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Atada al Alfa: El Contrato de Sangre

Atada al Alfa: El Contrato de Sangre

Autor: soniaccc
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Capítulo 1 El Embargo

Palabras:1113    |    Actualizado en: Hoy, a las 08:52

z. Desde que tenía cinco años, los pasillos del "Santuario de San Francisco" habían sido su patio de juegos, y sus h

ringuilla con la dosis exacta de insulina para Bruno, un Golden Retriever de tre

nchazo -susurró Luna, aunque su

ue descansaba sobre la mesa de acero inoxidable, justo al lado de las gasas. Tenía el sello de la Oficin

siado tarde que el anciano, en un intento desesperado por mantener las puertas abiertas durante la crisis económica, había pedido un préstamo a una entidad financiera privada con intereses leon

Era Ernesto, el único voluntario que quedaba despu

nuevo -dijo Ernesto, evitando mirarla a

ndo, apoyando la frente con

a recepción, Ernesto. T

ados, vio a una mujer de veinticuatro años que parecía haber envejecido una década en seis meses. Su cabello castaño estaba r

trado un hogar a lo largo de los años. Allí, rodeado de jaulas vacías y sacos de pienso a med

oj de oro-. Soy el representante de Vortex Holdings.

para ocultar el temblor de sus manos-. Pero aú

eno-. Usted no tiene el dinero. Mañana a las cinco de la tarde, este lugar será clausurado. Los animales que no sean trasladados a r

al frente-. ¡Son seres vivos! Bruno tiene trece años, nadie lo va a

. No haga esto más difícil para usted. Si coopera con el tasador hoy, podríamos cons

mando notas sobre el valor del suelo, ignorando los la

esitaba dos millones para la deuda y al menos ocho más para asegurar que el refugio no volviera a caer en esta situación; para contratar veter

sación con su amiga Sara, una periodi

aprieto. La junta directiva de su imperio quiere destituirlo porque lo consideran un ermitaño antisocial. Dicen que un CEO que nunca

bo de la Calle 50", un hombre frío, despiadado y, según los rumores, peligroso. No e

trasera. Era un recordatorio de que ella no estaba luchando p

irando la foto de su abuelo sobre el mostrado

ra y buscó su único traje formal, un conjunto azul marino que guardaba para ocasiones especiales. S

ca sonreía y que poseía una fuerza física intimidante. No sabía que el hombre no solo era un tiburón en los

e y miró por última vez el cartel que colgaba en la entr

del autobús que la llevaría directo al centro financiero, al

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