunfo mal disimulado. Mi padre, ignorando mi presencia, se aclaró la garganta, su silencio una aprobación. Pedro se giró hacia mí, su expresión ya no era devoción, sino fría condescendencia. "Sofía, sé que compusiste 'Corazón de Agave' para mí. Pero eso fue un golpe de suerte. Tu estrella se está apagando. Elena es el futuro". "Todo lo que hiciste por mí, te lo agradezco", continuó, su tono ligero. "Fue una inversión. Te daré el doble de lo que gastaste en mí. Con eso, estamos a mano y podemos cortar lazos por completo". "Incluso te compensaré por esas pequeñas heridas en tus manos. Cien mil pesos deberían ser suficientes para cualquier tratamiento estético", dijo con una sonrisa. El aire se escapó de mis pulmones. En mi vida pasada, esto me destrozó. Pero ahora, solo sentía un frío glacial. Levanté la barbilla y lo miré directamente a los ojos, una calma escalofriante en mi sonrisa. "De acuerdo", mi voz clara y firme en el silencio. "Acepto. Cortamos lazos. Eres libre, Pedro". La sorpresa cruzó sus rostros. No esperaban que yo lo dejara ir con tanta facilidad. Pero ya no era la misma Sofía. La mujer que murió con el corazón roto había aprendido la lección. Y esta vez, la que iba a reír al final sería yo.
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Urban romance
Mi esposo, Mateo, y yo éramos la pareja perfecta, el epítome del éxito en la alta sociedad de la Ciudad de México. Él, el empresario de la construcción, y yo, Ximena, la reconocida diseñadora de moda, que vestía un diseño propio y a mi lado Mateo sonreía a las cámaras. Incluso construimos un imperio juntos, o eso creía yo. Pero en la Gala Benéfica Anual de Arte, una subasta de "Corazón Roto" lo cambió todo. Una voz chillona interrumpió la noche: "¡Cinco millones de pesos!", gritó Sofía, la influencer de las redes, con una sonrisa triunfante. Esa era la cantidad exacta que había desaparecido de nuestra cuenta conjunta la semana pasada. Mi primer impulso fue gritarle, pero la frialdad tomó el control. Mientras Mateo miraba a Sofía con orgullo y fastidio, demostrando que ella era su amante, saqué mi teléfono y marqué un número bancario. "Ernesto, soy Ximena. Necesito que congeles una transacción saliente de la cuenta corporativa 77B. ¡Urgente! Considera la tarjeta asociada como robada". El mundo se detuvo. La traición no fue un descubrimiento lento, fue un golpe seco y brutal. Mateo me agarró del brazo: "¿Qué hiciste?", siseó, con una voz baja y peligrosa. "A un lugar donde aprenderás a no humillarme", dijo, sin mirarme. El auto se detuvo en un rancho aislado. Allí, con Sofía a su lado, Mateo me empujó al escenario, declarando: "Mi esposa... será vendida al mejor postor. Empezaremos con su dignidad". "No tienes nada", susurró, destruyendo mi teléfono. Pero yo tenía un secreto, un plan de contingencia escondido en mi vestido. "Ricardo… Necesito ayuda" .
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Mafia
Mi abuela me dejó el mejor de los legados: el olor a cilantro, la sazón en mis manos y el sueño de mi puesto de tacos. Años de sudor y ahorro para comprar la esquina más codiciada de la plaza, mi pequeño reino de lámina y acero inoxidable, hasta que un día, el gordo Ledesma, el cacique que todos temían, apareció y con una sonrisa torcida, se apropió de todo. Mis papeles, mi esfuerzo, mis ilusiones… para él no valían nada y sus matones, con total impunidad, destruyeron mi puesto, pisoteando incluso el retrato de mi abuela. La ley parecía sorda ante mi clamor y la gente, amordazada por el miedo, solo desviaba la mirada. ¿Cómo era posible que un hombre pudiera pisotear años de trabajo y un legado familiar sin consecuencia alguna? ¿Dónde quedaba la justicia cuando el miedo era la moneda que compraba el silencio? Pero en medio de la desesperación, la voz de mi abuela y sus historias de viejos luchadores resonaron. No me iba a rendir. Si la ley de los hombres no servía, buscaría la de los justicieros del pueblo.
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Mafia
Mi hermana Valeria siempre creyó que mi estudio de tatuajes era una asquerosa pocilga, pero para mí, era mi legado, mi vida. Un día, Valeria llegó con una petición monstruosa: quería que usara nuestras técnicas secretas para convertirla en la réplica exacta de Catalina, la novia de "El Patrón" Javier, a quien ella misma había secuestrado. Cuando me negué, intentando hacerla razonar sobre el peligro que ambas corríamos, se abalanzó sobre mí con un bisturí y destruyó mi rostro, dejándome desfigurada en un charco de mi propia sangre. ¿Cómo era posible que mi propia familia, mis padres y mi hermana, me trataran como a un monstruo, celebrando la falsedad mientras mi vida se desmoronaba? Pero mientras sanaba, un frío y afilado deseo de venganza nació en mí: si Valeria quería su "Catalina perfecta", yo se la daría, y la usaría para cavar su propia tumba.
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Rechazada por su pareja, de la que había estado enamorada durante mucho tiempo, Jasmine se sintió completamente humillada. En busca de consuelo, se dirigió a una fiesta para ahogar sus penas. Pero las cosas empeoraron cuando sus amigos le propusieron un cruel reto: besar a un desconocido o pedir perdón a su pareja. Sin otra opción, Jasmine se acercó a un desconocido y lo besó, pensando que eso sería el final. Sin embargo, inesperadamente, el desconocido le rodeó la cintura con los brazos y le susurró al oído: "¡Eres mía!". Gruñó, y sus palabras le provocaron escalofríos. Entonces, le ofreció una solución que lo cambiaría todo...
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Observé a mi esposo firmar los papeles que pondrían fin a nuestro matrimonio mientras él estaba ocupado enviándole mensajes de texto a la mujer que realmente amaba. Ni siquiera le echó un vistazo al encabezado. Simplemente garabateó esa firma afilada y dentada que había sellado sentencias de muerte para la mitad de la Ciudad de México, arrojó el folder al asiento del copiloto y volvió a tocar la pantalla de su celular. —Listo —dijo, con la voz vacía de toda emoción. Así era Dante Moretti. El Subjefe. Un hombre que podía oler una mentira a un kilómetro de distancia, pero que no podía ver que su esposa acababa de entregarle un acta de anulación disfrazada bajo un montón de aburridos reportes de logística. Durante tres años, limpié la sangre de sus camisas. Salvé la alianza de su familia cuando su ex, Sofía, se fugó con un don nadie. A cambio, él me trataba como si fuera un mueble. Me dejó bajo la lluvia para salvar a Sofía de una uña rota. Me dejó sola en mi cumpleaños para beber champaña en un yate con ella. Incluso me ofreció un vaso de whisky —la bebida favorita de ella—, olvidando que yo despreciaba su sabor. Yo era simplemente un reemplazo. Un fantasma en mi propia casa. Así que dejé de esperar. Quemé nuestro retrato de bodas en la chimenea, dejé mi anillo de platino entre las cenizas y abordé un vuelo de ida a Monterrey. Pensé que por fin era libre. Pensé que había escapado de la jaula. Pero subestimé a Dante. Cuando finalmente abrió ese folder semanas después y se dio cuenta de que había firmado la renuncia a su esposa sin siquiera mirar, El Segador no aceptó la derrota. Incendió el mundo entero para encontrarme, obsesionado con reclamar a la mujer que él mismo ya había desechado.
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Acusada de asesinato, la madre de Sylvia Todd fue considerada una traidora por toda la manada, condenando a Sylvia a vivir el resto de su vida sola y humillada como una humilde esclava. Lo único que quería la chica era demostrar la inocencia de su madre de alguna manera, pero el destino nunca parecía estar de su lado. A pesar de todo, Sylvia nunca perdió la esperanza. Como el futuro rey licántropo de todos los hombres lobo, Rufus Duncan poseía un gran poder y estatus, pero tenía una inexplicable reputación de ser cruel, sanguinario y despiadado. Sin que todo el mundo lo supiera, había sido maldecido hacía mucho tiempo y se veía obligado a transformarse en un monstruo asesino cada luna llena. Aunque el destino no siempre favorecía a los dos, unió a Sylvia y Rufus como pareja predestinada. ¿Se hará justicia para la madre de Sylvia? ¿Podrán ella y Rufus desafiar todas las normas sociales y permanecer juntos? ¿Tendrán estas dos almas desafortunadas un final feliz?
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Janet fue adoptada cuando era niña, un sueño hecho realidad para los huérfanos. Sin embargo, su vida fue cualquier cosa menos feliz. Su madre adoptiva se burló de ella y la acosó toda su vida. La mucama que la crio le dio todo el amor y el afecto de una madre. Desafortunadamente, la anciana se enfermó gravemente y Janet tuvo que casarse con un hombre que tenía mala fama en sustitución de la hija biológica de sus padres para cubrir los gastos médicos de la criada. ¿Podría ser este un cuento de Cenicienta? Pero el hombre estaba lejos de ser un príncipe, aunque tenía un rostro atractivo. Ethan era el hijo ilegítimo de una familia rica que vivía una vida lujosa y apenas llegaba a fin de mes. Él se casó para cumplir el último deseo de su madre. Sin embargo, en su noche de bodas, tuvo el presentimiento de que su esposa era diferente a lo que había escuchado sobre ella. El destino había unido a las dos personas con profundos secretos. ¿Ethan era realmente el hombre que pensábamos que era? Sorprendentemente, tenía un extraño parecido con el impenetrable hombre más rico de la ciudad. ¿Descubriría que Janet se casó con él por su hermana? ¿Sería su matrimonio una historia romántica o un completo desastre? Siga leyendo para saber cómo se desarrolla el amor entre Janet y Ethan.
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Llevaba tres años siendo la sombra de Don César, el hombre más poderoso del país, viviendo en una jaula de mármol donde mi único papel era ser la esposa perfecta y sumisa. Aquella noche era nuestro tercer aniversario de bodas; había preparado su cena favorita y lo esperaba con la esperanza de que, por una vez, me viera de verdad. Sin embargo, la realidad me golpeó con una notificación en el móvil: César estaba en el hospital con Rubí, su eterno "amor de infancia", dándole el consuelo que a mí me negaba. Cuando llegó a casa horas después, ni siquiera miró las velas consumidas; simplemente me llamó "marcador de posición" y me recordó que yo solo estaba allí para cuidar su imagen corporativa mientras Rubí se recuperaba para ocupar mi lugar. Soporté sus desprecios mientras él me trataba como a una sirvienta inútil, ignorando que yo había renunciado a mi carrera para ser su paz. Mi propia madre me enviaba mensajes exigiéndome que fuera "útil" para los negocios, tratándome como una moneda de cambio en una familia que solo valoraba el poder y me consideraba una decepción sin educación. Me invadió una furia fría al darme cuenta de que nadie en esa mansión conocía mi verdadero rostro. César no tenía idea de que su "esposa aburrida" era en realidad "El Oráculo", la genio médica que había revolucionado la ciencia a los dieciséis años y que movía los hilos de fortunas globales desde su portátil. ¿Cómo pudo ser tan ciego para despreciar al diamante que tenía en casa por una piedra falsa como Rubí? Esa noche, la mujer que mendigaba amor murió. Firmé los papeles del divorcio, tiré mi anillo de medio millón de dólares a la basura y decidí que era hora de que el mundo conociera al verdadero Oráculo. César pensaba que me estaba desechando, pero pronto descubriría que al echarme de su vida, acababa de perder a la única persona capaz de salvar su imperio de la ruina total.
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Luego de comprometerse con Kevin, Anne se casó con él, debía dar a luz a su hijo en el transcurso de un año, si eso no pasaba, no obtendría nada. Durante el matrimonio no recibió nada más que una humillación constante. Por eso, antes de que naciera el bebé ya estaba demasiado cansada e impaciente, se había dado por vencida. El día del accidente de Kevin ella lo salvó arriesgando su vida y luego desapareció por completo. Después de un tiempo, sus destinos volvieron a unirse, el bebé hizo que ella tuviera que volver a él. Pero esta vez algo había cambiado: ella ya no era esa mujer que soportaba todo por amor, ¡solo quería luchar por su hijo!


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