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Atada al Alfa: El Contrato de Sangre

Capítulo 4 La Mudanza

Palabras:1076    |    Actualizado en: Hoy, a las 08:57

una sentía en el pecho. A las seis en punto, tal como Ian había advertido, un sedán negro de cristales blindados s

n una sabiduría triste- que volvería pronto, que ahora tendría los mejores médicos y que el refugio estaba a sal

coche de lujo-. Un contrato de consultoría para Industrias Sterling

dole un abrazo rápido-. Cuida de ellos. El primer camión con suministro

ilitar llamado Silas, le abrió la puerta sin mediar palabra. Su mirada era analítica, casi animal,

aleza d

más empinadas y los bosques más densos. Finalmente, llegaron a una muralla de piedra cubierta de hiedra o

ales de vidrio oscuro, la mansión parecía emerger de la montaña misma. El bosque la rodeaba de for

s, bajando su equipaje-. El señor Sterl

era de piedra caldeada, y en el centro del gran salón, una chimenea inmensa ardía

CEO y más un habitante del bosque. Al verla entrar, su postura se tensó visiblemente. Sus ojos grises rec

resonó en el salón vacío-. Silas

, mirando las vigas de madera oscura d

, la seguridad es lo único que importa. Sígame. Deb

orio M

La mansión parecía un laberinto de pasillos silenciosos. Ian

onexión directa por video con las cámaras del refugio para q

de seda y un balcón que daba directamente al bosque. Pero lo que llamó

eso? -preguntó e

e incomodidad cruzó su rostro antes

studio privado. Y a través de

mi habitación está conectada con la suya? El c

ncia hasta que Luna pudo sentir el calor

jó la voz, y Luna notó que sus ojos se oscurecían- ...si algo ocurriera, si alguien intentara entrar en esta casa

strar a una repostera -intentó

o sobre el marco de la puerta, justo por encima de la cabeza de Luna. Ella pudo ver los vellos de sus brazos erizarse-. Mantenga esa puerta ce

anterior pulsaba en su palma. Podía sentir el latido del coraz

dos de la tarde. Tenemos una cena con el presidente de la junta directiva es

ueña puerta lateral y probó el pomo. Estaba cerrada, tal como él dijo. Pero al pegar el oído a la madera, juró escuchar algo que la dejó helad

cababa de mudarse a la guarida de un hombre que la vigilaba a través de las paredes y cuya

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