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Atada al Alfa: El Contrato de Sangre

Capítulo 5 Cena de Silencios

Palabras:1384    |    Actualizado en: Hoy, a las 08:57

iedad no era el silencio de la paz, sino el de una fiera que contiene el aliento antes de saltar. Tras pasar la tarde deshaciendo su

a las veces de chófer y jefe de seguridad,

ar -dijo con una brevedad militar-. E

tegida. Mientras bajaba las escaleras de piedra, el eco de sus pasos parecía demasiado fuerte. La casa est

al de l

do a veinte comensales. Sin embargo, solo había dos servicios puestos, uno frente al otro, en los

la luz de los candelabros de plata acentuando los ángulos de su rostro. Llevaba una cami

señalando el lugar opues

s sirvió los platos. Para Luna, una ensalada gourmet y una sopa de calab

la porcelana blanca. Ian no usó el cuchillo de inmediato; simplemente observó la carne con una intensidad que h

ó Ian, rompiendo el silencio si

Es solo que... es mucha carne para una sola persona, ¿

la luz de las velas se reflejó en sus

... diferente al suyo. Y la prefiero así. E

ntró fascinante y aterradora a la vez. No había desperdicio de movimiento. Había una urgencia contenida en sus

rsación

ana y el crepitar de la madera en la chimenea de mármol. Luna no podía soportarlo más. El con

a a un lado-. Silas no es un guardia común. Y esta casa... las pa

on una servilleta de lino y se reclinó en su silla, observánd

en un mundo donde el peligro tiene rostro humano y reglas legales. Mi mundo tiene reglas mucho más antiguas. Hay

si esto fuera un reino, no

na risa sec

s parte de mi manada... de mi círculo íntimo -se corrigió rá

igos? ¿Otras corporacion

la mesa con esa gracia depredadora que Luna empezaba a reconocer. Se detuvo justo detrás de la silla de ella. Luna no se atrev

su oído. Luna sintió el vello de su nuca erizarse-. Y ahora mismo, usted es lo más valioso que tengo b

te de l

sque, cuero y esa nota primaria y salvaje la mareó. Era un olor embriagador, uno que despert

ebemos tocarnos -susurró L

l cuello de ella, provocándole un escalofrío que no era de miedo-. E

Podía ver el latido de la yugular en el cuello de Ian, un pulso rápido y fuerte. Sus ojos grises

Luna? -preguntó él

mirada-. Hay algo en ti que no encaja. Algo que me

o de su piel. Sus dedos temblaban levemente por el esfuerzo de no cerrar la distancia. El

e más profunda, más animal-. Pero es el único

ra recibido una descarga eléctrica. Su r

mpezará su transformación oficial. No quiero que vuelva a usar ese vesti

u dinero par

comedor sin mirar atrás-. En mi mundo, la aparienci

lerado. Miró el plato de Ian: la carne había desaparecido por completo, no

la mansión. Entre los árboles, juró ver un par de puntos brillantes, dos ojos de

la marca en su palma -el contrato de sangre- comenzó a latir con un calor rítmico,

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