La Venganza de la Bailaora

La Venganza de la Bailaora

Gavin

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Capítulo

El olor a madera quemada y desesperación llenaba el aire, pegándose a mi piel como miedo. Mi prima Yolanda gritaba desde el tablao en llamas, y Máximo Castillo, el torero que me despreciaba, intentaba liberarse de mi agarre. En otra vida, lo retuve, mi muñeca se rompió, mi carrera de castañuelas terminó, y Yolanda murió. Él me culpó, me obligó a casarme y, en la Feria de Abril, me ahogó en vino tinto mientras sus ojos fríos me veían expirar. Ese recuerdo de la asfixia, del peso de su odio, me devolvió al presente. Todo era idéntico: el humo, el calor, sus mismas desesperadas palabras. ¿Había vuelto para vivir la misma pesadilla, para morir de nuevo a manos de quien creí amar? Esta vez no, esta vez sería diferente; mi venganza no sería ruidosa, sino un fuego lento que los devoraría a todos. Con una calma que me sorprendió, abrí mi mano y lo solté. «Ve», susurré, «Sálvala». Máximo se lanzó a las llamas, ciego por el amor de una mujer que no lo merecía, sin saber que acababa de entrar en mi más cruel obra maestra.

Introducción

El olor a madera quemada y desesperación llenaba el aire, pegándose a mi piel como miedo.

Mi prima Yolanda gritaba desde el tablao en llamas, y Máximo Castillo, el torero que me despreciaba, intentaba liberarse de mi agarre.

En otra vida, lo retuve, mi muñeca se rompió, mi carrera de castañuelas terminó, y Yolanda murió.

Él me culpó, me obligó a casarme y, en la Feria de Abril, me ahogó en vino tinto mientras sus ojos fríos me veían expirar.

Ese recuerdo de la asfixia, del peso de su odio, me devolvió al presente.

Todo era idéntico: el humo, el calor, sus mismas desesperadas palabras.

¿Había vuelto para vivir la misma pesadilla, para morir de nuevo a manos de quien creí amar?

Esta vez no, esta vez sería diferente; mi venganza no sería ruidosa, sino un fuego lento que los devoraría a todos.

Con una calma que me sorprendió, abrí mi mano y lo solté.

«Ve», susurré, «Sálvala».

Máximo se lanzó a las llamas, ciego por el amor de una mujer que no lo merecía, sin saber que acababa de entrar en mi más cruel obra maestra.

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"¿Sofía? ¿Has sabido algo de Jorge?" El teléfono no paraba de sonar, una y otra vez, con la misma pregunta, el mismo tono de urgencia de mis suegros y mi padre. Acababa de dar a luz sola, mi pequeña Luna dormía a mi lado, ajena al mundo y al hombre que nos abandonó. Nadie preguntó cómo estaba yo. Solo por Jorge, mi esposo. La noche que todo se rompió, él miraba la televisión, hipnotizado por la noticia: "LAURA VEGA, DESAPARECIDA EN ZONA DE COMBATE". Laura Vega, su ex, su obsesión. Aquella cuya sombra siempre sentí. Sus ojos no me veían, solo a ella. Su decisión fue instantánea, loca: "Tengo que encontrarla", me dijo mientras yo sentía las primeras contracciones. "¿Qué estás diciendo, Jorge? Soy tu esposa, vamos a tener una hija", le supliqué, pero él ya empacaba, ciego, sordo. El dolor se hizo insoportable, la fuente se rompió, el líquido manchó el suelo. "Jorge, estoy de parto", le dije con la voz rota. Me miró, vio el charco. Una fracción de segundo de duda, luego la maleza de su obsesión le cubrió el rostro. "Llama a una ambulancia, Sofía. Estarás bien", dijo, y siguió empacando. Me apoyé en el umbral, el dolor cada vez más fuerte. "Si cruzas esa puerta ahora", mi voz sonó como hielo, "no vuelvas. Para nosotras, estarás muerto." "Cuando vuelva con Laura, lo entenderás", respondió. Y se fue. Se llevó todo: mi paz, mi confianza, y hasta el último centavo de nuestra cuenta conjunta. Me dejó aquí, sola, a punto de parir, para ir tras una fantasía. "¿Cómo pudiste?", chillaron. "¡Es tu esposo! ¡El padre de tu hija!" "Corazón es lo que a él le faltó", les respondí. El circo mediático, las llamadas, el acoso de su familia, la humillación pública... Era demasiado. Me llamaron fría, sin corazón. ¿Yo? ¿Sin corazón? La traición, el desamparo, el miedo me habían endurecido. Pero mi hija, mi Luna, era mi ancla. Y por ella, no iba a sucumbir. No me iba a derrumbar. No iba a suplicar. Iba a pelear. Iba a desmantelar cada parte de la vida que compartíamos. Iba a recuperar lo que era mío. Y él, Jorge, el "héroe", pagaría las consecuencias.

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