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Atada al Alfa: El Contrato de Sangre

Capítulo 3 El Contrato de Sangre

Palabras:1155    |    Actualizado en: Hoy, a las 08:56

es. Ian Sterling seguía de espaldas, con los hombros rígidos como si estuviera sujetando el peso del edificio entero. Cuando finalmente se

perado ese tono gélido, pero había una nota áspera en

aún hormigueaban. Miró la carpeta negra frente a e

poder-. Este no es un acuerdo de caballeros. Es un documento legal blindado. Si rompe una sola de las cláusu

calidad que Luna no sabía que existía, y las let

mantenido una relación secreta durante seis meses. La narrativa es que nos conocimos durante una donación anónima que hice

dea de fingir amor por este hombre d

propia ala en la casa, servicio doméstico y seguridad. Sin embargo, no podrá salir de la

unció el ceño-. Eso suen

Mi mundo es más peligroso de lo que usted puede imaginar, señorita Valde

Ni amigos, ni exnovios, ni conocidos. Durante este año, usted es propiedad de la imagen corporati

ídos, pero la imagen de Bruno y los perros del refugio apareció en

ad Física. Este es un matrimonio de conveniencia. No habrá contacto sexual. No habrá muestras de afecto e

cumplir -replicó Luna con

mandíbula.

lo de

entró en la oficina sin llamar. Era Graves, el abogado. Traía consigo un pequeño estuche

final está listo -dijo Graves,

ta, con el mango tallado en forma de una cabeza de lobo con ojos de

eguntó Luna, retr

man solo con tinta. La tinta se borra, se falsifica. La sangre, en cambio, lleva

stamos en el siglo veintiuno, no en la Edad Medi

madora que Luna sintió que el aire se volvía es

la cirugía de su perro anciano, el futuro que su abuelo soñó. Todo por

en su mirada que no era crueldad, sino una urgencia casi desesperada, como si él

iendo su mano con el coraz

te rápido y preciso en la palma de Ian, quien ni siquiera parpadeó. Luego, Ian guió la mano de L

resione -

lma sangrante

ráfagas de imágenes: bosques plateados bajo la luna, el olor a tierra mojada, y un aullido que resonaba en lo más profundo de su alma. Sin

ceral de posesión. Sus ojos eran complet

l del contrato, dejando una mancha doble q

raves, retirando el pa

u asombro, el corte ya no dolía; era solo una líne

Despídase de su vida actual. A las seis de la mañana, un coche la recogerá.

n año de su tiempo. Había firmado un contrato con un hombre que no era un hombre, y el sabor

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