Adiós, Alfa: mi sangre ya no te pertenece

Adiós, Alfa: mi sangre ya no te pertenece

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Zarelle Feymere, heredera de la dinastía de licántropos más poderosa del mundo, cometió un único error: enamorarse de un Alfa que solo la veía como una fuente de sangre excepcional. Durante tres años soportó la humillación de un vínculo sin amor, dejando que utilizaran su sangre como una mercancía para mantener con vida a Thessaly, la mujer a la que Calden Ashmoor amaba de verdad. Su compañera destinada... la misma que lo rechazó para casarse con su hermano. Pero cuando una red de mentiras y traiciones sale a la luz, Zarelle toma una decisión impensable: abandonar a Calden. Ya no fingirá ser una omega dócil y sumisa. Como la verdadera hija de la Manada Missatian, ha vuelto para reclamar lo que le pertenece por derecho... y cobrar cada una de las deudas pendientes. Calden siempre creyó haberse casado con una don nadie. Jamás imaginó que la mujer a la que desechó regresaría convertida en reina.

Adiós, Alfa: mi sangre ya no te pertenece Capítulo 1 Anhelo y divorcio

Punto de vista de Zarelle

Después de tres años casada con el alfa Calden Ashmoor, por fin había comprendido cuál era mi verdadero lugar. No era su luna. Era un banco de sangre con piernas.

«Clínica Oak. El estado de Thessaly está empeorando otra vez. Es necesario realizar el ritual del vínculo de sangre. Ya sabes cuál es tu deber. Ven ahora mismo».

Otro mensaje de Calden apareció en la pantalla de mi teléfono. Hubo un tiempo en que aquellas palabras me habrían destrozado. Ahora solo me dejaban el regusto amargo de la resignación.

Solo durante aquel ciclo lunar, me había arrastrado tres veces hasta la sala de tratamiento para entregar mi sangre y mi fuerza. Después de cada sesión quedaba vacía, temblando al borde del colapso.

¿Y a Calden? Nunca le había importado.

«¿Dónde demonios estás, Zarelle? Llegas tres minutos tarde. Thessaly no puede esperar».

En los tres años que llevaba siendo su esposa, jamás me había mostrado ni una pizca de la dulzura o la paciencia que reservaba para Thessaly.

Thessaly Ashmoor.

La mujer a la que Calden amaba. La misma que había elegido a su hermano por el título de luna y que, al final, se había quedado viuda.

«El pago ha aumentado a 100.000. Revisa tu cuenta».

Todavía creía que seguía a su lado por dinero. Que no era más que otra omega superficial.

«Zarelle Stormy, ¿qué demonios estabas haciendo? Tenías veinte minutos para presentarte ante el sanador. Un trato es un trato».

Un trato.

Así llamaba a nuestro matrimonio.

Nunca me había considerado digna de él. De no ser porque mi sangre mantenía con vida a su preciosa Thessaly, ni siquiera me habría dedicado una segunda mirada. Tres años de frialdad y silencios distantes me lo habían dejado dolorosamente claro.

Me recosté en el asiento del auto y cerré los ojos. Aún recordaba con absoluta nitidez la primera vez que vi a Calden Ashmoor.

Acababa de llegar sola a la ciudad cuando me vi envuelta en una colisión en cadena. El accidente casi puso a la ciudad de rodillas, pero Calden apareció a tiempo para evitar el desastre. Aquel día, el heroico alfa dejó una huella imborrable en mi corazón, aunque nunca imaginé que nuestros caminos volverían a cruzarse.

Hasta que entró en mi habitación del hospital mientras me vendaban las heridas.

-¿Quieres ser mi esposa?

Eso fue todo.

Y mi corazón, hasta entonces tranquilo y dormido, empezó a latir con una fuerza desconocida. Jamás había sentido algo así por ningún hombre. Por eso, cuando respondí «sí, acepto», las palabras escaparon de mis labios antes de que pudiera contenerlas.

Más tarde descubrí el precio oculto tras aquella propuesta.

Antes incluso de que nuestro matrimonio quedara registrado, conocí la verdad: Calden me había elegido por el valor de mi sangre excepcional. Mantenía con vida a Thessaly y beneficiaba a la manada.

-Esta unión es por el bien de la manada -me advirtió con frialdad antes de que firmara-. Pero tu función principal será servirle de donante. Siempre que Thessaly te necesite, acudirás. A cambio, me aseguraré de que nunca te falte nada.

Era una advertencia.

Pero para entonces estaba tan neciamente enamorada que me convencí de que, al menos, mi sangre me daba una razón para permanecer a su lado. Creí que algún día dejaría de ser una simple «herramienta» y me convertiría en alguien importante para él.

Creí que lograría que me amara.

Tres años después, había fracasado.

Por completo.

Calden apenas me tocaba. Incluso cuando estábamos solos, mantenía las distancias y nunca permitía que nuestros aromas se mezclaran. Al principio pensé que se debía a nuestra diferencia de estatus, que mi aroma de omega no era digno de un alfa como él.

Después supe la verdad.

Se estaba reservando para otra mujer.

Thessaly Ashmoor. Su cuñada. La mujer a la que nunca había podido dejar atrás.

Incluso en el accidente que lo había llevado hasta mí, aquel que hizo que me enamorara de él a primera vista, había actuado con tanta desesperación porque Thessaly estaba atrapada entre los vehículos.

Nunca me había visto de verdad.

El teléfono volvió a vibrar. Esta vez, el mensaje no era de Calden.

Procedía de un número anónimo y traía una fotografía adjunta.

Se me cortó la respiración.

Hasta dormido, Calden parecía un dios esculpido en sombras y acero. Sus facciones eran afiladas: una mandíbula capaz de hacer sangrar, pestañas oscuras como la medianoche y unos labios hechos para el pecado y la crueldad, aunque yo nunca había probado ninguno de los dos. Su cuerpo era un arma. Hombros anchos. Una fuerza contenida que se percibía incluso en reposo.

Y allí estaba ella.

Thessaly.

Tenía la cabeza apoyada en su hombro y, aun dormida, una leve sonrisa burlona le curvaba los labios.

La expresión de una vencedora.

A su lado, Calden parecía completamente relajado. Como si hubiera vuelto a casa. Como si aquel fuera su verdadero lugar: junto a ella.

Las palabras escritas bajo la fotografía se clavaron en mí como una hoja envenenada:

«Apuesto a que tú nunca has vivido un momento así. Aprende cuál es tu lugar, bolsa de sangre».

La ira me encendió la mirada.

No era la primera vez que recibía una provocación semejante. Llegaban con precisión de reloj después de cada llamada de Calden, como si alguien necesitara recordarme constantemente cuál era mi sitio.

Los faros de un auto que pasaba iluminaron la ventanilla y, durante un instante, vi mi reflejo en el cristal.

Me quedé inmóvil.

No reconocía a la mujer que me devolvía la mirada.

Era una omega, sí, pero jamás me había visto así. Tan exangüe. Tan agotada. La piel se tensaba sobre unos huesos que cada día parecían más afilados, como si amenazaran con atravesarla. Las ojeras formaban profundos surcos bajo mis ojos y se oscurecían con cada ciclo lunar.

Cada vez que le entregaba una parte de mí a Thessaly, algo en mi interior se marchitaba.

Las palabras de otro sanador resonaron en mi memoria:

-No puedes seguir así, Zarelle. Hasta el linaje más fuerte tiene límites. Si continúas sometiéndote a esto con tanta frecuencia, terminarás vacía por dentro. Morirás.

La muerte.

Un guerrero nunca temía morir. Mi padre me lo había enseñado.

Pero un guerrero moría por un propósito. Con honor.

¿Así iba a terminar yo? ¿Rígida y fría sobre una mesa de transfusión, desangrada por una mujer que solo me consideraba una fuente de suministro? ¿A cambio de las migajas de atención de un hombre que jamás me había amado?

No.

Cerré los puños sobre el volante.

Llevaba tres años haciéndome cada vez más pequeña. Tres años desangrándome por él, por ella, por una manada que solo valoraba lo que corría por mis venas. Les había permitido vaciarme poco a poco, convencida de que, si daba lo suficiente y resistía un poco más, quizá Calden acabaría por verme.

Pero nunca lo hizo.

Nunca lo haría.

Se había acabado.

No iba a seguir muriendo por personas a las que no les importaba si yo vivía.

El teléfono volvió a zumbar.

Otro mensaje. Otra correa tirando de mí.

«Zarelle, estás cruzando un límite. Si no te presentas hoy, me aseguraré de que no haya lugar para ti en esta ciudad».

Contemplé la pantalla y, por primera vez en tres años, me reí.

Fue una risa hueca y rota, pero una risa al fin y al cabo.

¿Cuándo comprendería Calden qué era lo que me había mantenido atada a él todo aquel tiempo? No era su autoridad como alfa. Tampoco aquel ridículo contrato.

Había sido la esperanza.

Una esperanza absurda. Desesperada. Sangrante.

¿Y ahora?

Había muerto.

Cuando decidiera marcharme, nadie -ni él, ni ella, ni toda aquella manada- podría detenerme.

Aferré el volante y encendí el motor.

*

El auto se detuvo con un chirrido frente al hospital. No esperé a que el chofer me abriera la puerta. Bajé por mi cuenta y avancé a grandes zancadas hacia la suite privada de Thessaly.

Ni siquiera había levantado la mano para llamar cuando la puerta se abrió de golpe.

Su presencia me embistió con una fuerza casi física. Primitiva. Embriagadora. Mi loba se acobardó por instinto antes de que pudiera impedírselo.

Calden ocupaba todo el marco de la puerta. Ni siquiera el traje hecho a medida lograba ocultar al depredador que llevaba dentro. Al verme, una chispa de irritación cruzó primero sus ojos. Luego reparó en el teléfono que yo sostenía, y aquella irritación se transformó en algo mucho más peligroso.

-Tu teléfono funciona -espetó con una frialdad capaz de congelar el espacio entre nosotros-. Entonces, ¿por qué carajos no respondías a mis mensajes? Los sanadores de la manada llevan rato esperando.

Su aroma me inundó los pulmones: pino, invierno y dominio absoluto.

Lo respiré por última vez.

La línea cruel de la mandíbula. Aquellos ojos de depredador capaces de someter a toda una manada. Los músculos definidos de los antebrazos. Los tatuajes que asomaban bajo las mangas remangadas, cada uno de ellos señalando un territorio que había reclamado como suyo.

Aquella sería la última vez.

Alargó la mano y me sujetó la muñeca con tanta fuerza que me dejaría moretones.

-La transfusión. Ahora.

-Lo sé.

La voz me salió más débil de lo que pretendía, casi ahogada por el rugido de la sangre en mis oídos. Me apoyé en el marco de la puerta para mantenerme firme. Tenía todos los músculos en tensión.

Ya no era la omega sumisa que soportaba todo en silencio.

Los labios de Calden se curvaron en una sonrisa cruel.

-Entonces, ¿qué demonios sigues haciendo ahí parada?

Antiguas leyendas de la manada susurraron en mi mente. Historias de lobos solitarios que preferían arrancarse sus propios vínculos antes que vivir como esclavos. El pulso me martilleaba contra las costillas, desesperado por liberarse.

-Iré -respondí sin temblar-. Le daré mi sangre. Pero antes quiero algo.

Calden se pasó una mano por el cabello. Estaba perdiendo la paciencia.

-El dinero ya está en tu cuenta. -Señaló su teléfono con la barbilla-. Revísala y vete.

-No quiero dinero.

Mi serenidad resultaba aterradora.

-Entonces, ¿qué...? -La orden del alfa retumbó en la habitación e hizo vibrar los cristales-. ¡Suéltalo de una vez!

Le sostuve la mirada sin inmutarme.

-Rompe nuestro vínculo.

Las palabras me desgarraron la garganta al salir.

-Quiero el divorcio, Calden Ashmoor.

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“Zarelle Feymere, heredera de la dinastía de licántropos más poderosa del mundo, cometió un único error: enamorarse de un Alfa que solo la veía como una fuente de sangre excepcional. Durante tres años soportó la humillación de un vínculo sin amor, dejando que utilizaran su sangre como una mercancía para mantener con vida a Thessaly, la mujer a la que Calden Ashmoor amaba de verdad. Su compañera destinada... la misma que lo rechazó para casarse con su hermano. Pero cuando una red de mentiras y traiciones sale a la luz, Zarelle toma una decisión impensable: abandonar a Calden. Ya no fingirá ser una omega dócil y sumisa. Como la verdadera hija de la Manada Missatian, ha vuelto para reclamar lo que le pertenece por derecho... y cobrar cada una de las deudas pendientes. Calden siempre creyó haberse casado con una don nadie. Jamás imaginó que la mujer a la que desechó regresaría convertida en reina.”
1

Capítulo 1 Anhelo y divorcio

Hoy, a las 00:49

2

Capítulo 2 Bienvenida a casa, heredera Feymere

Hoy, a las 00:49

3

Capítulo 3 Se llevó lo que es mío

Hoy, a las 00:49

4

Capítulo 4 Nunca dejó de ser mía

Hoy, a las 00:49

5

Capítulo 5 Necesito cerrar este capítulo

Hoy, a las 00:49

6

Capítulo 6 Anhelo secreto

Hoy, a las 00:49

7

Capítulo 7 Una revelación sorprendente

Hoy, a las 00:50

8

Capítulo 8 Un paso por delante de ellos

Hoy, a las 00:50

9

Capítulo 9 El escándalo esperado

Hoy, a las 00:50

10

Capítulo 10 Mi impresionante exesposa

Hoy, a las 00:50

11

Capítulo 11 Comienza la fiesta

Hoy, a las 00:50

12

Capítulo 12 El espectáculo comienza

Hoy, a las 00:50

13

Capítulo 13 Fachada prestada

Hoy, a las 00:50

14

Capítulo 14 Drama junto a la piscina

Hoy, a las 00:50

15

Capítulo 15 Déjà vu

Hoy, a las 00:51

16

Capítulo 16 La verdad y sus consecuencias

Hoy, a las 00:51

17

Capítulo 17 La cámara nunca miente

Hoy, a las 00:51

18

Capítulo 18 Acto dos

Hoy, a las 00:51

19

Capítulo 19 La lluvia de dinero

Hoy, a las 00:51

20

Capítulo 20 Confrontaciones y revelaciones

Hoy, a las 00:51

21

Capítulo 21 El espectáculo de la valla publicitaria

Hoy, a las 00:51

22

Capítulo 22 Las consecuencias

Hoy, a las 00:51

23

Capítulo 23 Las tornas se invierten

Hoy, a las 00:51

24

Capítulo 24 Saldar la cuenta

Hoy, a las 00:51

25

Capítulo 25 Una venganza inesperada

Hoy, a las 00:51

26

Capítulo 26 Ya no

Hoy, a las 00:51

27

Capítulo 27 Por ahora, aléjense, joder

Hoy, a las 00:51

28

Capítulo 28 Cita para cenar

Hoy, a las 00:51

29

Capítulo 29 Cómo domar a un lobo macho borracho

Hoy, a las 00:52

30

Capítulo 30 Campaña de difamación

Hoy, a las 00:52

31

Capítulo 31 La verdadera pelea apenas ha comenzado

Hoy, a las 00:52

32

Capítulo 32 Desastre inminente

Hoy, a las 00:52

33

Capítulo 33 Una disculpa

Hoy, a las 00:52

34

Capítulo 34 Consecuencias de meterse con la mujer equivocada

Hoy, a las 00:52

35

Capítulo 35 Viejos amigos

Hoy, a las 00:52

36

Capítulo 36 Liberándose

Hoy, a las 00:52

37

Capítulo 37 Agencia de talentos

Hoy, a las 00:52

38

Capítulo 38 Una apuesta

Hoy, a las 00:52

39

Capítulo 39 Una apuesta es una apuesta

Hoy, a las 00:52

40

Capítulo 40 Hora de celebrar

Hoy, a las 00:52