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Adiós, Alfa: mi sangre ya no te pertenece

Capítulo 2 Bienvenida a casa, heredera Feymere

Palabras:1495    |    Actualizado en: Hoy, a las 00:49

vista d

espacio que separaba n

minó el rostro con una mirada capaz de rastrear hasta el origen mismo de mi traic

que había intercambiado su sangre poco común por prote

plí

e poder alfa, me ca

e pese a la tormenta que me sacudía por dentro-. Le

. Fijé la vista en el equipo médico a sus espaldas. En cualquie

amos u

do de su pecho, y el resplandor ámb

la mirada y alcé la barbilla-. Entrégame al

distinto de la ira y el desdén cruz

ría a caer e

ón silenciosa, los hombros encorvados, l

ntras me observaba. Su aroma se volvió ac

aunque teñida de algo que

los doc

me sacudió c

es que por mis razones. Eficiencia por encima de

respondí en u

cubrir si las grietas de mi determinación e

entencia con la con

dacte los docume

inclinó ba

ó sin aliento y convirtió la suite del hospital en un espacio siniestro y vacío. Parpadeé para contener aq

los documentos del divorcio entre las ma

rúbrica atravesó el papel c

rados. Lo que fuera. Pero desapareció antes de que pudiera pon

bre con precisión clínica-. El Consejo lo t

uardar mi copia. El papel m

vas y deseos nunca expresa

y está e

a vuelta y

l pulso golpeándome de form

era

haber espera

ida, con la bata de seda dispuesta cuidadosamente para realzar cada curva. La anci

asta que reparó en mí y frunció el ceño con del

y soltó un su

noró su a

aquí. Termin

de que pudier

ly vaciló. Me incliné y le a

o que me golpeó: anti

san

her

are

anas. Me sujetó con tanta fuerza que me

illido digno del mel

mo pu

cia Calden. Le planté delante

La voz se me quebró bajo el peso de mil verdades nunca

tal se apoderó

blaba sin control. El aire se volvió denso con el he

líqu

ero cargaba con tod

aferró a la bata de laboratorio. Miró de reojo a Thessaly. Una se

solo seguía órde

avanzó

pulso le latía de forma

. fueron...

destilaba un

e volvió empalagoso cuan

n, car

niña dorada de la manada sabía que no debía pone

quebró como

¡Dijo que necesitaba que hicieran venir a la luna Zarelle! -La voz se le

nstante, nad

tensión como plata cortando la carn

ajó la mira

h negativo alcanza... un bue

ecta de Thessal

dió los dedos perfectamente manicurado

ntación. Con un toque, envié la foto

, el zumbido del disposit

je con calma, aunque el pulso me rugía en los oídos-. P

ndió hasta convertirse

nde sal

la mirada s

le a tu f

en su perfecta fachada de porcelana. Luego volvió a adoptar aquella v

ntemplar el rest

ije, volviéndome hacia la puert

acia la salida como una rata que h

pe teatral de unas rod

... no

se desplomaba en un torbellino de seda. Su mano pe

como cuand

ravesó como una

cluso de volverme: los hombros bloqueados,

el

mano p

os lobos leales que n

tra él, la viva imagen d

or emitió

ada segundo de

n

o

r

enc

lfa hizo temblar las paredes. Solo quedó el e

n en algo demasiado afil

me por él, y ni siqui

bía sido, sin duda,

haber tardado tr

El Bugatti de Calden aguardaba agazapado en su plaz

ces l

s-Royce

or

ma de la man

n lobo aullando, envuelto en espinas. El sí

yo era Zarelle Stormy

se inclinó ante m

a casa, here

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Adiós, Alfa: mi sangre ya no te pertenece
Adiós, Alfa: mi sangre ya no te pertenece
“Zarelle Feymere, heredera de la dinastía de licántropos más poderosa del mundo, cometió un único error: enamorarse de un Alfa que solo la veía como una fuente de sangre excepcional. Durante tres años soportó la humillación de un vínculo sin amor, dejando que utilizaran su sangre como una mercancía para mantener con vida a Thessaly, la mujer a la que Calden Ashmoor amaba de verdad. Su compañera destinada... la misma que lo rechazó para casarse con su hermano. Pero cuando una red de mentiras y traiciones sale a la luz, Zarelle toma una decisión impensable: abandonar a Calden. Ya no fingirá ser una omega dócil y sumisa. Como la verdadera hija de la Manada Missatian, ha vuelto para reclamar lo que le pertenece por derecho... y cobrar cada una de las deudas pendientes. Calden siempre creyó haberse casado con una don nadie. Jamás imaginó que la mujer a la que desechó regresaría convertida en reina.”