El fuego despues del silencio
né rápido hasta la esquina donde me esperaba. El auto estab
, me miró como si ya
ub
te cuando el deseo estuvo demasiado tiempo contenido. No hubo saludo. No hubo
mundo quedó reducido al vaho de los vidrios empañados, a nuestras respiraciones
ndita. Yo le desabroché la camisa sin dejar d
o latiendo junto al placer. El metal frío bajo la espalda, s
ternura
a ha
ando fuerte, con las frentes apoyadas una contra
tiene marcha
una p
consta
Porque en el f
fie
una fiesta de esas en las
con un escote provocador, casi como un gesto desafiante ha
conocía. Todo relucía: las mesas, las luces, los espejos. Era un mundo ajeno,
ndejas brillantes y trag
nces o
i en
e bl
do pr
a impe
él:
nca hubieran dejado de buscarlo. Su mirada cruzó la mía... y me desnudó
indiferencia. Le pedí a Julián permiso para ir al
ya me
me besó con esa hambre vieja, contenida durante años. Me ar
bo pa
ubo
urg
no están dispuestos a esperar. Yo me entregué sin resiste
oca con su mano, suave, firme, mientr
del deseo terminó
despedida, du
nr
odó el
ró en m
róximo sueñ
meció por dentro
de la
ada gesto necesitara volver a aprenderse. Cuando regresé al salón, todo seguía igual.
. Sonreí
no est
anilla del colectivo sin ver nada. Iba flotando dentro de mí, como si una parte
recibió e
é más. Me desvestí despacio. Me tendí a su