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Javier me abrazaba por la espalda, sus manos sobre mi vientre de ocho meses. Durante años, este momento fue todo lo que deseé: ser madre, construir una familia con el hombre que amaba. De pronto, un escalofrío me recorrió mientras el ecógrafo revelaba la verdad: no eran gemelos, sino un solo bebé. Mi médico de confianza, insistido por Javier, había mentido; la alegría de mi esposo por "nuestros hijos" era una farsa. El aire se me escapó cuando escuché su plan: Javier y su amante, Isabella, sincronizando el parto para robarme a uno de los bebés y asegurar el "legado" de los Álvarez. Mi vida, mi matrimonio, todo lo que creí, se desmoronó con una claridad brutal. ¿Cómo pudo hacerme esto el hombre por el que lo sacrifiqué todo? El horror no me paralizó; en ese instante, el miedo se transformó en una fría determinación. No iba a ser su víctima. Fingí resignación, mientras secretamente trazaba mi escape y mi venganza.
Javier me abrazaba por la espalda, sus manos sobre mi vientre de ocho meses.
Durante años, este momento fue todo lo que deseé: ser madre, construir una familia con el hombre que amaba.
De pronto, un escalofrío me recorrió mientras el ecógrafo revelaba la verdad: no eran gemelos, sino un solo bebé.
Mi médico de confianza, insistido por Javier, había mentido; la alegría de mi esposo por "nuestros hijos" era una farsa.
El aire se me escapó cuando escuché su plan: Javier y su amante, Isabella, sincronizando el parto para robarme a uno de los bebés y asegurar el "legado" de los Álvarez.
Mi vida, mi matrimonio, todo lo que creí, se desmoronó con una claridad brutal.
¿Cómo pudo hacerme esto el hombre por el que lo sacrifiqué todo?
El horror no me paralizó; en ese instante, el miedo se transformó en una fría determinación.
No iba a ser su víctima.
Fingí resignación, mientras secretamente trazaba mi escape y mi venganza.
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Ciencia Ficción
El aire en mi cuarto era pesado, cargado con la presión de un futuro que no pedí, hoy era el día de mi examen de ciudadanía. Pero el nombre en la pantalla de mi celular me heló la sangre: Miguel, mi hermano, desaparecido hace tres años. "No vayas al examen. No confíes en ellos. Te estoy buscando." Decía el mensaje, cada palabra taladrando mi mente. Era imposible, las autoridades lo daban por muerto, mis padres adoptivos, Elena y Javier, me habían convencido de que siguiera adelante, de que lo aceptara. Pero yo nunca les creí. Mi pulso se aceleró, y un nuevo mensaje apareció, "¡ES UNA TRAMPA! ¡NO VAYAS!" Miré a Elena, su sonrisa forzada, sus ojos duros, y la ira con la que destrozó la única foto que conservaba de Miguel. Un brillo metálico en su muñeca, un tatuaje en el cuello de Javier, la verdad se revelaba: no eran mis padres. Eran impostores que me arrastraban a una trampa, ¿pero por qué? En un acto desesperado, grité el nombre de Ricardo, el mejor amigo de Miguel, la única persona en la que creía poder confiar. Me ayudó a escapar, o eso pensé, hasta que un mensaje me advirtió: "RICARDO MIENTE. ÉL LOS CONTROLA." Y lo vi, en la ventana, con una sonrisa fría y triunfante, el mismo Ricardo, mi salvador, era mi verdadero carcelero. Mi corazón se rompió, no había escapado de una jaula, solo había llegado a otra. Mientras intentaba huir de nuevo, mi teléfono sonó, era el Dr. Salazar: "Su hermano... Miguel, falleció esta mañana." No, no otra vez, ¿era todo una alucinación, un truco de mi mente traumatizada? "Muerto. Muerto. Muerto." La palabra resonaba. Si Miguel estaba muerto, ¿por qué me había estado advirtiendo?. Solo había una forma de saberlo. "Si mi hermano está muerto, quiero ver su cuerpo," dije, mi voz temblaba, pero era firme, "quiero ir a la morgue." Era la única manera de saber la verdad, una verdad que estaba a punto de romperme o liberarme.
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Suspense
Un grito agudo. Mi nieto Pedrito, de solo cinco años, cayó del balcón. Sin pensarlo, me abalancé para atraparlo, protegiéndolo con mi cuerpo. El dolor fue cegador: brazo roto, costillas fracturadas. Pero mi hija Lucía solo corrió hacia él, gritándome: "¡Casi matas a mi hijo! ¡Eres una inútil!" Mi yerno Miguel reforzó su desprecio: "Siempre causando problemas." Tirada en el suelo, me di cuenta: ¿cinco años sirviéndoles, dándoles mi dinero, y así me pagan? No me preguntaron si estaba bien, solo vieron una carga. Escuché a Miguel decir en el hospital: "¿Quién va a pagar esto? No tenemos seguro para ella." Lucía sugirió: "Que use sus ahorros. Para eso los tiene, ¿no? Para emergencias." Luego, planearon la estocada final: querían la casa de mis padres, mi único patrimonio. "Si nos la pones a nuestro nombre, podemos usarla como garantía para un préstamo." ¿Mi casa, mi futuro, a cambio de mi propia atención? Recordé mi vida antes, mi paz, mi libertad. ¿Todo fue una mentira? Una claridad fría me invadió. Los miré a la cara. "No," dije, mi voz más firme que nunca. "¿Cómo que no? Mamá, es por tu bien," replicó Lucía, atónita. "Dije que no," repetí, mi barbilla en alto. "Esa casa es mía. Y mi dinero es mío. No les voy a dar nada más." Su máscara se cayó, revelando el desprecio absoluto. "¡Eres una vieja egoísta!" "¿Qué hacen por mí? ¿Explotarme? ¿Usarme como su criada?" "Se acabó, Lucía. Se acabó." La furia en sus ojos era aterradora, pero por primera vez en mucho tiempo, no sentí miedo. Sentí que despertaba de una larga pesadilla.
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Romance
Me llamo Patrick. Amaba a Scarlett Salazar, la Reina del Tequila, una mujer que dejó todo, incluso a su adinerada familia, para estar con un humilde jimador como yo. Juntos, soñamos con un futuro lejos de su imperio. Pero su familia impuso una condición cruel: debía tener un hijo para asegurar su linaje, no conmigo, sino con Leon Hewitt, el heredero de la familia rival. Me pidió que esperara, una y otra vez, mientras ella compartía su cama y su vida con otro hombre, una tortura silenciosa que me consumía. Fui acusado falsamente de envenenar a su hija y sabotear una fiesta, sufriendo humillaciones públicas y brutales palizas, mientras Scarlett, la mujer que una vez lo arriesgó todo por mí, se mostraba indiferente o incluso me culpaba. En un momento de pura desesperación, fui empujado por ella y golpeé mi cabeza, viéndola correr a consolar al hombre que se burlaba de mí, mi rival. ¿Cómo era posible que el amor que me había prometido ser eterno se transformara en una indiferencia tan fría, en una traición constante que me dejaba en un abismo de dolor y desconfianza? ¿Por qué la mujer que una vez me salvó la vida ahora parecía mi verdugo? Mi corazón, que creía ya no sentir nada, tomó una decisión final. Huí de ese infierno, renunciando al amor que me había destrozado. Me refugié en un remoto pueblo, convirtiéndome en un maestro, buscando la paz en la simplicidad, lejos de intrigas y mentiras.
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Moderno
El auditorio de la prestigiosa escuela de arte bullía, pero el fulgor del escenario no cegaba tanto como el dolor en mi pecho. Ahí estaba Ricardo, mi ex, el famoso mariachi que nos abandonó, sonriendo a su nueva familia perfecta. Con un carraspeo, anunciaron al ganador de la beca de honor: "¡Santiago Vargas!". No era Mateo, mi hijo. A mi lado, sentí su mano helarse, la luz de sus ojos desvanecerse. Había puesto su alma en cada nota, la beca era nuestra, un tesoro en casa. Pero ahora, la recibió el hijo de un político corrupto. La gente aplaudía, mientras Ricardo abrazaba a Santiago y a su "compañera" . Luego, el director, incómodo, anunció un "intento de fraude" por parte de "otro aspirante" . Las miradas de desprecio se clavaron en nosotros. "Míralos, son ellos." "Una familia de la calle, queriendo colarse." "Qué vergüenza." La humillación me golpeó, dejándome sin aire; Ricardo ni siquiera nos miró. Lo había vendido a su propio hijo. Arranqué a Mateo de allí, caminando entre murmullos, las lágrimas y las palabras ahogadas en mi garganta. Llegamos a nuestro pequeño departamento, un mundo de distancia de aquel lujo. Mateo se encerró en su cuarto. El silencio era pesado, asfixiante. Horas después, un sexto sentido, esa alarma materna, me hizo ir a su habitación. La puerta cerrada con llave. "¿Mateo? Mijo, ábreme." Silencio. "Mateo, por favor." El pánico subió como marea helada y golpeé la puerta con el hombro. La cerradura cedió. Lo encontré en el suelo, pálido, junto a un frasco de pastillas vacío. Mi mundo se derrumbó. El grito no fue humano; fue el de un animal herido, de un corazón destrozado. Con su cabeza en mi regazo, me envolvió una desesperación negra. Lo había perdido todo: mi pareja, mi dignidad, y casi a mi hijo. En ese abismo de dolor, un vago recuerdo: una vieja caja de madera de mi abuela. Nunca le había prestado atención. Contenía un álbum de fotos y cartas amarillentas. Una chispa de instinto me dijo que era mi única esperanza. Cuando los paramédicos se llevaron a Mateo, temblorosa, la abrí. Fotos antiguas, blanco y negro: mi bisabuelo, un revolucionario. Y entre las cartas, un nombre que lo cambiaba todo. Una conexión oculta con una figura clave de la historia de México, cuyo legado de justicia aún resonaba. La desesperación se volvió furia fría y clara. No destruirían a mi hijo. No nos pisotearían impunemente. Con el álbum en mano, decidí: no me escondería, no lloraría más. Iba a luchar. Me planté frente a la Secretaría de Cultura, el imponente edificio que simbolizaba el poder que me había aplastado. Esperé. Dos hombres corpulentos salieron de un coche negro: los matones del político. "Lárgate de aquí, señora. No queremos problemas." "No me voy hasta que se haga justicia para mi hijo." El hombre rio, me arrebató el álbum y lo tiró al suelo. Las fotos de mis ancestros se esparcieron por la acera sucia. "La justicia es para quien puede pagarla," dijo, empujándome. Caí de rodillas. Cuando levantó la mano para golpearme, una voz autoritaria resonó a nuestras espaldas. "¿Qué está pasando aquí?" Un hombre de traje, con mirada penetrante, bajaba de un coche oficial. Era un alto funcionario del gobierno. Miró a los matones, el álbum destrozado y finalmente a mí. Sus ojos se detuvieron en una foto boca arriba: la de mi bisabuelo. El funcionario palideció, recogió la foto con cuidado y me miró con incredulidad y respeto. "¿Usted es familia de él?" En ese instante, supe que la balanza de la justicia, por primera vez, se inclinaba a mi favor. La esperanza, una llama pequeña y temblorosa, volvió a encenderse en mi corazón. ¿Podrá Sofía, una madre sola, enfrentar al poder y la traición que casi destruyen a su familia, o la sombra de Ricardo consumirá su nueva esperanza?
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Moderno
El aire en el panteón era denso, cargado de tristeza, mientras sostenía entre mis manos la pequeña urna de Leo, lo único que quedaba de mi hijo de seis años. Fue allí, en medio de mi desolación, buscando el consuelo de mi esposa Sofía, que la encontré, no llorando a nuestro hijo, sino riendo en un rincón apartado con Ricardo, su "amor platónico" de la universidad. Me oculté, y las escuché: Sofía renegaba de Leo, lo llamaba un "accidente" y una "ruina" para sus mejores años, y lo peor, revelaba que no lo había llevado al extranjero para salvarlo, sino para someterlo a lo que ella burdamente llamó "eutanasia" para estar "libre, sin ataduras" con Ricardo. Mi campeón, mi pequeño Leo, no había luchado en vano por su vida, solo para ser sacrificado por el egoísmo de su propia madre, quien además me despreciaba y me veía como un "bueno para nada", una carga. El impacto de esta verdad monstruosa destrozó lo que quedaba de mí, transformando mi dolor en una furia helada. No era suficiente con huir, la justicia para Leo exigía una venganza que ni Sofía ni Ricardo jamás olvidarían.
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Romance
Diez días antes de mi boda, estaba sentado en el balcón, enrollando pacientemente un cigarro para Lina, un ritual que ella amaba. Era mi acto de devoción, un recordatorio de cómo había renunciado a mi herencia, al imperio vinícola de mi familia en La Rioja, todo por ella. De repente, la voz suave de su nuevo becario, Flynn, llenó el silencio: "Lina, ¿también le enrollas los cigarros a mano a él?". Su risa fue corta y despectiva, un sonido helado que nunca había dirigido hacia mí. Luego, las palabras que destrozaron mi mundo: "Claro que no. Él es solo un perrito faldero que tengo a mi lado. Tú, Flynn, tú eres mi esperanza para el futuro". El cigarro a medio terminar se deshizo entre mis dedos. El aroma del tabaco, antes sinónimo de lujo y amor, ahora apestaba a traición. ¿Un "perrito faldero"? ¿Así me veía ella después de cinco años, después de que soportara su desprecio, de que aceptara su falso "apoyo" financiero que era en realidad mi propio dinero canalizado? Ella creyó que me tenía domesticado, que su secreto estaba a salvo. Pero lo que no sabía era que, en ese instante, mientras su risa resonaba en mis oídos y la joya de la abuela volaba por el balcón, yo ya estaba marcando un número que no llamaba desde hacía cinco años. La partida de ajedrez acababa de empezar, y yo iba a reclamar cada pieza.
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Durante ocho años, Cecilia Moore fue la Luna perfecta: siempre leal y sin marcar. Hasta el día en que encontró a la realidad: su compañero Alfa en su cama con una loba joven y pura. En un mundo dominado por linajes y lazos de apareamiento, Cecilia siempre fue la rara, la que no encajaba del todo. Pero ahora, está harta de jugar según las reglas de los lobos. Sonríe, mientras le entrega a Xavier los informes financieros trimestrales,y bien sujetos al final, están los papeles del divorcio. "¿Estás molesta?" él gruñe. "Lo suficiente como para cometer un locura," responde ella, con Se gesta bajo el mismo techo, pero entre ellos ya no hay hogar, solo una guerra silenciosa. Xavier todavía se cree el Alfa en su hisoria, pero Cecilia ya está harto de seguir. Con cada mirada helada y movimiento calculado, ella se prepara para desaparecer de su mundo, como la compañera que él nunca mereció. Y cuando al fín él comprenda la fortaleza del corazón que rompió... Puede que ya sea demasiado tarde para recuperarlo.
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"Yo, Charlotte Jane Attwood de la Manada Luna Carmesí, los rechazo, Knox y Kane Maddox, como mis compañeros y rompo mi vínculo con ustedes y su manada!", recité, con mis ojos llenos de dolor al ver a mis compañeros entrelazados con... ¡Una mujer que no era yo! Sacudí mi cabeza para contener las lágrimas que amenazaban con caer de mis fríos ojos. Me enderecé y esperé que aceptaran mi rechazo. Pero las palabras que salieron de sus labios me dejaron atónita. "Yo, Knox Maddox y Alfa de la Manada Luna Carmesí, me niego a aceptar tu rechazo!", gruñó él. Luego, deslizándose fuera de la cama, desnudo y sin pudor, avanzando hacia mí, mientras la mujer extendida en la cama quedaba olvidada. Kane fue rápido en seguirlo, ambos rodeándome con una pared de músculo y testosterona. "¡Nos perteneces, Lottie!¡Eres nuestra, Lottie! Yo, Kane Maddox, Alfa de la Manada Luna Carmesí, me niego a aceptar tu rechazo". "¡Eres nuestra!", repitió Knox, con la ira reflejada en sus ojos azules. *** Sigue la historia de Charlotte, Knox y Kane mientras intentan encontrar su lugar en un mundo cruel lleno de traiciones, desamor y obsesiones ocultas que amenazan con destruir los lazos de hermandad y amor.
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Caroline era conocida como la mente detrás de la caída de la familia Patel. Huyó al extranjero durante muchos años y luego regresó repentinamente. Una noche, Rafael Patel la abordó en un lugar público y la arrinconó contra la pared. Su expresión era una de absoluta agresividad. "¿Cuándo te di permiso para hacer eso?". "¡Déjame ir! La gente hablará si nos ve así. Compórtate. ¡No te debo nada de nada!", dijo ella fríamente, tratando de liberarse. Al día siguiente, todas las figuras influyentes de la ciudad recibieron una advertencia severa. "Ya no se tolerarán chismes sobre la señora Patel. ¡Cualquiera que lo haga será castigado!". Todos los que aguardaban la caída de Caroline se quedaron boquiabiertos. ¿Desde cuándo se convirtió en la señora Patel? ¿Por qué Rafael se casó con la enemiga jurada de su familia?
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Ellos no saben que soy una chica. Todos me miran como si fuera un hombre, un príncipe. Su especie compra humanos para satisfacer sus lujuriosos deseos. Y cuando ellos llegaron a nuestro reino para llevar a mi hermana, intervine para protegerla. Fue así como ellos también terminaron comprándome. El plan era escapar, pero mi hermana y yo nunca tuvimos una oportunidad. ¿Cómo iba a saber que nuestra prisión sería el lugar más fortificado de su reino? Se suponía que debía quedarme en el anonimato, pues no tenían un uso para mí. Solo era alguien a quien nunca debían comprar. Pero entonces, el hombre más poderoso de la salvaje tierra, su despiadado rey bestia, se interesó por ese "principito bonito". ¿Cómo podremos sobrevivir en este reino brutal, donde todos odian a los de nuestra especie y no tienen piedad de nosotros? ¿Y cómo puede alguien, con un secreto como el mío, convertirse en una esclava sexual? Nota del autor: es una novela de romance oscuro, apta solo para mayores de edad. Espera varios temas sensibles, como la violencia. Si eres un lector experimentado de este género, buscas algo diferente y estás preparado para entrar sin saber qué es lo que te espera, ¡entonces sumérgete en esta aventura! . De la autora del bestseller internacional "La Esclava Más Odiada Del Rey"
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Durante dos años, Bryan solo vio a Eileen como asistente. Ella necesitaba dinero para el tratamiento de su madre, y él pensó que ella nunca se iría por eso. A él le pareció justo ofrecerle ayuda económica a cambio de sexo. Sin embargo, Bryan no esperaba enamorarse de ella. Eileen se enfrentó a él: "¿Amas a otra persona y siempre te acuestas conmigo? Eres despreciable". En cuanto ella firmó los papeles del divorcio, él se dio cuenta de que era la misteriosa esposa con la que se había casado seis años atrás. Decidido a recuperarla, Bryan la colmó de afecto. Cuando otros se burlaban de sus orígenes, él le dio toda su riqueza, feliz de ser el marido que la apoyaba. Eileen, que ahora era una célebre CEO, lo tenía todo, pero Bryan se encontró perdido en otro torbellino...
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"Tú necesitas una novia y yo un novio. ¿Por qué no nos casamos?". Abandonados ambos en el altar, Elyse decidió casarse con el desconocido discapacitado del local de al lado. Compadecida de su estado, la chica prometió mimarlo una vez casados, pero no sabía que en realidad era un poderoso magnate. Jayden pensaba que Elyse se había casado con él solo por su dinero, por eso planeaba divorciarse cuando ya no le fuera útil. Sin embargo, tras convertirse en su marido, él se enfrentó a un nuevo dilema: "Ella sigue pidiéndome el divorcio, ¡pero yo no quiero! ¿Qué debo hacer?".


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