Atada al Alfa: El Contrato de Sangre
sintiendo que su sencillo traje azul marino, el que guardaba para entierros y bodas ajenas, era una armadura de papel frente a la imponente estructura que se al
El aire en el interior estaba filtrado hasta la perfección, frío y con un sutil aroma a ozono y madera
al llegar al mostrador de recepción, una pieza de g
antalla. Observó a Luna con una fijeza extraña, dilatando las fosas nasales de una manera casi im
a voz robótica pero cargada de una extraña deferencia-
scensor indicado. No había botones. En cuanto entró, las puertas se cerraron y sintió un tirón
o de Ob
los ni secretarias. El piso cincuenta era una planta abierta de techos altísimos, con paredes de cristal que ofrecí
e espaldas a ella, un homb
hombros que parecían demasiado anchos para un hombre que pasaba el día tras un escritorio. Había algo en su pos
n barítono profundo que pareció vibrar directamente en la columna vertebral de Luna-
o a sus piernas a avanzar p
cisco. Usted sabe quién soy y sabe que
mandíbula que parecía esculpida en granito y unos ojos de un gris tormentoso que, al posarse sobre ella, parecieron quemar.
o con pasos silenciosos, casi felinos-. Sé que necesita diez millones de dólares para salvar ese montón de escombros y animales vie
irguiéndose a pesar de que sus ro
entir el calor que emanaba de su cuerpo; era una temperatura febril, casi sobrehumana. El olor de él la envolvió: e
Él se inclinó, invadiendo su espacio personal. Sus ojos grises se clavaron en los de ella, y por un segundo, Lun
o retroceder. -¿Qu
sideran que mi falta de vida pública es un riesgo para la estabilidad de las acciones. Quieren un CEO
ilo de sus pensamientos. -Usted podría contra
a nuevamente, cruzando los brazos sobre su pecho musculoso-. Usted, en cambio, es una página en blanco. Una mujer que
sto brusco, lanzó una carpeta de cuero
os. Usted se convierte en mi esposa ante el mundo durante un año. Vive en mi casa, asiste a mis
, quedando solo el sonido de su propia respiración
-susurró ella, sintiendo que e
mesa y volviendo a inclinarse hacia ella-. Pero antes de que abra esa carpeta, debe saber una
to, pero antes de tocarlo, sus dedos
o fue ins
na, dejándola sin aire. Ian retiró la mano como si se hubiera quemado, sus ojos volviéndose completamente ámbar por una fracción de
scamente-. Tiene diez minutos. Si acepta, firmamos
leando contra sus costillas, comprendiendo que acababa de entrar en