Bajo el Dominio del Alfa
estido en madera de ébano y espejos ahumados, parecía hacerse más pequeño con cada piso que subían. Damián no había sol
el uniforme de servicio manchado, de pie junto a un hombre que parecía un dio
me está asustando -logró artic
como un gruñido contenido. Cuando el ascensor llegó al ático y las puertas se deslizaron, la arrastró hacia una oficina que parecía sacada de una película dela pesada puerta de doble hoja con un pestillo elec
de de un imponente escritorio de mármol negro-. No puede sacarme de una fiesta así. No puede de
a mitad de su rostro, dejando la otra mitad en sombras. Sus ojos ya no eran cafés
e Valentina sentía en la boca del estómago-. Podría comprar ca
cuperando una pizca de la valentina que le había perm
rio, a ambos lados de las caderas de la joven, atrapándola. El aroma a vainilla y lluvia que emanaba de ella se volvió más intenso con el miedo,
ndose tanto que sus frentes casi se tocaban-. Eres
unció el ceñ
do? ¿Es alguna clase de térmi
risa seca, sin
que soy, ¿verdad? Miras este edificio, este traje, y ves a un CEO. Pero lo que
de desagrado casi imperceptible, pero lo que ocurrió a continuación la dejó sin aliento. Él presionó la punta del metal cona -o
a cerrarse. La piel se estiró, las fibras se tejieron solas y en menos de ci
uvo del escritorio para no caer, el corazón martill
sted? -preguntó c
tre ellos-. Y tú, Valentina Ferrer, has nacido para ser mi Luna. No importa cuánto corras, no importa cuánto
, una parte de ella -una parte que no conocía- quería inclinarse hacia él
o rodearlo, pero él la sujetó por la cintura,
es aquí. En mi casa. Bajo mi protección. Otros de mi especie ya han olido tu despertar, Valentina. Si sa
jaula de cristal a cincuenta pisos de altura, con un hombre que decía ser un monstru