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La Venganza de la Bailaora

Capítulo 2 

Palabras:476    |    Actualizado en: 26/06/2025

a a antiséptico

, los poderosos Castillo, paseaban p

a señora Castillo s

no lo detuviste? ¡Él es un t

llido agudo, llen

s, sin una pizca de la sumisió

y fría. "Se metió en el fuego por la mujer que ama. Yo

con la mirada, pero no dijo n

endo, con Yolanda cojeando entre ellos. Tenía que

me miró. Corrió hacia

a mi niña!

hacia mí, su ca

al tablao porque tenías celos de que Yolanda iba

ridícula, tan predeci

a, la sobrina huérfana a la que adoraban. Yo era la fuerte, l

eléfono de

o que digas

é el

rabación que había hecho esa misma tarde

acerle un pequeño arreglo al suyo. Un poco de aceite cerca del calentador... parecerá un accidente. Cuando s

en el pasill

da con puro desprecio. Mis propios p

me miró

ces, el cir

o su vida, pero... hemos tenido que amputar la pierna izquierda

cayó como

illo soltó un

la de Yolanda. Su cara de preocupaci

cientemente alto para que todos la

vaporado. El heredero de los Ca

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La Venganza de la Bailaora
La Venganza de la Bailaora
“El olor a madera quemada y desesperación llenaba el aire, pegándose a mi piel como miedo. Mi prima Yolanda gritaba desde el tablao en llamas, y Máximo Castillo, el torero que me despreciaba, intentaba liberarse de mi agarre. En otra vida, lo retuve, mi muñeca se rompió, mi carrera de castañuelas terminó, y Yolanda murió. Él me culpó, me obligó a casarme y, en la Feria de Abril, me ahogó en vino tinto mientras sus ojos fríos me veían expirar. Ese recuerdo de la asfixia, del peso de su odio, me devolvió al presente. Todo era idéntico: el humo, el calor, sus mismas desesperadas palabras. ¿Había vuelto para vivir la misma pesadilla, para morir de nuevo a manos de quien creí amar? Esta vez no, esta vez sería diferente; mi venganza no sería ruidosa, sino un fuego lento que los devoraría a todos. Con una calma que me sorprendió, abrí mi mano y lo solté. «Ve», susurré, «Sálvala». Máximo se lanzó a las llamas, ciego por el amor de una mujer que no lo merecía, sin saber que acababa de entrar en mi más cruel obra maestra.”
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